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    BIOGRAFÍAS

    JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

    por Francisco Arias Solís


JOSE MANUEL CABALLERO BONALD Miembro de la llamada generación del medio siglo, Caballero es uno de nuestros mejores escritores y viene haciendo desde la literatura desde hace cincuenta años un sostenido ejercicio de rigor conceptual y verbal, y también, de contemplación del mundo desde un ángulo moral, sin que su escritura se haya degradado nunca, ni antes ni ahora, en la prédica moralista y doctrinaria.

La generación del cincuenta es una generación de grandes estilistas: de ella forman parte Ignacio Aldecoa y Carlos Barral. No es casual la presencia de tantos poetas en esta generación. Tampoco lo es que Caballero sea, a la vez poeta y narrador; también lo fueron Aldecoa, en sus comienzos, y, de modo efímero, Barral. Caballero pertenece a esa estirpe de escritores que, sin incurrir en lirismos triviales, inyectan a la prosa el voltaje del lenguaje poemático.

El estilo de Caballero Bonald no se parece a ningún otro. Ha absorbido las mayores síntesis del conceptismo español, se ha apropiado de las estrategias del culteranismo, que ha cruzado con el fondo riguroso de algunos clásicos latinos, y se ha adherido, en fin, al vértigo imaginativo del mejor Juan Ramón Jiménez y las grandes figuras del 27. El resultado es una prosa magistral.

El talante sabio, escéptico y liberal (del Cádiz popular y doceañista) de Caballero, es andaluz, sí, pero de otra Andalucía, la que se siente pero no se ve, la que de algún modo disperso y problemático sigue alentando en algunos reductos urbanos y en los territorios para el escritor sagrados de la desembocadura del Guadalquivir. El barroquismo y el obsesivo cuidado del lenguaje caracterizan toda su producción.

Las historias de su niñez y de su adolescencia, referidas incluso con nombres geográficos, forman el entramado de fondo sobre el que el poeta levanta su último sentido crítico e irónico, pero sin perder de vista su trayectoria biográfica. Quienes han escrito que Caballero está desvinculado del espíritu de su tierra no lo leyeron con atención. Evidentemente “su” Andalucía ha podado los inútiles arabescos y los temas de cartel, aunque sin despojarse de una muy rica complejidad, de una constante barroca, de una adjetivación de gran riqueza. Y es que su realismo poético -cohonestado en el intimismo por una vía de misterio y soledad- no le obliga a dimitir de su personalidad moral.

José Manuel Caballero Bonald nació en Jerez de la Frontera el 11 de noviembre de 1926, de madre francesa y de padre cubano. Estudió Náutica en Cádiz y Letras en Sevilla y Madrid. Posteriormente se dedicó por entero a la creación literaria. Se dio a conocer en la revista gaditana Platero, donde aparecieron sus primeros poemas, en los que se evidenciaba un claro influjo de Aleixandre y Cernuda. Caballero ha obtenido los mejores premios que son los nos oficiales, los premios de poesía Boscán y de la Fundación Pablo Iglesias, y los de novela Biblioteca Breve, Ateneo y Plaza & Janés. También ha recibido en tres ocasiones el Premio de la Crítica, dos como poeta y una como novelista. Sus libros de poesías se titulan: Las adivinaciones, Memorias de poco tiempo, Ateneo, Las horas muertas, El papel del coro, Pliegos del cordel, Vivir para contarlo, Nuevas situaciones, Descrédito del héroe, Selección natural, entre otros. Los de narrativa: Dos días de septiembre, Ágata, ojo de gato, Toda la noche oyeron pasar pájaros, Campo de Agramante. Sus memorias, Tiempos de guerras perdidas, en el que recoge sus recuerdos de infancia, adolescencia y primeros años de adultez. Escribe además ensayos: El baile andaluz, El vino, Luces y sombras del flamenco, Luis de Góngora: poesía, Los personajes de Fajardo...

Caballero Bonald ha sido profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Nacional de Colombia, habiendo dictados cursos posteriormente y con regularidad en diferentes Universidades francesas y americanas. También ha sido secretario de la revista Papeles de Son Armadans. Ha realizado varios estudios sobre el cante y bailes andaluces, el vino andaluz, etc., y como experto conocedor de las esencias del folclore flamenco ha colaborado en discografías diversas.

En un lúcido artículo sobre el poeta jerezano escrito por Aurora de Albornoz, en 1970, se señalaban unas constantes de la poesía publicada hasta entonces: “A mi entender estas constantes son: en primer lugar, dos motivos dominantes, presentes en cada uno de los “libros etapas” de Caballero Bonald: la palabra y la memoria; en segundo la presencia -en todos los libros- de dos vertientes: la individual y la colectiva; en tercer lugar, la empeñada búsqueda de una forma de contar todo lo que pueda contarse -y a veces, hasta las cosas que parecería que no deben contarse- con una voz contenida; sin perder jamás la elegancia”. Las palabras de Aurora de Albornoz tienen plena vigencia.

Y como dijo el poeta: ”Aqui mi sed / se sacia con mi sed. No necesito / nada: tengo bastante con vivir”.









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