La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2003

    Reflexión sobre el horror

  • En estos días de enero del año 2003, comienzos de un siglo nuevo y, necesariamente, renovador para el colectivo de los seres más inteligentes de la creación (o del planeta, o del universo, como guste), son muchos los ciudadanos de todo el mundo que salen a las calles a manifestar su completo desacuerdo contra la continuidad de la barbarie.

    ¿Llevan razón o son simples pazguatos e indoctos meapilas que no tienen ni idea de las poderosísimas razones que impulsan a los gobiernos -quiero decir a los gobernantes- a hacer lo que haga falta allí donde sea necesario "por el bien de su pueblo". En este caso, de lo que se trata es de una guerra, o sea, de miles de muertos, heridos y desaparecidos, de sangre y dolor, de terror llenándolo todo, de una guerra anunciada a los cuatro vientos por una de las naciones más poderosas de la Tierra contra un país que, según lo argumentado por los que se erigen en "ejército de salvación del mundo", está gobernado por una especie de demonio, con la total aquiescencia de sus habitantes -o llamémosle mejor, súbditos-, y es el más terrible y peligroso del por ellos denominado "Eje del mal".

    La ONU, que se creó para regular las diferencias y contribuir a la cooperación social, económica y cultural de los pueblos (esa era la idea), aunque son muchos los países adheridos (prácticamente todos), y hay entre ellos unos cuantos poderosos -de segundo orden- que se reservan sitio de honor en sus mesas-, nos demuestra una vez más que sus resoluciones son como son, o sea, "de obligado cumplimiento para todos", excepto, como es lógico, para el Tío Sam, padre putativo de la criatura e incontrovertible dueño y valedor de la misma.

    Afortunadamente, hay naciones como Alemania y Francia -y algunas otras- cuyos gobernantes parecen gozar, además de una mayor autonomía respecto a los omnipotentes señores dueños de todo lo habido y por haber (léase Banca y otros trust financieros), de suficiente capacidad de juicio y buena salud mental. Su oposición, o al menos su falta de acuerdo, están haciendo el milagro de que ese gigante armado hasta los dientes no esté ya dando mandobles a diestro y siniestro, cortando cabezas con turbante y clavando las barras y estrellas sobre las tierras a salvar para la justa causa del mundo y Occidente (más tarde vendrá lo de enchufar la manguera).

    Los poderes fácticos y el interés general se alían (presuntamente) para crear argumentos. Hecho esto, sólo queda buscar objetivos y pasar a la acción tras decir con voz vehemente: "El fin justifica los medios".

    Abominables y terribles palabras en boca de un gobernante o de cualquiera que tenga poder sobre algo o alguien. El "fin" que se alega -aunque fuera noble- puede contener equívocos, no ser el más honesto, estar viciado por mil patrañas y subterfugios o, simplemente, ocultar propios y bastardos intereses. Aún así, "colado" el argumento y predicado a las masas como evangelio (una mentira repetida mil veces deja de ser mentira), sólo queda lo otro, lo de ratatatatatatá, apartar los cadáveres, izar los colores al asta y montarse a caballo para el victorioso paseo por las tierras conquistadas. Y tal día hizo un año...

    Entiendo que habrá intereses sociales a los que unos hayan de renunciar en bien de la comunidad. Entiendo que los gobernantes se tropezarán en su ejercicio con dilemas de difícil resolución. Entiendo que habrá cosas inentendibles, bolas imposibles de tragar, conflictos donde no hay solución, acciones necesarias donde se le vendan los ojos a la conciencia o no hay tal, problemas con los que preferirían estar delante del miura que mató a Manolete... Pero hay cosas que no admiten justificación. Una de ellas, la más importante con diferencia de todas las demás, es la de quitarle la vida a los semejantes. Y en este caso, a personas inocentes, a millares de hombres, mujeres y niños que maldita la culpa que tienen de que sus gobernantes sean unos hijos de puta (dicho con todas las letras) a los que sólo les importan su propio bienestar.

    Entiendo que hay intereses. Entiendo que para que unos vivamos bien otros tienen que apechugar con las miserias. Entiendo, incluso, que sobre gente (pobre) y que cuanto menos seamos a más cabremos. Entiendo casi todo... Pero, no lo comparto.

    Métame entre los pazguatos y meapilas, omnipotente señor. Inclúyame entre esos cuantos miles de millones de personas, indoctas, simples e ignorantes, que se manifiestan en contra de sus ideas, egregio adalid de Occidente, pero, por favor, no me mate a mis hermanos de Irak por unos malditos pozos de petróleo.

    No me haga sentir -una vez más- la vergüenza de tener que llamarme humano.







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