La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 1999

    "TRABAJO VIRTUAL"
    (o "El chichi de la Bernarda")

  • Leíamos días atrás en la prensa que un juez de lo Social denegaba la invalidez absoluta a una trabajadora del hogar porque -según él- las tareas que venía desempeñando no requieren “esfuerzos u otra actividad exigente”. Y entre los considerandos, “que los aparatos electrodomésticos simplifican grandemente la labor”.

    O sea, que los trabajos que realiza una trabajadora del hogar o un ama de casa cualquiera, según su Señoría, no se pueden considerar “trabajos”, toda vez que se ven facilitados y suavizados por las máquinas domesticas.

    Esta inteligentísima conclusión, no cabe duda, tiene que ser el fruto de muchas horas de reflexión -naturalmente, de una mente privilegiada- cavilando sobre kilopondios, ergios, dinas, julios, kilográmetros, etc. (aplicados sin ningún error según el sistema empleado), midiendo fuerzas y movimientos, las variaciones de la energía cinética del cuerpo (según el teorema de las fuerzas vivas), restando las posibles inercias perpendiculares al corrimiento del cuerpo y, lógicamente, conjugando también todas las posibilidades e hipótesis que se definen en el llamado principio de los trabajos virtuales.

    Que no es moco de pavo, oigan. Y lo jodido del caso es que no se le puede negar la razón. Efectivamente, las tareas que desempeñan las amas de casa, o las empleadas del hogar “no requieren esfuerzos de ningún tipo”, porque para eso están la lavadora, el lavavajillas, la fregona automática, la aspiradora, la batidora multiuso, la secadora, el mando a distancia, el rotaflex, el magic-man, etc., o, lo último, oigan, la más alta tecnología de vanguardia aplicada a las rutinas cotidianas: el “ass quick cleaning”, un sofisticado sistema de water-bidet que, al terminar, limpia, enjabona, enjuaga y seca, tanto el culete más recalcitrante como el chichi de las damas.

    Y, claro, si todo el trabajo de la casa lo hacen las máquinas, a ver qué coño quiere que le den la interfecta pedidora de invalideces.

    Claro que, por esa regla de tres había que reclasificar como “no trabajadores” a todos los que emplean su tiempo en estar sentado en un despacho, tecleando complejidades ante un ordenador, vendiendo botones o gafas en un mostrador, extirpando quistes malignos en pleuras ajenas, proyectando carreteras o edificios sin salir de casa, arreglando relojes o videos con láser, tonteando entre automatismos en centrales eléctricas... y un largo etcétera que abarcaría el 99 % de las profesiones. Incluido lo de dictar sentencias tan difíciles y complicadas como la que comentamos.

    Con esa justísima fórmula para ponderar lo que es y no es trabajo, sólo quedaría como trabajador el minero que saca carbón en una mina.

    Que es, precisamente, donde yo mandaba a tanto hijo de puta, Señoría.







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