La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2007

    ¿ALIMENTOS O VENENOS?

  • Un problema que cada día preocupa más a los españoles -sobre todo a los que vamos dejando atrás los inocentes colorines de la juventud- es ese cúmulo de enfermedades y dolencias de todo tipo, nuevas en su mayoría y sin tratamientos que las cure de manera definitiva, que nos van afectando y a las que los médicos y científicos del gremio explican con poco más que un encogimiento de hombros.

    Afortunadamente, gracias a unos pocos investigadores de reconocida valía y pundonor, que, buscando tan solo el bien de sus semejantes, han sido capaces de mantenerse al margen de los Gobiernos y la gran industria farmacéutica, y la, aún muy escasa pero valiosa, ayuda divulgadora de unos pocos medios y personas comprometidos con la misma idea, vamos teniendo una más clara conciencia -y la casi total certeza- de que los venenos nos llegan por el pico. Por eso se imponen las siguientes preguntas:

    ¿Sabemos qué es lo que comemos? ¿Los productos alimentarios que nos ofrece el mercado están exentos de toda nocividad? ¿Son ciertas todas las virtudes y beneficios para nuestra salud que nos prometen los fabricantes en su publicidad? ¿Podemos confiar plenamente en una total eficiencia, certeza y honradez de los responsables de la seguridad sanitaria de los alimentos? Y a esto, en honor a la verdad, habría que añadirle: ¿Tenemos conciencia de cómo y qué es una dieta sana y equilibrada? ¿Sabemos elegir y preparar los alimentos de manera óptima? 

    Estoy seguro de que la mayoría de los lectores estarán de acuerdo conmigo en que la respuesta a todas estas preguntas es un NO. Que desconocemos lo que nos llevamos a la boca cada día, que hay mucha patraña y superchería en todas esas bondades que nos ofrecen la mayoría de los fabricantes y que nadie podría estar seguro de que uno o más de los encargados de analizar o autorizar determinados aditivos o prácticas de manipulado y fabricación sean, cuando no simples indolentes, infiltrados de cualquiera de las grandes empresas químicas o farmacéuticas (por poner un ejemplo). Y al añadido -si hemos de ser sinceros- que bien pocos de nosotros, encargados/as de los fogones y la manduca diaria en nuestras casas, tenemos un perfecto conocimiento (ni la información suficiente) sobre los diversos alimentos y la forma correcta de prepararlos y manipularlos.

    Ciertamente, para velar por nuestra salud existen organismos nacionales, como el Ministerio de Sanidad y Consumo y sus múltiples Agencias y Direcciones Generales, otros a nivel europeo, como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), o internacionales como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismos que, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, mantienen el Codex Alimentarius, un útil instrumento creado en 1963 para desarrollar normas alimentarias, reglamentos y textos relacionados. Aparentemente hay un control de todo cuanto en alimentación, sea de origen animal, vegetal o químico se pone a la venta para su consumo, sin embargo, y a la vista de que las enfermedades y dolencias cada vez son más numerosas e imprecisas en sus etiologías (no se conocen las causas), tenemos que convenir que algo falla.

    En mi opinión, no sólo son los innumerables productos alimenticios que nos llegan adulterados o fabricados sin cumplir las normas sanitarias (podemos entender que sería imposible analizar cada yogur, cada botella de aceite o cada pollo que se vende en el mercado), sino, también, los que gozan de cierta seguridad (y de nuestra confianza, por venir de empresas muy reconocidas), productos estos que, a pesar de su "legalidad", sabemos que contienen buen número de agentes químicos -como esa larga lista de aditivos alimentarios (muchos de ellos prohibidos o en vías de prohibición)- y residuos de elementos fitosanitarios, plaguicidas y medicamentos veterinarios que adulteran o cambian sus propiedades naturales y organolépticas, amén de las múltiples manipulaciones biogenéticas o de fabricación con que nos los ponen en el mercado. Unos miligramos de hormonas aceleradoras del crecimiento -junto con residuos antibióticos- en el hermoso filete de ternera que nos comimos en el almuerzo, los restos de plaguicidas y abonos en las patatas y la ensalada, unos poquitos gramos de conservantes y estabilizantes en los sabrosos langostinos del segundo plato, unos flecos de productos para el madurado del kiwi y las fresas con nata y otros pocos gramitos de colorantes, saborizantes, edulcorantes "y otros antes" en la misma nata y en el yogur con que rematamos nuestro sano condumio. Si le sumamos los del refinado del aceite usado para freír las patatas, en la ensalada y en la plancha, y los del pan -que no son moco de pavo-, ya tenemos argumentos para explicar lo de ese malestar postprandial que nos acosa a diario recién levantados de la siesta y lo de esos dolorcitos sordos en el abdomen a los que el médico trata buenamente con algunas pastillas y más análisis. Por supuesto, cuando le diagnostiquen lo del cáncer de próstata, es que es herencia de familia...

