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    BIOGRAFÍAS

    SAN JUAN DE LA CRUZ

    por Francisco Arias Solís


SAN JUAN DE LA CRUZ Aunque mística es sinónimo de misterio, es preferible llamar misteriosa, como hizo Lope de Vega, y no mística a la poesía. Más, mucho más que místico, misterioso, se nos parece el sublime poeta y santo Juan de la Cruz. A mí me parece mucho más santo que místico San Juan, como mucho más santa que mística, con serlo ambas cosas, nuestra Santa Teresa. Aunque la santidad sea siempre misteriosa.

Volvamos los ojos, en este instante, a la lectura de Juan de la Cruz, misterioso santo, misterioso poeta.

La poesía religiosa de San Juan de la Cruz -¿religiosa y no mística?- religiosa cristiana, como la de Lope, como la de fray Luis, ¿no es sencillamente poesía, sencillamente misteriosa? Poesía estremecida de misterio divino como aquellas otras de Jorge Manrique y Garcilaso, de Lope y Gil Vicente, de fray Luis y de Góngora, de Calderón y de Quevedo, y como la del romántico Bécquer. Se ha dicho, creo que justamente, que solamente el verso becqueriano en nuestra lengua alcanza en su poético estremecimiento el verso de San Juan de la Cruz. Arte de temblar llamamos a esta poesía, a la poesía.

¿Tiembla el misterio? Misterioso santo, misterioso poeta, nuestro San Juan, nos dejó dichas en sus estremecidas palabras aquel misterio tembloroso. Si fue mística su motivación, su expresión nos parece sencillamente misteriosa; misterio de la fe y de la caridad -del amor-, y de la esperanza; misterio integrador o reintegrador del hombre cristiano.

Juan de Yepes y Álvarez, nombre familiar de San Juan de la Cruz, nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. En su infancia sufrió privaciones de todo tipo, agravadas por la temprana muerte de su padre.

Juan ingresa en el Colegio de la Doctrina de Medina del Campo, institución para niños pobres y huérfanos, donde aprende las primeras letras.

Pasado algún tiempo, se le inicia en el aprendizaje de diversos oficios, fracasando sucesivamente en todos. Ante esta falta de aptitud para los trabajos manuales, entra de monaguillo en un convento. En el Hospital de la Concepción, colabora como enfermero y dedica sus horas libres al estudio y, posteriormente, comienza sus estudios en el colegio de los jesuitas de Medina del Campo.

Juan decide abandonar el mundo y vestir el hábito de carmelita. En 1564, llega a la Universidad de Salamanca para estudiar teología. Terminados sus estudios y ordenado sacerdote en 1567, regresa al convento carmelita. Junto con Santa Teresa emprende la reforma del Carmelo. Pronto empezaron a aparecer disensiones entre calzados y descalzos. A raíz de estas contiendas, Juan fue arrestado. No había hecho más que empezar el largo calvario de este frailecico pequeño, casi «medio fraile», que volverá a ser encarcelado (1577-1578) en el convento fortaleza que los calzados tenían en Toledo. Poco después, continúa su trabajo de reforma de la orden, viajando por los campos de Castilla y Andalucía, siendo obediente a las normas de su orden, pero independiente a la hora de emitir su criterio. Juan fue elegido prior de varios conventos, y de 1585 a 1588 viaja por los pueblos de Andalucía como definidor y vicario provincial. Su fama de santo va creciendo, pero su rebeldía, hizo que fuera enviado como simple fraile, a Peñuela, un solitario convento de Sierra Morena. Murió en Úbeda, el 14 de diciembre de 1591.

Este sublime poeta, rebelde y santo, comenzó su Cántico espiritual en la cárcel (1578) y lo terminó en Granada entre 1582 y 1585. Noche oscura debió ser redactado a principios de 1579, y Llama de amor viva fue escrito en Granada en 1584.

En casi toda la obra poética de San Juan de la Cruz, los elementos de poesía amatoria han sido divinizados. Hablar en cristiano llama el pueblo español a esta figura: a esta luminosa y misteriosa oscuridad y claridad de la poesía. Napoleón llamó dicen, a este habla o lenguaje religioso cristiano español, popularizado en España por su poetas: «Hablar con Dios». Que es lo que el pueblo español afirma cuando quiere decir lo mejor de todo.

Aquella santidad despojada y desnuda de nuestro San Juan, tan armoniosamente perfecta, como la perfección de su poesía misteriosa, ¿provienen de su misticismo? Esa santidad, esta poesía, tan hondas, tan claras y tan puras, ¿lo son por ese misticismo que se dice que las motiva y acompaña?

Todo es misterioso en Juan de la Cruz, misterioso santo, misterioso poeta, para quién la música callada viene a ser lo mismo que la soledad sonora, por el cantada junto a ella, sin separarla ni por un solo verso: «la música callada, / la soledad sonora».










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