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    ACCIDENTES AÉREOS

  • Los accidentes aéreos siempre nos conmueven por su aparatosidad y porque, desgraciadamente, cada uno de ellos reporta un elevado número de victimas.

    El ocurrido -por poner un ejemplo- mediados los 90, al Boeing 747 de la TWA frente a las costas de Long Island, apenas despegar del aeropuerto J. F. Kennedy de New York, con un saldo de 230 personas muertas, me mueve a mirar este medio de transporte, por día más popular y más al alcance de todos, y su siniestrabilidad a través de los números. 

    La verdad es que los números escapan a los sentimientos. Precisamente tendríamos que pensar al contrario de como lo hacemos, si nos atenemos a las estadísticas. Para exponer los datos tomaremos como ejemplo el año 1985, año fatídico para las compañías y usuarios de este medio, que registró un alto índice de accidentes aéreos y en el que 2.129 personas perdieron la vida. 

    Esta cifra sólo puede considerarse si se establece una relación con el número de vuelos llevados a buen término en todo el mundo. El dicho año de 1985, unos 900 millones de personas tomaron un avión. Así pues, falleció un pasajero de cada casi medio millón. Los 2.129 pasajeros que perdieron la vida lo hicieron en aviones que volaron aproximadamente unas 16.500.000 horas en el tiempo de referencia. Si multiplicamos esta cifra por el total de personas embarcadas en cada aparato -pongamos una media de 100- obtenemos el número de horas de vuelo por pasajero: 1.650.000.000. Durante este tiempo murieron las 2.129 personas reseñadas, es decir, que cada 750.000 horas falleció un pasajero. 

    Según estos cálculos, un individuo tendría que permanecer más de 80 años viajando día y noche en un avión para sufrir un accidente mortal, lo que revela que se trata del medio de transporte más fiable y con mayores medidas de seguridad. En comparación, muere mucha más gente en accidentes laborales, de tráfico, al cruzar la calle o por catástrofes naturales.

    Es cierto que, según la estadística, para sufrir un accidente mortal de avión tendremos que volar durante 80 años. Pero es igual que lo que ocurre en el juego de azar: en cada despegue las cartas se barajan y reparten de nuevo. Y en el próximo vuelo, ¡quién sabe si no puede ocurrir un percance! 

    Después de una pausa en los accidentes, no es posible predecir si inmediatamente después habrá una gran cantidad de ellos, o si tras una serie de accidentes sobrevendrá una pausa.

    Tras una serie de catástrofes aéreas, como es natural, suelen adoptarse mayores medidas de seguridad. Esto hace que los números se vuelvan cada vez más favorables a los usuarios del medio. Sin embargo, ninguna mejora es suficiente para quienes tienen pánico al avión.

    Ni siquiera saber que los números -y estos no mienten- lo dan como el medio de transporte más seguro.








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