• Anabel Sáiz Ripoll

    BIOGRAFÍAS

    LAS CANTIGAS DE ALFONSO X EL SABIO

    por Anabel Sáiz Ripoll


  • LAS CANTIGAS DE SANTA MARÍA

    Las Cantigas de Santa María son una colección de 429 poemas escritos en gallego en los que se alaba a la Virgen María y se difunden sus milagros. Aparte, evidencian el afán enciclopédico del monarca, puesto que a la belleza poética se une la armonía musical y plástica, esta última representada por las innumerables miniaturas que ilustran los códices.

    Todas las Cantigas están escritas en gallego-portugués, lo cual no deja de extrañar, puesto que Alfonso X fue un rey que se esforzó "soberanamente" en ascender el castellano a categoría de lengua oficial. Sin embargo, cabe recordar, que el gallego-portugués era la lengua obligada -una especie de koiné- en las cortes peninsulares para el cultivo del género lírico. Alfonso X entendió que el gallego constituía, por su musicalidad o por sus rasgos específicos, el instrumento más adecuado para componer su poesía.

    El texto de las Cantigas nos ha llegado en cuatro códices:

    1. Códice j.b.2 de El Escorial (E).
    2. T.j.1, también de El Escorial (T).
    3. Códice de Toledo, que antes estaba en la Biblioteca del Cabildo de Toledo y hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (To).
    4. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Florencia (F).

    El Códice Escurialense j.b.2 es el más completo de los cuatro, ya que consta de 417 cantigas. También tiene música y se le considera el códice "princeps" de la religiosidad lírica del S. XIII. Fue elaborado hacia 1279.

    El otro códice perteneciente también a la Biblioteca de El Escorial es el más antiguo de todos. Tiene música y parece ser el primer volumen de otro que ya no existe, puesto que sólo contiene 195 cantigas. Lo verdaderamente notorio de este códice son las 212 láminas en oro y colores que presenta y las 1.257 miniaturas que describen con profusión de detalles la vida española del S. XIII. Además, en este códice aparecen prosificadas en castellano las 24 cantigas que serán objeto de este artículo.


    LAS PROSIFICACIONES

    Las prosificaciones de las Cantigas de Alfonso X, el Sabio, aparecen al pie de las páginas del Códice T.j.1 de El Escorial, y constituyen un documento de interés excepciones para conocer el tratamiento lingüístico y estilístico de una parcela que, hasta hace poco tiempo, creíamos que no había cultivado el Rey Sabio: la prosa castellana referida a hechos hagiográficos.

    Curiosamente, pocos medievalistas han valorado estas prosificaciones y ninguno ha intentando realizar un estudio en profundidad de las mismas. A. Paz y Meliá, en la edición de las cantigas, planeada por el Marqués de Valmar, es el primero en describir estas prosificaciones; pero, en resumen, sólo especifica que las prosificaciones empiezan en la cantiga II y que su número es el de 24. Ramón Menéndez Pidal publicó la prosificación de la cantiga XVIII en Crestomatía del español medieval. Robert W. Linker y John E. Keller realizaron una transcripción fragmentaria con numerosas lagunas, la ausencia del milagro 3 y de algunas partes de los milagros 2, 4 y 5. Por último, James R. Chathman en 1976 ha logrado darnos una completa edición paleográfica. José Filgueira Valverde en su versión de las Cantigas transcribe las 24 prosificaciones, mientras que Mettmann las incluye en su edición de 1986, aunque basándose en Filgueira Valverde, y Albert Gier les dedica unas cuantas líneas en un artículo de interés. Todo eso nos ha llevado a realizar un estudio pormenorizado de las prosificaciones alfonsíes.

    Queremos anticipar que estas prosificaciones no son, en modo alguno, resúmenes o simples traducciones literales, sino que -como nos señala J. Filgueira Valverde- "son prosificaciones que ofrecen importantes novedades, hasta el punto de seguir otras líneas narrativas, derivando de fuentes distintas de las utilizadas en la cantiga original. Basta cotejar, por ejemplo, el milagro de San Ildefonso o el de Teófilo".

    Las prosificaciones empiezan en la Cantiga II y acaban en la XXV, que está incompleta. ¿Por qué no se prosificó también la primera cantiga? Recordemos que la Cantiga I es la de loor y parece que a los "lectores" debería interesarles más un planteamiento narrativo con el que pudieran identificarse, que una alabanza marial que, dicho sea de paso, se cantaría en la iglesia los días festivos. Además, las únicas dos cantigas de loor prosificadas son muy breves, y la X aparece vertida en verso en su mayor parte, mientras que la XX está extremadamente resumida. Las prosificaciones se llevaron a cabo, seguramente, para que las gentes, que no conocían el gallego, pudieran entender los milagros, sobre todo los narrativos, ya que son los más interesantes desde el punto de vista moral o didáctico.

