La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2005

    VIVIENDA, IGUAL A LOCURA

  • En un principio, la impresión que da el asunto es la de que estamos todos locos de remate. No, no se me asusten que ahora les cuento...

    Veamos primero -para ir entrando en materia- a ese ya incontable número de Agencias Inmobiliarias que encontramos por doquier. Decenas, cientos o miles de ellas en cada villorrio, pueblo o ciudad. Cada día, a cada paso, allá a donde quiera que dirijamos la vista vemos alguna oficina de nuevo cuño en cuyos escaparates figuran los clásicos cartelitos de fotos de fachadas e interiores y cifras con muchos ceros en los que pregonan sus mercancías.

    Sabemos que, desde siempre, el asunto de la vivienda ha sido un pedazo de negocio para las constructoras, las promotoras inmobiliarias y, sobre todo, para los Bancos, sin olvidar, naturalmente, a los diversos especuladores de suelo, entre los que encontramos a los propios ayuntamientos, organismos en los que ha habido muchos alcaldes y delegados de Urbanismo -"la perita en dulce" de todo Cabildo- que, entre recalificaciones y otros chanchullos, en los cuatro días que les ha durado el chollo han hecho su agosto.

    Pero, la cosa es que el asunto -con superior permiso de la autoridad- se sale de madre. Miramos los precios de las viviendas y vemos -sorprendidos e indignados- cómo, en los pocos años que llevamos con la actual moneda, los mismos se han transformados en cifras aumentadas un 60 ó 70 por ciento e incluso dobladas. En los primeros tiempos de la transición de la peseta al euro, era, sin duda, previsible un cierto aumento por una mayor demanda -el dinero negro tenía que aflorar-, pero pasados tres años de la finalización de los plazos legales para el cambio de pesetas a euros y finiquitado ya todo el evento, era poco imaginable que la cosa continuara de la manera que todos estamos viendo y padeciendo. Pero ese fue el punto de partida...

    ¿Un culpable de esta situación? No, no hay un solo culpable sino muchos, y el principal de todos, nosotros mismos. El problema parte de una de las más elementales leyes del mercado: la de la oferta y la demanda. Sigue habiendo demanda, pues ahí están los de siempre, los intermediarios -digamos Bancos, ayuntamientos, agentes inmobiliarios, etc.- para explotar y aprovecharse de tan feliz coyuntura. Nos la están metiendo doblada y, jodidamente, la fila de gente con los pantalones bajados crece y crece...

    Ya apuntaba que la cosa comenzaba con el final de la peseta y la necesidad de legalizar dinero negro. Unos pocos años de fuerte demanda hace que se absorban todos los excedentes de viviendas por parte de unos clientes no habituales. La fuerte demanda comienza a revolucionar los precios. Algunos listorros se percatan y comienzan a frotarse las manos. Porque esto sigue... En los últimos tiempos -tiempos de una esplendorosa "España va bien"-, casi el cien por cien de las parejas que van a contraer matrimonio, por lo general ambos trabajando siquiera sea precariamente, lo primero que disponen en sus planes es la adquisición de una vivienda. Nada de alquiler ni de vivir con los padres ni el tan clásico partidito, accesoria o habitación en el patio de vecinos, ¡faltaría más! Los Bancos, locos por seguir haciendo lo que siempre han hecho y mejor saben hacer, venderte los duros a ocho pesetas, que acogen a los tortolitos y a sus mentores inmobiliarios con los brazos abiertos. Hipotecas a treinta años vista, sin avalistas, sin otras garantías de bienes o propiedades, sin ni siquiera unas nóminas consolidadas. Al fin y al cabo la garantía es la propia vivienda. Y, si a lo largo de los treinta años de vigencia -treinta años, ¿se imaginan?- ocurre la más que probable desgracia de que la parejita no puede hacer frente a los vencimiento, ya tenemos el cuadro perfecto para otro negocio. Ya sabe Vd. que los Bancos son niños y no entienden de problemas ajenos...

    Desgraciadamente, la cosa no tiene solución. A los gobiernos, sean del color que sean, y aunque anden por ahí con el cuento de promover los alquileres y subvencionar viviendas de treinta metros, les interesa que la cosa siga así y que haya muchos españolitos propietarios (a un dueño de casa se le tiene cogido por los cojones a todos los efectos. Piensen...). A los Bancos, otro tanto. Y no digamos de los últimos que se han subido al carro, es decir, los agentes inmobiliarios, que con la sustanciosa comisión obtenida por vender una sola casa al mes ya tienen para pagar las rentas de sus impecables y bien situadas oficinas, el sueldo de la secretaria, las comisioncillas de los dos o tres "correcaminos" (gente joven que enseñan las fincas o van por ahí de casa en casa preguntando a cada vecino "si es ahí donde venden el piso") y aún le quedan unos miles de euros para engrosar la cuenta corriente. Y claro, para estos -y para todos- el negocio es mucho mejor negocio si la vivienda, en lugar de los 90.000 euros que costaba ayer por la mañana, se vende en los 180.000 que van a pagar la parejita que van a verla esta tarde, ¿entienden?

    Todo lícito, todo correcto, todo legal (aparentemente), pero estamos asistiendo a la primera locura colectiva del siglo. Una locura que, a no dudar, nos presentará facturas en unos pocos años. A todos. Y a ésta le seguirán otras, que no les quepan dudas... Allí donde huela a sangre -dinero-, allí estarán los buitres que se alimentan y viven de ello, de aquí y de la otra parte del charco.

    Esconda cuanto pueda el culo y... que Dios nos coja confesados.







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