La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2003

    ENTRE LÁGRIMAS, UNA SONRISA

  • El Secretario General de la Naciones Unidas -de forma privada- le inquiere al Secretario de Defensa de los EE.UU., Donald Rumsfeld:

    -Oye, Don... ¿Tenéis pruebas concretas de que Irak posee armas de destrucción masiva?

    Y Rumsfeld, en voz baja, asintiendo con la cabeza y mirándole por encima de las gafas, le contesta:

    -Naturalmente. Conservamos todos los recibos...

    Chistes como éste vienen a poner una nota de humor ante los ojos doloridos de todos los que abogamos por la total erradicación de la bestialidad en los humanos. Pero me temo que quizás no consigan el objetivo de despertar una sonrisa en el alma magullada del lector, ...o quizás se advierta que sólo son un pretexto del que garrapatea estas líneas porque, en estos días terribles, apagada la voz por el dolor y la impotencia, no quiere seguir diciendo y denunciando lo tantas veces dicho y denunciado. No quiere porque le puede el convencimiento de que es un absurdo seguir clamando en un mundo desierto de virtudes y pergeñado a contrapelo las continuadas atrocidades de tanto hijo de puta con bastón y mando en plaza.

    Cuesta trabajo reconocer que somos -en mayor o menor medida y según el grado de virtud que el natural proceso evolutivo haya ido añadiendo o menguando en los genes de cada uno de nosotros- una tangible e innegable representación del doctor Jekill y mister Hyde. Cuesta, sin duda, reconocernos en la realidad de esta doble personalidad del hombre, pero son leyes naturales que están ahí y que se imponen constantemente en toda su cruenta realidad. Quizás deberíamos extendernos en estas consideraciones con el objetivo de probar que el ser humano ha mejorado en este aspecto y somos -siquiera ligeramente- menos animales que cuando comíamos carne cruda y habitábamos en cavernas. Pero tampoco es mi propósito mostrar aquí al rey de la creación en toda la ominosa miseria de su desnudez. Dejémoslo...

    Y al hilo del chascarrillo que servía de introito a estos pseudoliterarios incordios, no quiero dejar de referir esta trágica bufonada oída allí donde los padres de la patria gestan nuestros destinos. Es el Sr. Llamazares, don Gaspar, coordinador general de IU, el que, puesto de pie en su escaño, rojinegra pegatina en la solapa, con voz grave y toda la seriedad del mundo asomada a sus ojos, le dice -casi grita- al Sr. Presidente del Gobierno: "Sr. Aznar, pida a los EE.UU. que paren esa guerra inmediatamente."

    Quizás lo que el Sr. Llamazares pensó -y no quiso decir- era lo siguiente:

    "Sr. Aznar, dígales que no a sus amigos Bush y Blair. Póngales el botijo en el suelo y dese media vuelta..." Hubiera contabilizado más de 385 votos-carcajadas.

    Y, ahora, como las únicas armas químicas encontradas en Iraq ha sido un aparato de fly en las cocinas de palacio y seis sacos de cloro que usaba Hussein para el sudor de los pies (en tanto los camiones de la USA Force no hagan su "trabajo" para que las mismas sean "encontradas" en los lugares pertinentes), no podemos hablar del tema. Ni del mismo Sadam, que parece que no existió nunca (versiones no contrastadas aseguran que ya la CIA ha iniciado gestiones para contratar a Paco Lobatón, además de a los creadores de "¿Dónde está Willy?", para ver de rentabilizar el fenómeno). Tampoco podemos hablar de los tesoros desaparecidos en el Museo de Bagdad. Ni del fin de la guerra, porque no sabemos si ésta se puede prolongar con las dificultades del reparto. Ni de los derechos de los prisioneros de guerra, porque, al igual que en Guantánamo, EE.UU. interpreta las leyes de la Convención de Ginebra en su muy particular "al pie de la letra", es decir, tal como le sale de los cojones -dicho con perdón-.

    Y como todo cuanto ponga en estas líneas sólo servirá para que los interfectos se lo pasen por los conceptos con los que sustantivaba la aclaración anterior, contando con la anuencia y disculpas de mis pacientes lectores, tiro la pluma a un lado y dispongo un imaginario punto final... Final que, efectivamente, no lo será nunca, porque, en tanto seamos los humanos protagonistas de estas historias, la tinta seguirá corriendo por los folios en ritmo unísono con las lágrimas y la sangre.

    Nos queda la esperanza de que estas ramas que vemos crecer a nuestro lado sean un poco mejores.








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