La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • ARTÍCULOS DE OPINIÓN
    Año 2010

    EL PORQUÉ DE LA CRISIS

  • Todo el mundo habla de la extraordinaria crisis global que estamos sufriendo. Economistas, profesores de Economía, analistas financieros, periodistas, tertulianos y habladores habituales de todos los medios de comunicación, meacables radiofónicos, sindicalistas y trabajadores, parroquianos de bares y tascas, etc. Y, sobre todo, los políticos. Los unos, con sus culpas y reproches a los de enfrente, los otros con sus chisteras y varitas mágicas de cartón piedra prestas al ale hop, con sus sonrisas y decires de esto lo arreglamos y sus miedos y lágrimas de impotencia asomándoles en los temblores de las comisuras...

    Pero, nadie, absolutamente nadie, ha hablado ni habla de por qué esta crisis, de dónde ha salido, quién la ha provocado y quiénes son los culpables. ¿Acaso las lluvias torrenciales han hecho que se pierda la cosecha mundial de trigo y demás productos agrícolas? ¿Acaso los vientos huracanados han derribado las plantas petroquímicas y las centrales eléctricas de todo Occidente? ¿Acaso el tan manido cambio climático ha fundido los polos y anegado las costas de más de medio mundo?¿Acaso los cuatro jinetes del Apocalipsis a lomos de virus desconocidos han llenado de muerte las calles y acabado con media Humanidad? ¿Ha sido el azar? ¿Un gigantesco imprevisto venido de los cielos? No...

    Sabemos de la existencia de la crisis por sus extraordinarios efectos. Pero todo el mundo ha aplicado su tiempo e interés en comentar sus síntomas, en buscar pomadas y ungüentos para aliviar sus efectos, en ponerle analgésicos a los números y convencerse de que hay que apretarse el cinturón... Se ignora la ley metafísica Causa Efecto, la Reacción consecuente a una Acción de las leyes físicas. Los de abajo miran hacia los púlpitos esperando milagros y los de los púlpitos miran a los de abajo, a los de enfrente y a los de los lados encogidos los hombros y perdida la mirada en las baldosas del suelo. Impotentes, nadie se atreve a levantar la mirada hacia arriba, hacia donde habita el todopoderoso señor don dinero, y mucho menos a clamar justicia, no sea que el poderoso señor, además de haber engañado a todo bicho viviente, además de haberse quedado con todas las cosechas y todos los sudores, les mande un arcángel de espada llameante y les corte los huevos.

    Las crisis son un fenómeno económico cíclico que parece ocurrir cada 8 ó 10 años. Ese es, más o menos, el tiempo que tardan las economías en recuperarse de la anterior, en poner las cuentas con superávit y, creídos gobiernos, ahorradores y dueños de capital que el tiempo de las vacas gordas es para siempre, descuidar los mil quinientos agujeros que tienen todas las arcas en sus fondos.

    Y es entonces cuando actúan unos pocos expertos en ingeniería financiera -generalmente, de donde el Tío Sam o de la Blanca Albión-. Estos grandes de las finanzas, conchabados o con la aquiescencia de gobiernos y autoridades pertinentes (de otra forma, sería imposible), se inventan unos valores nulos, inexistentes o huérfanos de padre y garantías y, aprovechando las debilidades de los muchos Bancos y entidades financieras -grandes deudores y obligados con sus prestatarios-, los colocan a millones en el mercado. Es el caso de las subprime, las hipotecas basuras creadas en EE.UU. en los años previos a 2007, que estallaría ese año creando quiebras financieras y bancarias, desplome de las Bolsas, terror generalizado y el consecuente deterioro en las economías de casi todos los países.

    Al hilo de ello, aprovechando el río revuelto, suelen actuar los tiburones, los grandes especuladores, expertos del chanchullo y las finanzas que, con extraordinaria habilidad y sin el menor sentido de la ética, con altísimos capitales propios o ajenos (y no sé si aprovechando la ingenuidad de gobiernos y autoridades estatales ...o contando con los guiños del maestro armero), intervienen en los sistemas bursátiles -generalmente, de los países más débiles o deteriorados- causando auténticos derrumbes de divisas y economías.

