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    BIOGRAFÍAS

    WALT DISNEY

    por Anabel Sáiz Ripoll


Walt Disney Niños y mayores suelen unirse frente a las películas animadas de Walt Disney. No importan las críticas que hablan de productos demasiado almibarados o, incluso, reaccionarios; sólo importa el color, la música y las historia que, a través de la gran pantalla o desde nuestro video, nos transporta a un universo donde los problemas acaban por resolverse, donde los malos reciben siempre su castigo, donde la bondad triunfa por encima de cualquier otro elemento y donde, al fin, se hace realidad eso que todos ansiamos: "y vivieron felices y comieron perdices". Cada año por Navidad vuelve una producción de la factoría Disney. Parece que no sería la mismo ya si en las carteleras no se anunciaran sus filmes o si no se vendieran toda clase de objetos con las caras de sus principales personajes, humanos, animales o cosas, que de todo hay en sus películas.

El prodigio se remonta a 1923, fecha en que Walt Disney fundó, junto a su hermano Roy, su estudio. Claro que antes la vida no había sido demasiado fácil para él: fue vendedor de periódicos, cartero y campesino, entre otros oficios, hasta que descubrió su verdadero talento. En 1928 realizaron un corto titulado Steamboat Willie que interesa porque en él aparece, por primera vez, el ratón Mickey, a quien el propio Disney le prestó la voz. En 1930 rodaron su primer largometraje, Blancanieves y los siete enanitos, cuento de todos conocido y adaptado de la versión de los hermanos Grimm. Parecía un proyecto quimérico y nadie confiaba en él, excepto Walt Disney, que convenció, uno a uno, a los inversores que habría de financiar la película. Y el 21 de diciembre de 1937 se estrenó la brillante película en el Teatro Carthay Circle de Hollywood, y fue tal el éxito que, incluso, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas obsequió con siete Oscars en miniatura a los enanitos del bosque.

Desde entonces, el nombre de Disney se asoció al éxito. Sus películas de dibujos animados hoy en día se consideran verdaderos clásicos del cine. Destacan Pinocho (1940), Dumbo (1941), Peter Pan (1953), La dama y el vagabundo (1956) o 101 dálmatas (1940).

No todo lo relativo al sello Disney fue un éxito, hubo algunos fracasos e, incluso, cierta polémica en torno a su creador. Parece que Walt Disney, en su vida privada, no reflejaba esos valores tradicionales y perennes que sí aparecen constantemente en sus películas; pero a nosotros no nos corresponde juzgarle.

El libro de la selva (1967) fue el último proyecto del propio Walt Disney que murió sin llegar a verlo estrenado el 15 de diciembre de 1966. Después de la muerte de su creador, la compañía obtuvo algún éxito esporádico como Los aristogatos (1970) o en películas que combinaban la acción real con los dibujos como Mary Poppins (1964) o La bruja novata (1971). Sin embargo, la gran empresa Disney no se recuperaba de las cuantiosas pérdidas de otros proyectos y estaba a punto de venirse abajo.

En 1984 Roy E. Disney, sobrino del creador a quien no le habían prestado mucha atención hasta entonces, contrató a nuevos directivos, creó la Touchstone, una nueva marca para productos de imagen real para adultos, y el negocio Disney empezó a marchar, gracias, entre otros, a Jeffrey Katzenberg, que hizo ganar a la empresa cuantiosos ingresos. Poco después, la Disney volvía a ser considerada una de las compañías señeras del cine con La sirenita (1980).

A partir de esa fecha, Disney siguió rodando películas tan conocidas como La bella y la bestia (1991), Aladdin (1992), El rey León (1992), Pocahontas (1995) y El jorobado de Notre Dame (1996), a las que añadimos las más recientes Hércules (1997), Mulan (1998), Tarzán (1999) y la recién estrenada Dinosaurio, en la que la casa Disney abandona el dibujo animado, aunque no el estilo de sus historias. Han sido películas revolucionarias en su género en las que las nuevas tecnologías han intervenido para fomentar aún más la magia de la animación.


