La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2008

    PETRÓLEO: EL CAOS QUE VIENE

  • No cabe dudas de que los problemas actuales y a corto plazo, tanto para los ciudadanos de este mundo industrializado como para los emergentes y los menos favorecidos, son muchos y se nos van mostrando cada día que pasa con más ensañamiento. En lo que respecta al plano económico, las continuadas caídas de la Bolsa, el crack de la construcción y las inmobiliarias, la escalada de los precios, el paro creciente y la minimalización de los salarios, etc., etc. -que le van quitando la careta a la recesión de la economía-, y en el social, la violencia de género, el racismo y los derivados de la inmigración, el colapso de muchos servicios sociales, el cambio climático, y el hambre y las guerras, etc., son temas que, cada vez más y en una imparable progresión, copan los titulares de la prensa diaria para ponernos la carne de gallina.

    Pero hay un problema que -a pesar de que ya nos está haciendo poner las gafas de ver de cerca a los que habitamos en este primer mundo- aún no nos ha hecho sentir en nuestras carnes morenas la terrible furia que desplegará antes y durante la larga agonía de su ya más que anunciada muerte. Como ya han adivinado, me refiero a ese preciado oro negro del que tanto se ha hablado -y se hablará- que hasta ahora ha movido el mundo. El petróleo, el más productivo elemento logrado por el hombre -siempre en manos de especuladores sin escrúpulos (entre los que se autoincluyen los gobiernos con una voraz, desmesurada e insaciable fiscalidad)- entra en su fase final subiendo su precio cada día y llevando a la ruina a toda una larga serie de profesionales con una alta dependencia de su suministro y consumo.

    Cuando comenzaron las primeras extracciones de petróleo, allá a mediados del siglo XIX, de los pozos entonces conocidos se sacaban unos 50 barriles por cada barril usado en su aprovechamiento y puesta en uso de los productos, es decir: la extracción, el transporte y el refino. Este ratio, denominado Energy Return on Energy Investment (o retorno de energía invertida), ha ido perdiendo eficiencia a lo largo del tiempo a medida que la explotación de los yacimientos los hacen cada vez más inaccesibles. Actualmente se recuperan entre uno y cinco barriles de crudo por cada barril usado en el proceso. La razón de estos rendimientos decrecientes es que, a medida que se seca un pozo, el petróleo de éste resulta más difícil de extraer. Lógicamente, la disminución de la eficiencia en la extracción seguirá hasta que, llegado un punto, por cada barril invertido en la extracción sólo se obtenga otro barril. En ese momento el petróleo ya no podrá ser usado como forma de energía primaria.

    Que el petróleo se agota es cosa conocida de todos. Ya nos lo hacía saber -en 1956, en la reunión del American Petroleum Institute en San Antonio, Texas- el experto geofísico tejano Marion King Hubbert, que creó el modelo matemático que predice el nivel de extracción del petróleo a lo largo del tiempo. La teoría del pico de Hubbert -también conocida como cenit del petróleo- es una influyente teoría acerca de la tasa de agotamiento a largo plazo del petróleo y otros combustibles fósiles. Predice que la producción mundial de petróleo llegará a su cenit y después declinará tan rápido como creció, resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico. Todas sus predicciones se han ido cumpliendo. Actualmente, la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas (ASPO), fundada por el geólogo Colin Campbell, basándose en la información actual sobre las reservas petrolíferas conocidas y sobre la tecnología disponible, predice que el pico mundial de producción sucederá en torno al año 2010. Para el gas natural el pico se retrasaría unos años más y se situaría entre el 2015 y el 2025. Los más optimistas creen que el agotamiento final de todas las reservas de petróleo conocidas -y por conocer- se producirá en la década del 2040 al 2050.

    No pretendo ser agorero (ojalá lo fuese y todo quedara en falacias de un pitoniso de la T.V.), pero los efectos que la escasez de petróleo y sus derivados producirán en la economía de todos los países será devastador. Ni siquiera podemos imaginar lo que sucederá cuando, dentro de unos pocos años, la cifra de la producción comience a decrecer. Para entonces, las actuales subidas del precio del barril de crudo, que ya en 2008 consideramos bestiales (un 89% en el último año), habrán alcanzado niveles tales que sólo los países con economías más saneadas podrán tener acceso a su compra y consumo. Las tan pregonadas energías alternativas se habrán demostrado como un parche zapatero que sólo tendrán uso y efectividad en determinadas y muy escasas áreas. Los transportes, aéreos, marítimos, ferroviarios y por carretera, estarán en plena decadencia y con precios prohibitivos para todos y casi todo. La pesca industrial habrá dejado de existir y sólo saldrán a la mar algunas embarcaciones de poco calado con poco más que unos buenos remos. La agricultura -que unirá la cada vez menor producción a la deriva de cereales y otros a la fabricación de biocombustibles- irá retornando a la pequeña huerta con sembrados familiares que pondrán los tomates y las patatas al precio de un ojo de la cara. La inflación, los precios de todo, adquirirá tal nivel que habrá que redefinir la palabra atraco para que no se use si no se efectuó con armas de fuego. En fin, para qué seguir...

    Puede que la cosa no tenga solución, pero, si hubiera una verdadera conciencia colectiva de que ocurrirá indefectiblemente, ya -empezando por los gobiernos- deberíamos estar aplicando medidas efectivas que, al menos, prorrogaran su inevitable llegada hasta, siquiera, finales de este siglo. Con cien años más por delante es posible que el hombre avanzara lo suficiente en estos campos de la Ciencia y la investigación como para evitar la hecatombe.

    Ese futuro debería pasar porque los grandes productores -y beneficiarios absolutos de las enormes cifras de dólares que genera el crudo- dedicaran una parte de sus ganancias a la investigación. Pero, me temo que no es así. Si miramos para Arabia Saudí y los emiratos del Golfo Pérsico, los mayores productores del mundo, vemos cómo dedican grandes sumas a la creación de hoteles de lujo, fastuosos complejos residenciales e islas turísticas con categoría de paraísos. Todo para los más pudientes.

    Bien mirado, no es mala previsión de futuro, porque, en realidad, éstos serán los únicos que sobrevivirán cuando a los pozos del oro negro se les vea el fondo.






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