    Obligado es hablar de la Agencias de Calificación de Riesgos, especie de jueces de la economía mundial que, amparados en la política de no intervencionismo de los Gobiernos en las economías de libre mercado, se encargan de calificar a su libre criterio los posibles riesgos que conllevan, no sólo acciones o valores, sino el estado económico de las más grandes empresas y las deudas soberana de todos los países. En sus actuaciones se cuentan los tratos de favor, cifras infladas, informes dudosos, etc. (el 90% de los productos financieros calificados con triple A en 2006 por una de las más grandes, la Fitch, fueron reconocidos tras el estallido como bonos basura, pero también estaban calificadas con triple A las enormes empresa Enron o Lehman Brother, quebradas, o -suena a cachondeo- las acciones del estafador Bernard Madoff). Con motivo de la actual crisis, los Presidentes de las tres agencias norteamericanas más poderosas (la Standard & Poor's, la Moody's y la Fitch), fueron obligados a comparecer ante el Congreso de los EE.UU. Se limitaron a prometer más transparencia... y ahí acabó todo. Su papel en el crecimiento o derrumbe de las economías a nivel global, demostrada como está su labor corrupta, movida por intereses y llena de engaños, no puede ser obviado por los gobiernos en razón al no intervencionismo. La actual fórmula es una clara dejación de funciones -principalmente, por los gobiernos de la UE, que ni pinchan ni cortan en ese plano- con consecuencias, como vemos, más que catastróficas. A estos energúmenos podríamos calificarlos como una especie aparte, pero carecen de la autosuficiencia logística y dineraria de los unos y los otros. Son eslabones de ambas cadenas, una simple parte -común, y quizás fundamental- del mecanismo del chanchullo de las entidades financieras y los especuladores.

    Ya tenemos el origen de las causas. Grandes entidades financieras -con cobertura mundial y muy poca vergüenza- y grandes especuladores con vistas de linces y zarpas de tigres. ¿Son ellos los culpables? Sí, sin duda alguna. Pero no los únicos... Sin el concurso de gobiernos y autoridades financieras no sería posible. En el caso de las subprime las financieras estadounidenses contaban con todos los permisos de la administración Bush para poner en el mercado un cierto número de acciones basura. Luego, sólo quedaba multiplicarlas por cientos de miles, o millones, hacer la vista gorda y sálvese quien pueda. Ni las autoridades encargadas de la vigilancia de los valores, asuntos financieros y mercados bursátiles de cada país podían ignorar que no se estaba cumpliendo con la normativa, ni los Bancos y entidades encargadas de su colocación en el mercado -a pesar de sus calificaciones- podían alegar que desconocían las garantías reales de la basura que colocaba entre sus clientes.

    Y, como pillos redomados los hay por todas partes, y actúan buscando sus propios beneficios sin que les importe un bledo los efectos de sus pillerías, de la misma forma que los cuerpos de policías locales y nacionales mantienen el orden en las calles, es tarea de las autoridades económicas de cada país -no me aleguen lo del libre mercado y no intervencionismo- que se mantenga el orden en los sistemas financieros y económicos. Si no se cumplen las leyes por parte de quien sea, si se conculcan las normas y principios en cualquier área, la responsabilidad es de quien o quienes tienen encomendada esa tarea. Y si esa vigilancia en las áreas económico-financieras no se efectúa debidamente, la culpabilidad es de los responsables últimos, que recae en Ministros y Jefes de Gobierno.

    ¿Incompetencia?, ¿Descuido de sus obligaciones?, ¿Candidez y bisoñería por desconocimiento de los grandes poderes ocultos? Puede que un poco de todo. Pero, resulta inadmisible, puesto que es algo que se viene repitiendo a lo largo de los años en toda nuestra historia reciente. Un Jefe de Gobierno, y sus expertos y asesores, han de ser personas preparadas y responsables en todo -incluidas las áreas económicas y sus trastiendas-, no pueden alegar imprevisión o desconocimiento en el ejercicio de sus altos cargos. Y mucho menos dejarse embaucar por tahúres y trileros de las finanzas cuando está en juego la vida económica de sus países.

    Tanto Zapatero como Sarkozy, Angela Merkel, Berlusconi, José Sócrates, Karamanlis, Van Rompuy, Brian Cowen... y etc., etc., con especial mención de los ex George Bush y Gordon Brown, tanto por la ineptitud demostrada al permitir la catástrofe como por la dejación de obligaciones al no perseguir y hacer rendir cuentas a todos y cada uno de los que la inventaron, deberían entender que la existencia de la crisis es culpa y responsabilidad exclusiva de cada uno de ellos.






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