La Web de ALFONSO ESTUDILLO
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    SALUD

    ¿RESUCITAR?

  • Resucitar es volver de la muerte a la vida, algo completamente imposible hoy por hoy pese al espectacular avance de las ciencias.

    Sin embargo, y centrándonos en el ser humano, hay muchas ocasiones en que, aún existiendo la parada del corazón o el cese de la respiración, el estado de muerte no es total y definitivo.

    Podemos advertir la total ausencia de latidos cardíacos, que los pulmones han dejado de respirar, que el cuerpo permanece exánime y que no hay respuesta a ningún estímulo, síntomas que nos lleva a la conclusión de que estamos ante un cuerpo muerto. Sin embargo, y aunque no lo parezca, esa persona aún está viva; la apariencia de muerte es indudable, pero ésta aún no ha terminado su proceso. La muerte tarda un tiempo en instalarse y desplazar total y definitivamente a la vida.

    Es necesario que el S.N.C. (Sistema nervioso central) cese totalmente en su actividad, cosa que no suele ocurrir hasta que el cerebro permanece sin oxigenación durante un tiempo (no más allá de los tres minutos). Es entonces cuando deviene el cese de actividad en las células neuronales y la muerte irreversible.

    Muchas son las situaciones en la vida del hombre que nos puede poner ante la que comentamos: el infarto agudo de miocardio, la electrocución o descarga eléctrica, la inmersión en agua fría -dulce o salada-, el accidente de circulación, la obstrucción de las vías respiratorias por cuerpos extraños o por vómitos, la asfixia por humos o sustancias tóxicas, etc.

    Ante un caso de parada cardíaca o respiratoria se hace imprescindible tomar determinadas medidas para intentar resucitar ese corazón o sistema respiratorio; intentar que la sangre circule y que el oxígeno llegue de nuevo al cerebro para lograr que las delicadas células neuronales que lo componen no lleguen a morir. Es necesario tener conciencia de que la rapidez, la decisión y el manejo de las técnicas de resucitación son la clave para lograr restablecer las constantes vitales y dar tiempo para que, ya en el hospital, con técnicos cualificados, pueda continuarse el correcto tratamiento que pueda impedir la definitiva llegada de la muerte.

    La primera recomendación es la de no perder la calma, aunque esto no siempre es fácil de lograr. El momento es tan dramático que la reacción de las personas suele ser imprevisible: llantos, gritos, aspavientos, carreras... es decir, ineficacia y pérdida de tiempo. Alguien más práctico, o más osado, se abalanza sobre el paciente, le afloja la corbata, le arrea alguna bofetada bien intencionada, le echa aire con el periódico, o bien se empeña en esa obsesión de hacerle ingerir agua, cuando no coñac.

    Repito, lo primero no perder la calma. De inmediato, y si es posible, alguien debe llamar con toda urgencia a un servicio de ambulancias, al hospital más próximo o a cualquier otro sistema de ayudas propias al caso, o bien, desplazarse para buscar ayuda especializada (socorristas, médicos, enfermeros).

    Sería de extraordinaria utilidad que alguna persona presente supiera y aplicara las técnicas de reanimación y resucitación apropiadas, entre otras el masaje cardíaco y la respiración artificial. Como no todo el mundo las conoce, describiremos unas nociones básicas sobre estas técnicas. Su conocimiento nos puede hacer salvar una vida humana.

    Volvemos a recordar que lo más importante ante uno de estos casos es lograr la más pronta ayuda de personal especializado. Pero, en tanto llega esta ayuda, podemos y debemos actuar.

    Primero hemos de comprobar si existe latido cardíaco. Para ello bastará palpar una arteria importante como la carótida (que discurre por el cuello, paralela a la tráquea) o una arteria femoral (cuyo latido encontraremos fácilmente en las ingles, justo en el nacimiento de la pierna). No se debe perder el tiempo tratando de localizar el pulso de la arteria radial -en la muñeca- o de oír el corazón, porque nos robará un tiempo precioso. Si no notamos el pulso en la carótida o femoral, el primer paso diagnóstico ya esta hecho: la ausencia de pulso indica parada cardíaca y hay que actuar con la máxima rapidez.

    Mantener la circulación de la sangre es fundamental e imprescindible y, por tanto, el primer problema a solucionar. La parada del corazón hace imposible que la sangre circule; así pues, hemos de intentar sustituir la bomba o motor cardíaco por métodos externos. ¿Cómo? Muy sencillo: literalmente, a base de estrujar el corazón.

    El cuerpo del paciente debe estar situado sobre una superficie dura (el suelo o una tabla), pues sólo así lograremos que la columna vertebral quede rígida y no ceda ante la presión que vamos a realizar, como ocurriría, por ejemplo, sobre un colchón.

    Para dar el masaje hemos de adoptar una postura cómoda ya que el esfuerzo a realizar es importante; de otra manera, el cansancio nos impediría un rendimiento eficaz (el masaje puede llegar a durar veinte o más minutos, lo que es verdaderamente agotador). También hay que elegir el punto exacto donde aplicarlo -para evitar innecesarias roturas de costillas-; para ello apoyaremos el talón de una mano sobre la parte inferior del esternón -no sobre su apéndice terminal-, ayudándonos con la otra mano y dejando caer el peso del cuerpo sobre este punto sin flexionar los codos, con lo que la fuerza será mayor y menos el cansancio. Aplicaremos la fuerza a un ritmo de 60 a 70 veces por minuto, comprobando periódicamente el pulso en las carótidas. En algunas ocasiones se puede comenzar el masaje con un fuerte y seco puñetazo en el pecho, acción que podría bastar para restablecer el latido cardíaco.

    Y como de nada serviría mantener la circulación sin el aporte de oxígeno adecuado, hemos de recurrir a la respiración artificial.

    Podemos hacerlo por el sistema boca a boca. El ritmo será la cuarta parte del masaje cardíaco, unas doce insuflaciones por minuto. La cabeza del paciente debe estar flexionada hacía atrás todo cuanto sea posible para mantener la vía aérea expedita. Para facilitar la correcta aireación, sólo impulsaremos ese aire cuando no se esté presionando sobre el esternón. Es necesario, pues, acomodar el ritmo entre el que realiza el masaje y el que aplica la respiración artificial.

    Estas técnicas deberían formar parte de la educación de todos aquellos profesionales que se encuentren en trabajos de riesgo elevado, donde los accidentes pueden ser frecuentes, y, también, por qué no, de la mayoría de ciudadanos que se consideren capacitados para mantener la sangre fría necesaria en uno de esos angustiosos momentos.

    La gratificación puede ser enorme: salvar una vida humana.







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