La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2004

    Terrorismos

  • El término terrorismo (aunque en el título vean un significativo plural) comienza a popularizarse a finales del siglo XIX -principalmente por las prácticas de ciertos sectores del populismo ruso y algunos grupos anarquistas-, y, aunque hoy en día es usado y aplicado por algunos estados según convenga a sus intereses, en su origen era referido a determinadas acciones violentas de intencionalidad política.

    Abundando un poco más sobre el sentido del término, leo en algún sitio que podemos entender por terrorismo "el propósito de matar y destruir indistintamente personas y bienes mediante el uso del terror con una intención ideológica totalitaria. Esta violencia criminal indiscriminada procura, generalmente, un efecto mucho mayor que el mal directamente causado mediante una amenaza dirigida a toda la sociedad. Así, las acciones terroristas no se refieren sólo a un acto o a algunas acciones aisladas, sino a toda una compleja estrategia puesta al servicio de un fin ideológico."

    También existe el llamado “terrorismo de baja intensidad”, como el llamado "kale borroka" del País Vasco y otros, donde se queman vehículos, se destruye mobiliario o elementos del patrimonio común, se perturba la paz y normalidad de los ciudadanos y se amenaza su seguridad y libertad.

    Estas acciones, tanto unas como otras, que de ninguna manera quiero -ni se pueden- justificar-, están ahí y hay que contemplarlas como una especie de fenómeno que devienen de las circunstancias de los nuevos tiempos. Y, como las hay para todos los gustos, vienen acompañadas cada una con sus particulares justificaciones. De ellas, aunque abundan las que argumentan reivindicaciones territoriales u otras razones de origen político, las más poderosas -las más capaces de causar daños-, parecen venir amparadas por motivos religiosos y diferencias culturales. De ahí las calificaciones de "demonio" y enemigo de Alá al presidente Bush y la consideración de tierra del mal y del pecado a todos los países de Occidente, incluido España.

    Estas últimas argumentaciones, por sí solas y como tal, no admiten la menor consideración. La religión, sin duda, condiciona mucho, pero lo que subyace, lo que realmente mueve a los reivindicadores de observancias religiosas (y a los que les mueven las cuerdas) no es otra cosa que el afán de conquista de siempre del hombre, su codicia de poder y el ansia de imponer criterios y convicciones. Baste decir como ejemplo, que cualquier religión -incluso filosofías-, como todos bien sabemos, tiene como esencia el compartir, la fraternidad y la igualdad entre semejantes, jamás la violencia o la infamia ni quitarle la vida a nadie. En la práctica, ni el más puro y convencido de los adeptos o confesos de cualquier religión -salvo lógicas excepciones- cumple estas fundamentales prédicas. Por ende, seguimos siendo los mismos seres avariciosos y egoístas que, hoy como ayer, tratan de imponer sus criterios por la fuerza o matan a su vecino para quedarse con sus posesiones.

    Abundando en el tema, quiero referir que lo que me resulta increíble e imposible de comprender es cómo una persona (aún contemplando las diferencias étnicas, religiosas y culturales) puede rodear su pecho con diez kilos de explosivos e irse tan alegremente a tomar por saco llevándose con ella a un montón de semejantes. O prepararse para piloto -lo que implica un coeficiente intelectual a considerar- y tomar los mandos de una aeronave de pasajeros y estrellarla contra el WTC. A simple vista parecen auténticos santos capaces de sacrificar su vida por los demás, por su religión, su fe... pero, observen el brutal choque con lo apuntado en el párrafo anterior.

    En cambio -y lo apunto por su paralelismo en cuanto a violencias- sí puedo entender que algunos cientos o miles de personas con monos de trabajo me rompan varias farolas para atravesarlas en la vía, que le metan fuego a varios contenedores y neumáticos para cortar el tráfico, que griten hasta desgañitarse delante de las filas de coches parados, jodiéndoles la vida a otros como ellos que iban a sus obligaciones, porque... -sin que esté de acuerdo- ¿a ver qué coño haces cuando la incompetencia, desidia y falta de interés de los gobernantes (por no aplicarle adjetivos más contundentes) hacen que tu puesto de trabajo se vaya al cuerno? ¿A ver qué haces y cómo te las arreglas cuando lo que está en juego es el pan de los niños?

    Cualquier forma de terrorismo, o como se le quiera llamar a estas guerras de nuevo cuño, son injustificables. Sin embargo, en casi todas ellas se aprecia que no son sino una -más o menos lógica- reacción a una acción previa en la que, generalmente, se han conculcado, anulados o dejados de contemplar determinados derechos de ciertos individuos por parte de otros.

    Por ello, de todos los terrorismos, los que más terror me causan son los que se gestan, se firman y se ordenan en ciertas trastiendas de manicomios con apariencia de grandes y lujosos despachos y que suelen estar habitados por individuos muy bien trajeados y con mucho mando en plaza.

    Ahí es donde verdaderamente nacen los tres mil distintos conceptos que hoy suelen denominarse con el tan vapuleado y socorrido término.






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