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    BIOGRAFÍAS

    JULIO CAMBA

    por Francisco Arias Solís


JULIO CAMBA Julio Camba era un espíritu de una cualidad rara, por lo exquisita. El humanismo de Camba es de cuño auténtico. Se declaró "ciudadano del mundo" y le gustó siempre nadar con la soltura del pez libre, sin que su pluma sirviera de cebo para pescar incautos. Decía Unamuno que no había entre los escritores españoles, quien emplease con más precisión y garbo el lenguaje de Cervantes. Y agregaba como ejercicio para la demostración de su aserto: "Prueben ustedes a quitar o agregar algo de una crónica y verán que no es posible".

Ya sabemos que Julio Camba escribió artículos, sólo artículos y nada más que artículos, si se exceptúa ese único poema que le recordó Ángel Lázaro en un último encuentro y una novela corta El destierro, en la que refleja su experiencia juvenil en Buenos Aires. Sus libros son recopilaciones de artículos y su unidad la constituye un país: Alemania, Londres, La Ciudad Automática (Estados Unidos). Otros títulos suyos aluden igualmente a viajes: Un año en el otro mundo, tomado de Julio Verne, Playas, ciudades, montañas, La Rana Viajera y Aventuras de una Peseta.

No todos los humoristas son viajeros, pero es difícil encontrar un viajero que no sea humorista. El humorista empieza por ser alguien que se aturde ante la realidad y no sabe qué hacer, por algo Molière tituló L’Etourdi una comedia suya. Y para salir de la turbación el viajero apela a su tesoro, léase su cultura. Camba se enfrenta a la realidad desde un talante escéptico y desde un racionalismo que se apresura a despojar de toda emoción.

Viene al mundo Julio Camba el 16 de diciembre de 1884 en Villanueva de Arosa, provincia de Pontevedra. A los trece años dejó su familia y, como polizón, emigró a la República Argentina. En las orillas del Plata sentó plaza de "bullicioso y perturbador anarquista", teniendo que salir de allí, también sin pagar el pasaje, aunque esta vez no de polizón, sino por cuenta de la policía.

De su experiencia anarquista Camba no sale decepcionado. En la huelga de Buenos Aires a él le tocó escribir proclamas llenas de emoción y no se arrepiente de haber cultivado ese género de literatura porque la belleza no reside únicamente en las rosas. "Una revolución -decía Camba- es siempre una obra de arte". Concluida la huelga el gobierno argentino tomó la decisión de deportar a los huelguistas. Al regresar a España le llamaron Julio Canela en El Imparcial y Julio Caníbal en El País, dos periódicos en los que pronto será colaborador. Poco tiempo después colabora en el Diario de Pontevedra.

En 1902 llega a Madrid. Se encuentra en el ambiente literario muy influido por los modernistas. Camba se preocupará por ser original y lo conseguirá, pero no se deja contagiar por la novedad modernista. Sabía muy bien que no era lo suyo y no fue nunca un escritor mimético. En 1904 se produjo el segundo giro de importancia en su vida. Colabora en El País, España Nueva y Los Lunes de El Imparcial. Después estuvo de corresponsal en el extranjero de La Correspondencia de España, El Mundo y La Tribuna.

Regresa a Madrid en 1905, y empieza a escribir en el A B C. Viaja por París y Londres ante de la guerra mundial. A Alemania va en 1911, marcha de nuevo unos meses a Francia, y regresa a Alemania. El trotamundos delicioso vuelve a España hecho todo un poliglota: sabía alemán, inglés, francés, italiano, algo de turco, algo de griego, algo de ruso.

En 1916 cruza el océano por segunda vez y se instala en Nueva York. Le parece hallarse en el otro mundo y con esa expresión titula el libro de ese año que recoge sus crónicas americanas: Un año en el otro mundo. En 1917 fija otra vez su residencia en Madrid. Lo destinan a Berlín en 1921 y en 1929 vuelve a Nueva York.

Abandona Nueva York en 1931 y después de una temporada en Madrid publica Haciendo la República. En 1936 pasa una temporada en Inglaterra y Francia, y después de la guerra de nuevo se encuentra otra vez en Madrid. Su salud se empieza a resentir y acepta que lo hospitalicen. Ya en 1949, Julio Camba es huésped del hotel Palace; allí vivirá hasta su muerte, el 28 de febrero de 1962. La última frase que pronunció fue: "La vida es buena, pero se acaba".

Infatigable viajero, sagaz observador, profundo humorista, Julio Camba es un autor atípico en el panorama literario español. Escritor de artículos, su lugar en la literatura española es como una benéfica intromisión de la flema y el humor de quien intelectualiza deportivamente la realidad, conociendo su plenitud y su vacío. Como escritor, pocos alcanzaron la propiedad en exclusiva de un estilo tan suyo, tan libre. Se burlaba de todo... Su ironía forzaba la sonrisa que no la mueca, sin provocar el gasto de disgusto. Enemigo declarado del principio de autoridad, independiente hasta la desesperación de los jefes de redacción, la originalidad de sus artículos radica en un humorismo benévolo y complaciente que amenaza sin embargo con conmovernos en lo más hondo.

Azorín le llamó "el prototipo del humorismo galaico pasado por Londres, pasado por Sterne". "Camba fue un gran niño -escribía Ramón Pérez de Ayala-, o un niño grande, casi inocente, toda su vida. Pondría yo una mano en el fuego, jurando que Camba no causó deliberadamente mal a nadie, ni con la intención. Y, así, todos sus amigos le amábamos como a un niño, como un ángel en la tierra".











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