La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2004

    La vida sigue...

  • La vida sigue... Claro, y además, como siempre. Quiero decir que no ha variado un ápice desde el principio de los tiempos, cuando los primeros homínidos recorrían trochas y baldíos estaca en ristre a la búsqueda de todo cuanto pudiera servirle para mejorar el statu quo.

    Ya entonces, aunque apenas habían aprendido a echar los primeros pasos como Dios manda, es decir, erguidos y caminando sobre las patas traseras, nuestros cavernícolas antepasados sabían -a su manera- que dos y dos son cuatro, y que el que parte y reparte se lleva la mejor parte.

    ¡Que si lo sabían! Joé, lo llevaban en la sangre... Algunos, sobre todo el más forzudo y bestia del equipo -Bankelephant para los amigos-, sabía que, si de los diez conejosaurios que había cazado el grupo le daba uno a cada uno de los tres compañeros de armas, a él le quedaban siete para él solito, con lo que tenía asegurado el papeo para una semana y, además, si se terciaba, cambiarle un par de ellos al macarra del otro lado del río (Bankmammot, otro archibestia como él) por alguna de sus hembras. Y dicho y hecho: este pa ti, este pa ti y este pa ti... y estos tos pa mí. Los demás -pura chusma proletaria- se miraban entre ellos compungidos, cabizbajos, meditabundos... Pero, a ver quién tenía cojones de revelarse contra aquel jambo que le pegaba un guantazo a un tío y le arrancaba la cabeza de cuajo.

    Con el tiempo, el jambo se dio cuenta de que, si se iba a buscarse los garbanzos con la chusma, ya no le daba tiempo para tirarse la juerga con la chocholoco de Pilivixen ni para cogerle las vueltas a Bankmammot y hartarse de brevas en su higuera. Y lo peor, que no podía sentarse tranquilo al borde del arroyo y aclarar aquellas cosas que le daban vueltas por el meollo, cosas que él sabía que eran buenas para todos -sobre todo, para él-, por ejemplo, lo de...

    Y fue entonces que cogió a Governwolf -otro macarrilla como él, pero de medio pelo- le dio una de sus mejores trancas y le ordenó que le llevara el mando, el orden, las cuentas y los repartos de cuanto trincara su pandilla. "Y ya sabes... la mitad es mía y la otra mitad pa ustedes. Ya tú te encargas de hacer el reparto como te salga de los cataplines... Y ¡ojo!, estamos..." -le dijo señalando la tranca.

    Éxito total... Y, al poco, Governwolf -amplio de poderes y consolidado ya como mano derecha del baranda- hizo a su vez otro tanto y delegó algunas funciones entre sus más fieles. A Treasurylinx lo nombró preboste de cuentas y saqueos, a Defensetiger, caporal de trancas y operaciones, a Justicemole, jerifalte de orden, garrote vil y mangoneos varios... Etcétera.

    Mientras tanto, el chusmerío, diseminado a lo largo y ancho de su rupestre paleogeografía, pero muy unidos -y fieles y sumisos a su bandera, grupo y tranca cada uno de ellos- seguía multiplicándose y aportando pequeños y fidelísimos cipotes -chusmocontribuyentes, en gr. ant.- al censo de cada una de las novísimas y cuaternarias chusmosociedades. A estas alturas fue cuando, el de arriba, viendo que su último invento no era todo lo bueno que esperaba (seguramente que el muy puñetero del "Luci" le había adulterado el barro -pensó-), cogió el almanaque, pintó de colorado la fecha, recogió las herramientas y, tras decir "Bueno, ya hoy es domingo...", se metió una buena ducha, se tumbó a la pata la llana en el celestial diván y tararí que te vi. Y hasta hoy...

    Pues, como les decía, la vida sigue... ¿Igual? Bueno, no totalmente... Por ejemplo, a Bankelephant, a Bankmammot o a Bankleo (este último, de una caterva más al norte), les han sucedido los Bankvulture, Bankvampire o Bankhyena (algunos de los hijos que tuvieron con la Pili y con las amigas de la Pili), más finos de coco y más capaces ellos. Y a sus lugartenientes, sus más próximos y fieles vasallos, tres cuartos de lo mismo...

    En fin, que para qué seguir, si ya la imaginación -¡fantasioso!- le está haciendo ver cosas donde no las hay. La vida sigue igual, claro: un montón de cipotes -o chusmocontribuyentes, como Vd. quiera, ya que entiende el griego- dejándose los sudores, las horas y la vida en los tajos, para que cuatro hijos de Pili de cultivado intelecto tengan tiempo para inventarse fórmulas matemáticas e ingeniería financiera, cuidarse el ombligo, arrimarle pelo a lo de más abajo e ir a comerse las brevas a la higuera del vecino.

    ¿Me he explicado bien, chusmocolega?







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