La Web de ALFONSO ESTUDILLO
  • POESÍA

  • ORILLAS PARA UNA PLAYA SIN ORILLAS





    Había un dolor latiendo en una playa interior
    con su ácuea voz de alma por el suspiro atada,
    había una luna triste,
    apenas esbozada,
    y oscuridades gimiendo
    dormidas tras pétreos reversos de impiedad.

    El día no era, que esa playa interior,
    aún sin que la voz tremante y bíblica del ángel lo ordenara,
    amaneció sin alba, sin olas en su orilla
    y muerta, muerta toda, de su mar arrancada.

    Y ya digo, sin luna,
    sin mirada redonda que transforme la noche en edén de utopías,
    ni esperanza o verdad,
    ni alegrías...
    que un creciente es apenas esbozo de un sueño
    no promesa de labios en piedra esculpida.

    Había arriba un cielo hecho todo de sombras
    que no sé si callaba por desdén o arrogancia,
    o quizás, sólo porque también es alma
    y no sabe mentir cuando unos ojos verdes,
    no aire o luz, sino lágrima,
    de verde mar,
    de mar y lágrimas,
    lo interrogan.

    Mientras tanto, triste y jinete de un rayo postrero,
    sin saber adónde un hálito escapa,
    erigido en adiós, sin una queja,
    y sabiendo que la tierra es todavía el vientre abierto,
    de dolor abierto,
    que fuera y sería si nunca fuera tarde...
    o más bien, nada.

    Había otro rumor de olas que no suenan,
    y al fondo, en la distancia, gaviotas suspendidas,
    igual que corazones,
    temerosas,
    amorosamente entregadas al aire que las mueve
    y esperando siempre la violenta caricia
    que las arroje a la playa con las alas rotas.

    Había una hoja de otoño remansando tristezas,
    con una voz pequeña por el suspiro atada,
    buscando algún epílogo de arenas
    para morir como las caracolas.

    Había...
    sí, creo que había
    como un arpa olvidada,
    con las notas dormidas en sus cuerdas
    y la mano de nieve huida a las distancias
    donde Bécquer no era.

    No lo vio Vallejo con el uno y otro ojos
    inundados por la pena.
    Ni Salinas se sintió vivido en otro ser
    fuera de él, muy lejos...
    Ni tampoco Aleixandre podía alzar
    sus espadas como labios
    para decir: "Arena, arena, tu clamor es mío..."

    Había una luz flotando en las inmensidades,
    o sólo inmensidad,
    tal vez un cielo,
    o era un arco-iris naciendo en una rosa,
    o eran unos labios...
    no sé, me parecía...
    Dios mío, no lo sé,
    quizás sólo era un grito
    dos gritos a la vez,
    y una distancia...
    Ya no lo sé,
    no, no lo sé...

    Pero si era amor,
    si estaba allí el amor,
    un tú y yo pleno de dolor había.








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