La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2001

    ¿GRANDES HOMBRES...?

  • Dentro de las enseñanzas que hemos recibido -pienso que todos los chavales del mundo- ha habido siempre un capítulo de excepcional importancia: la Historia. En ella se nos ha mostrado a unos grandes personajes, generalmente, reyes, emperadores, faraones, príncipes, condes, duques, generales, etc., que eran grandes personajes por sus grandes hazañas, es decir, sus grandes conquistas.

    Así, desde Menes hasta Darío III, pasando por Keop, Kefrén, Ramsés II, Artajerjes, el babilonio Nabucodonosor, los macedonios Filipo y el gran Alejandro, los troyanos Eneas y Ascanio, los persas Ciro y Darío, los cartagineses Amílcar Barca y su célebre hijo Aníbal, los romanos César y Augusto... Y un largo etcétera que, sin olvidar a Gengis Kan, nos llevaría hasta, posiblemente, el último gran conquistador, el emperador de emperadores, el Ave Fénix de la Imperial Francia y, dueño -como tantos otros, a medias con Dios-, de más de la mitad del orbe conocido.

    Los méritos de todos estos grandes personajes, por extraño que nos parezca, y por mucho que nos cueste admitirlo, no fueron otros que hacer uso y abuso de fuerza y poder, el robo y la rapiña, usurpar y quedarse con lo que era de otros, o, dicho más técnicamente, conseguir reunir a una pandilla de chusmas a caballo y adentrarse en territorios ajenos cortándole el pescuezo a todo bicho viviente, a todo el que no doblara la rodilla, acatara sus órdenes y les entregara bienes, tierras y tributos.

    De esto sabemos bastante los españoles. Sólo hace falta rememorar, así por encima, las grandes hazañas de nuestros conquistadores en el Nuevo Mundo. Aquellas tierras, donde vivían cómoda y tranquilamente sus propietarios, se vieron de pronto invadidas por unos extraños seres, con una cruz en una mano y la espada en la otra, que les obligaron, por las buenas o por las malas (o sin ninguna de las dos: que le pregunten a Atahualpa), a prosternarse ante sus divinos emblemas y a acatar cuanto dijesen. Claro que los «buenos» también se daban caña entre ellos mismos. Recuerden la lucha por la mayor tajada entre Pizarro y Almagro, por la que este último perdió -literalmente- la cabeza.

    Pero no pararía aquí la cosa: a los incas, aztecas, toltecas, etc., les seguirían los pies negros, cherokees, apaches, siouxs, etc., que habitaban aquellas grandes praderas y fértiles valles. Apenas quedó alguno para contarlo. Léalo. En la Historia...

    Hoy, año 2001, sigue ocurriendo exactamente lo mismo, sólo que de maneras mucho más refinadas y sutiles. El afán de conquista sigue, y los hombre nos seguimos conquistando y reconquistando cada día. Por ello sólo puedo dolerme de las barbaries, terribles barbaries, que seguimos haciendo cada día los humanos.







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