    Si quieren saber más de dónde nos llega esa larga lista de estados patológicos y "enfermedades raras", no recurra a web como la del Ministerio de Sanidad y Consumo, porque no encontrará absolutamente nada que lo ponga en la pista adecuada (ni siquiera encontrará referencia a enfermedades tan extendidas y comunes como las Reumáticas en el apartado correspondiente), ni a las de los fabricantes de los diversos productos, porque le hablarán en exclusiva de la multitud de milagros y los kilos de salud que aportan sus alimentos. Vean webs como la de DiscoveryDSalud (2) donde encontrarán reportajes muy completos, como el del caso Bio-Bac (se asombrará de cómo mantienen oculto descubrimientos de valía para nuestra salud, y aún más de lo que leerá sobre nuestras autoridades sanitarias), o un extenso dossier sobre el cáncer en el que encontrará más asombros... y muchísimas otras cosas de esas que se mantienen ocultas porque no interesa su divulgación.

    Y, para terminar, no podía dejar de comentarles los importantísimos descubrimientos del Dr. Jean Seignalet en el campo de la alimentación y su directa relación con las nuevas enfermedades. El eminente doctor Seignalet (hematólogo, inmunólogo, biólogo, catedrático de Medicina de la Universidad de Montpellier durante muchos años y autor de más de doscientas publicaciones en prestigiosas revistas médicas) denuncia en su obra La Alimentación. La 3ª Medicina que muchas patologías y la proliferación actual de otras se debe básicamente a cinco razones: el consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche animal y sus derivados, la cocción de los alimentos, el refino de los aceites y la contaminación alimenticia con la consiguiente carencia de vitaminas y minerales. Y afirma que es el "ensuciamiento de las células" la principal causa de la mayoría de las enfermedades reumatológicas, neuropsiquiátricas y autoinmunes, además de ser el origen de más del 65% de los cánceres, entre otras patologías. "Ensuciamiento" que provoca daños en el ADN que lleva a las células a cancerizarse y que está causado principalmente por las macromoléculas bacterianas y alimentarias procedentes de la alimentación moderna, que traspasan el intestino delgado y terminan acumulándose en el organismo.

    Si quieren saber más sobre estas sorprendentes teorías y descubrimientos, véanlo en la sección de Ciencia y Salud de esta misma revista, en Alimentación y Artritis Reumatoide (artículos anteriores y siguientes), ya que, considerándolos de extraordinaria certeza e indudable interés para los lectores en general, he creído que es obligado estudiarlos, comentarlos y ponerlos a disposición de todos los que sufran algunas de las dolencias que el profesor describe o de los interesados en saber lo que come para llevar una vida más sana.

    Así que ya lo saben. Cuando quieran decir adiós a los problemas de este perro mundo, no hagan como los antiguos que se atiborraban de vitriolo o se colgaban de un ciruelo; basta con que lleguen al supermercado, llenen el carro hasta arriba de todo lo que vean -cuanto más de oferta, mejor-, y prepárense un almuerzo en el que no falte de nada. Y no se preocupe por la familia y amigos que nadie notará nada. En el certificado pondrá que ha sido por muerte natural...
     

    Nota:
    Actualmente (desde 2006 y dirigida por este autor) hay en Internet una web dedicada a la Artritis Reumatoide y patologías afines (1) donde pueden ver mucha más información y enviar sus consultas on line. Y lo mejor, curarse de su Artritis.

    (1)
    La Web de la Artritis R.
    (2)http://www.dsalud.com/






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