LA FÓRMULA DISNEY

Los largometrajes animados de la segunda etapa de Disney, si los analizamos bien, veremos que siguen un mismo esquema que parece funcionar a la perfección, vistas las millonarias recaudaciones. Son cuentos clásicos, que nunca pasarán de moda, que mantienen una estructura semejante a la de los musicales. Así, intercalan seis o más canciones con un ritmo y una letra pegadizos y siempre hay una historia de amor que, en principio, parece imposible; pero que cuenta con la ayuda de unos colaboradores únicos -animales u objetos animados-; aunque, lógicamente, hay también una malvada o malvado -un antihéroe- que hace todo lo posible para que fracase este amor. Es una fórmula infalible, hasta ahora:

.-los números musicales de gran alcance y con muchos efectos especiales se repiten de película en película.
.-las canciones suelen tener un contenido ecológico similar ("El ciclo de la vida" en El rey León y "Colores en el viento" en Pocahontas).
.-los personajes se parecen físicamente (Bella es similar a Esmeralda y la Bestia a Quasimodo).
.-uso continuo de personajes secundarios que cobran vida de repente (objetos domésticos como las teteras de La bella y la bestia o las gárgolas de El jorobado de Notre Dame) o animales.
.-hay siempre una canción de amor que pulsa los mismos resortes y las mismas sensibilidades.

Hay que conceder, eso sí, que a veces se rompió ligeramente la fórmula. El rey león, por ejemplo, no se basa en ningún cuento clásico o conocido, y Pocahontas se centraba en un hecho real, aunque con imaginación de sobras.


LOS COLORES DE LA VOZ EN DISNEY

Es indudable que la compañía Disney se ha convertido en una especie de rey Midas que todo lo que toca se convierte en oro. Últimamente han colaborado también en proyectos ingeniosos como la animación con muñecos (Pesadilla antes de Navidad, de Tim Burton) o en la primera película de animación por ordenador: Toy Story, de John Lasseter.

La música ha sido otro factor decisivo para este triunfo. Alan Menken, compositor, ha sabido crear unas bandas sonoras repetitivas, pero muy hermosas. Recordemos, por ejemplo, las canciones interpretadas por Elton John en El rey león. Los doblajes de las últimas películas de Disney han sido exquisitamente cuidados. En las versiones originales, Ángela Lansbury fue la tetera en La bella y la bestia, Robin Williams fue el genio de Aladdin, Jeremy Irons fue Scar en El rey león, la pareja de Pohacontas fue doblada por Mel Gibson y Linda Hunt y un largo etcétera.

En nuestro país, también se transformó el doblaje. Desde La bella y la bestia se prescindió de la versión sudamericana, presente -si nos acordamos- de producciones anteriores, y profesionales como Josema (el divertido genio de Aladdin) o Constantino Romero han dado calidad a los nuevos filmes de Disney.

Otro dato importante para ver la transformación sufrida por la empresa es comprobar que los personajes han evolucionado e interesan también a los mayores, sobre todo por su físico. Pocahontas y Esmeralda se asemejan más a modelos cotizadas que a cándidas e ingenuas criaturas infantiles. Las escenas de amor entre estos personajes, a menudo, no son ya almibaradas y parece que más de uno y de dos han puesto ya el grito en el cielo. Los adultos, pues, también se emboban ante el fenómeno Disney y desde La bella y la bestia, en las capitales más importantes también se estrena la película en su versión original. Eso nos indica que algo está cambiando, para mayor gloria y éxito de los productos Disney, como el parque temático de Disneylandia o Eurodisney en París.


HÉRCULES, DE DISNEY

Las navidades del 97 asistimos al estreno de Hércules, que comentaremos como ejemplo de fórmula Disney. El largometraje está dirigido por Ron Clements y John Musker -los mismos que se encargaron de Aladdin- y los protagonistas hablarán con la voz de Danny de Vito, James Woods y Charlton Heston. La música ha sido compuesta por Menken, premiado ya con ocho Oscar por sus partituras para la Disney.

Hércules es el prototipo de héroe clásico y ha sido el escogido para protagonizar la 35 película de Disney. El guión ha sido escrito por Irene Mecchi, aunque poco más sabemos puesto que es un secreto bien guardado. Ahora, cabe señalar que se trata de un protagonista masculino -y no femenino- al que sus propios creativos, Lisa Keene y Dave Goetz, definen como "un tipo con grandes ojos azules y una toga cortita que le permite lucir unas piernas estupendas". Esperemos a ver en qué se concretan estas ideas y proyectos.

Y en 1998 aparecerá La leyenda de Mulan, la primera película de ambientación asiática de Disney, que se basa en un cuento chino del año 300 a. de C., en el que una muchacha se disfraza de hombre para ir al combate. En el 99 vimos la versión almibarada de Tarzán. Y, ya en el 2000, Disney nos obsequió con Fantasía 2 y con la actual Dinosaurio, película que mezcla decorados reales y personajes generados digitalmente.

En definitiva, aquel estudio creado por Walt Disney, y que se ha ido transformando con el tiempo, va a entrar con buena salud en el tercer milenio, dispuesto a reconvertirse y a adaptarse a las exigencias que se le impongan.

Y la polémica en torno a Disney, a sus mensajes, a su negocio, a su arte y a sus repeticiones continuará, presumiblemente.












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