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    BIOGRAFÍAS

    BENJAMIN JARNES

    por Francisco Arias Solís


Benjamin Jarnes Con Benjamín Jarnés nos encontramos ante uno de los más vigorosos e importantes novelistas anteriores a la guerra. Jarnés es el prosista de vanguardia más importante y el único auténtico novelista. La vida humana en todos sus niveles según todos sus perfiles, es el objeto básico de la novela de Jarnés. Es decir, en ella se encarna, en la pura creación ficticia, el principio fundamental del vitalismo que, simultáneamente, alimentaba su doctrina estética y su crítica.

El lirismo es el elemento conformador de su narrativa. Pertenecen las novelas de Jarnés a la especie de la novela lírica que tuvo su auge en Europa en la segunda y tercera décadas de este siglo. En su obra sobre el tema, Ralph Freedman la define escuetamente: «Es un género híbrido que utiliza la novela para aproximarse a la función de un poema».

Vale decir que una novela de este tipo, en sentido estricto, participa de los rasgos de la función lírica: manifestación sintética de la experiencia individual como un todo significativo, proyección del yo, ambigüedad. Una estructura de este tipo exige recursos integradores; uno de los fundamentales en la novela jarnesiana es el mito... El mito da consistencia a ciertos personajes y sirve de principio organizador de la anécdota desde su primera novela, El profesor inútil. No se reduce, por cierto, al mito clásico, sino que introduce la leyenda medieval, el episodio bíblico o el arquetipo literario con una función análoga.

Otros procedimientos de creación de una realidad novelesca proceden de la cantera modernista: son producto de la devoción de Jarnés por Gabriel Miró y significan, en cierto modo, la incorporación de sus experiencias al arte nuevo.

Naturalmente, el arte de Jarnés también se enriquece con técnicas y recursos que son privativos del nuevo arte literario: la utilización libre del tiempo, ya sea como anticipación o como coexistencia de diferentes secuencias temporales, la superposición de espacios y, sobre todo, la imagen nueva. Quizá este último aspecto es, en superficie, lo más característico de la novela de Jarnés, entregada frecuentemente a una verdadera voluptuosidad en el empleo de la imagen vanguardista, a veces con un prodigioso ajuste entre ella y el plano conceptual, sensorial o emotivo. El narrador tiene, sin duda, conciencia de este poder suyo y se deleita morosamente en él.

Benjamín Jarnés nace en Codo, provincia de Zaragoza, el 7 de octubre de 1888 y muere en Madrid en el año 1950. Estudió en el seminario y después en la universidad Pontificia de Zaragoza. Caso típico del vástago de familia labriega empujado a abrazar la carrera eclesiástica por imperativos económicos, su falta de vocación le hizo abandonar el seminario, pero de los estudios sacerdotales quedaron en él el conocimiento del latín, su inclinación hacia los clásicos eróticos -Ovidio, Catulo y Tibulo- y cierto gusto por el formalismo retórico.

Concluyó la carrera de maestro nacional -que no ejerció-, perteneciendo al Cuerpo Auxiliar Administrativo del Ejército, llegando al grado de capitán. El escritor aragonés colaboró en el primer número de la revista malagueña Litoral, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Colabora también en Alfar, La Gaceta Literaria, Revista de Occidente, Cruz y Raya y otras numerosas publicaciones. En 1925, en Madrid, funda la revista Plural con Valentín Andrés Álvarez y Guillermo de Torre.

Tras la guerra civil se exilió primero en Francia y luego en México. La experiencia americana resbaló sobre él, quizá por haberse visto obligado por las circunstancias a una actividad más industrial que crítica y artística. Con la salud maltrecha regresó a España poco antes de morir.

Hombre de amplísimas lecturas, de muy inquieta mentalidad, de ingenio y pluma delicados y sutiles, Jarnés cultivó con prestigio la novela, la biografía, el ensayo, la crítica literaria y el periodismo. Su culto y vivaz estilo le da personalidad y distinción entre los escritores mejor dotados de la generación del 27. A la agudeza gracianesca de oriundez, se une la gracia expresiva, o «la risueña voluntad y el sobrenadador optimismo de este juglaresco Benjamín Jarnés», que dijera Juan Ramón Jiménez.

Benjamín Jarnés escribió excelentes novelas, como El profesor inútil, con la que aparece en el campo de las letras en el año de 1926, Vida de San Alejo, El convidado de papel y Paula y Paulita (1929), una de las obras más conseguidas de su primer periodo. Una segunda etapa puede ser iniciada por Locura y muerte de Nadie (1929), una de las mejores obras jarnesianas, a la que se le han señalado puntos de coincidencias con Niebla de Miguel de Unamuno.

Otras novelas destacadas son: Sor Patrocinio, la monja de las llagas, La teoría de zumbel, Zumalacárregui, el caudillo romántico, Viviana y Merlín, El libro de Esther, Lo rojo y lo azul, Escenas junto a la muerte...

Y entre sus biografías recordemos Castelar, subtitulada El hombre de Sinaí, y Doble agonía de Bécquer.

Durante el exilio escribió las siguientes tres novelas: La novia del viento, Manuel Acuña y Españoles en América.

Después de su vuelta a España publicó Eufrosina o la gracia. En 1980 se publicó Línea de fuego, escrita en 1938, profunda reflexión sobre la guerra civil española.

Probablemente no se ha escrito acerca de Bécquer juicio tan claro como el de Jarnés. Tan medido y entusiasta. Benjamín Jarnés tiene el secreto encanto del arte.

Y como decía Bécquer: «Tiene el arte no sabemos qué secreto cuanto que todo lo que toca lo embellece».










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