La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • POESÍA

  • OH, ARGENTINA





    Siempre sentí mi boca llena de dulzuras
    con sólo pronunciar el alba de tu nombre,
    relumbro argénteo, celeste luz,
    divina, casi virgen
    que viene al labio con la honda voz del alma.

    Aún te veo como ayer,
    y como siempre... blanca
    como la espuma que te adorna la cintura,
    como una flor atlántica y nacárea,
    diosa océana
    que emerge hermosísima en las ondas.
    Desnuda y bella, derramada toda
    sobre los labios de cristal de tus riberas,
    infinitamente dulce, más aún, virgínea
    igual que el álbeo amanecer de tu horizonte.

    Yo estoy aquí, junto a ti, y oigo el latido
    profundo de tu vientre y de tus senos,
    te oigo toda, y te siento,
    y hasta puedo acariciar la voz de fuente
    con que llenas mi oído.
    Quisiera retenerte siempre,
    retenerme yo y atarme a tu regazo,
    a tus manos blancas,
    y mirar arriba, como un niño, y verte
    coronada de besos,
    coronada del sueño con que llego a tu frente.

    Déjame que beba los rayos celestes
    de tu sol pampeano,
    y que hunda mis manos en las aguas tibias
    de tus grandes ríos,
    Paraná, Bermejo, Paraguay, el Plata...
    hasta hallarles dentro los viejos recuerdos
    de tiempos dormidos.

    Déjame que escale tus pechos dorados,
    níveas cumbres luego,
    los Andes, Jujuy, Tucumán o Salta,
    y en ese Aconcagua que nace en tus labios
    encuentre el latido profundo
    con que te haces cielo.

    Déjame que cruce salares y punas,
    volcanes, quebradas, bañados, llanuras,
    tu inmensa cintura, tus senos y vientre,
    el perfil arcano de tu piel desnuda, Argentina,
    y encuentre caricias guardadas,
    tus besos de siempre.

    Déjame que lleve a mis ojos ávidos
    tus aires porteños,
    y oiga las notas dolientes que escapan
    de algún bandoneón,
    las viejas nostalgias criollas,
     los aires de un tango
    lunfardo y ladrillo
    que apañe las penas de mi corazón.

    Déjame, Argentina,
    déjame tenderte estos brazos, mis brazos,
    que nunca olvidaron tu amor y tus besos,
    y a través del azul de este mar que nos une
    te lleguen mis sueños, mis labios
    y el hondo suspiro que guardo en mi pecho.








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