La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2004

    DE NUEVO LOS TAMBORES

  • Todavía no hacen mucho ruido -no han desempaquetado los aperos y herramientas y se han puesto a "trabajar", vamos-, pero ya se va advirtiendo por corrillos y mentideros que tenemos de nuevo elecciones a la vuelta de la esquina.

    Vuelven de nuevo las vestimentas informales y campechanas -zamarras y pantalones de mercadillo como las de cualquier hijo de vecino, oiga-, las anchas sonrisas, las actitudes bonachonas y las manos prestas a estrechar las de tenderos y verduleras para, cada uno a su manera, trasmitirnos su disposición, altruismo, capacidad de entrega e interés y preocupación por resolver todos y cada uno de nuestros problemas. O dicho en castizo, tratar de vendernos la burra.

    En breve tendremos las calles alegremente empercochadas con multitud de pancartas y cartelones a todo color en los que, candidatos y candidatas, en unas magníficas fotografías luciendo la mejor y más beatífica de sus sonrisas, nos dirán, prometerán y requetejurarán a "todos y todas", claro, que son los mejores, los más honrados y capaces y los únicos que pueden terminar con todas nuestras cuitas en cuanto se suban al pescante y cojan las riendas del carro patrio.

    Y, ya mismo, casi sobre la marcha, tendremos ahí los grandes mítines y actos públicos en estadios y cosos taurinos, en donde, arropados por una ingente y abigarrada multitud de forofos de cada una de las siglas y partidos, una selecta terna de cabecillas entronizarán al principal de ellos para que, subido al púlpito y micrófono en mano, nos muestre sus poderes, nos prometa el oro y el moro y, principalmente -aquí radica buena parte de la magia del espectáculo-, ponga a parir a los candidatos de los demás partidos tildándolos, cuando menos, de embusteros, chapuzas, incapaces y papafritas.

    Difícil y sacrificado trabajo el de los políticos... (no se me ría, hombre, que es verdad). Han de sacrificar sus brillantes y bien remuneradas actividades y profesiones (en su mayoría abogados, profesores y ex seminaristas, si bien, también encontramos algún ex vendedor de platos o libros a domicilio y comerciales de variado pelaje) en aras de ese gran amor que sienten por sus semejantes. Ahí es nada. Renuncia explícita y total a sus juveniles vocaciones, a lo conseguido en noches y más noches rompiendo codos con los cálculos de probabilidades o el derecho romano para, así, en clara demostración de total altruismo, dejarlo todo para dedicarse a resolverle la vida a los demás.

    Y no sólo sacrifican vocaciones y bien ganados puestos profesionales, sino que, fieles a la filosofía de que un político se debe a su partido, y que éste es lo primero por encima de cualquier otra consideración, han de renunciar a la tranquilidad de una vida normal y hogareña, a amigos y relaciones convencionales, e incluso, si es necesario, al alejamiento del cónyuge y de los hijos y de la casa y del suelo que les vio nacer...

    La vida de un político es un continuado sacrificio que... ¡Vaya, otra vez con la risa! ¿Pero que se ha creído, hombre? Le estoy hablando la verdad, lo que es fácilmente advertible en la vida de un honrado y probo ciudadano que decide abrazar la política y dedicar sus esfuerzos a mejorar la vida de los demás y...

    Bueno, si sigue con las carcajadas lo dejo, joé, que está uno poniendo en el papel el producto de hondas reflexiones y me estás haciendo el caso del culo... Hip... ¡Vaya, ahora me entra hipo... Creo que este segundo whisky me ha caído mal... Bueno, lo dejo, pero que conste que no es porque te estés riendo ni porque yo esté diciendo pamplinas, sino porque ya se me ha acabado la hoja, ¿estamos?






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