    Por otra parte, los Milagros de Nuestra Señora de Berceo empiezan con "La casulla de San Ildefonso" que, justamente, corresponden a la cantiga con que se inician las prosificaciones alfonsíes. Cabe dentro de lo posible que los prosificadores quisieran empezar sus versiones castellanas con un milagro avalado por el éxito de Berceo, aunque bien es cierto que Alfonso X no debe nada a Berceo.

    La labor traductora se interrumpió en la Cantiga XXV, pero, ¿por qué? Conforme van avanzando las prosificaciones, se observa una condensación evidente de los contenidos de las cantigas originales. A veces, incluso, se eliminan detalles y la narración se hace cada vez más rápida y breve. Se nota que los traductores tenían verdaderas ganas de acabar su tarea y no pensaban añadir nada nuevo -como sí habían hecho en las primeras prosificaciones-.

    ¿Qué ha pasado? ¿Qué es lo que ha cambiado? Las prosificaciones debieron iniciarse a finales del reinado de Alfonso X con un propósito de divulgación "generalizada", que no tenían las Cantigas gallegas. A la muerte del monarca, ascendió al trono su hijo Sancho IV, el Bravo, que según todos los indicios no intentó seguir la empresa cultural de su padre y que, además, llegó a suspender las pagas que el rey había adjudicado a sus colaboradores. Si esto último fuera cierto, podríamos entender -desde una mentalidad muy actual- el porqué de la paralización de las prosificaciones.

    Otro posible motivo para explicar la interrupción de las prosificaciones nos lo da Joseph T. Snow. Podría ser que la colocación de las prosificaciones al pie de los folios rompiese con la belleza inicial pretendida en el códice regio, que se estructuraba como una obra de arte de gran belleza.


    CARACTERÍSTICAS DE LAS PROSIFICACIONES

    Si observamos con atención las prosificaciones de las Cantigas en la edición facsímil, notamos una serie de características "técnicas" que no podemos obviar.

    En principio, la letra inicial o caudal E, como muy bien ha notado J. R. Chathmam, no aparece en los espacios previstos del manuscrito, excepto en las cantigas IV (fol. 8 v), XXIII (fol. 35 v), XXIV (fol. 36 v) y XXV (fol. 38 v). En la Cantiga XVI (fol. 28 v) se puede apreciar una letra e a modo de guía. Chathmam nos dice al respecto: "Estas omisiones parecen indicar que la prosa marginal escrita fue una de las etapas finales en la producción del manuscrito".

    Sólo la Cantiga IV se halla a dos columnas (fol. 8 v, bajo texto a doble columna, fol. 9 r, ídem y fol. 9 v, bajo miniatura). El resto de prosificaciones se encuentran bajo texto o bajo miniatura y a una sola columna.

    La mayoría de las prosificaciones aparecen bajo una serie de miniaturas. Cada miniatura contiene seis viñetas en las que se explica el milagro en cuestión. A veces, cuando la leyenda así lo requiere por su extensión, se consignan dos colecciones de miniaturas. Esto ocurre en las cantigas V, XV y XXV y en algunas más que no son las prosificadas. Si las explicaciones en castellano se colocan con preferencia bajo las miniaturas, puede deberse a que, con la prosificación, se pretendía más que "glosar" la cantiga gallega, explicar las imágenes de cada una de las viñetas.

    La letra con que están escritas las prosificaciones es mucho más pequeña que la de las cantigas en gallego, que aparecen en los mismos folios. Esto también puede permitirnos pensar que los traductores sólo intentaban aclarar el texto gallego, pero nos resistimos a considerar que estas prosificaciones sean sólo glosas porque, a menudo, aportan datos que en su "modelo" gallego no aparecen.

    El escrito de las prosificaciones no se han conservado en tan buen estado como el resto del manuscrito y algunos folios apenas se pueden leer -Chathmam tuvo que emplear los rayos ultravioleta para su edición paleográfica-.

    Todas las prosificaciones se inician con la fórmula" (E)sta estoria es de como (commo)", excepto la 20, de loor, que utiliza el encabezamiento: "Esta estoria es fecha a cantiga e loor de Santa Maria", la 23 que empieza sin ningún rodeo: "En tierra de Bretaña fue...", y la 18 y 24 que eliminan la preposición "de" y se inician del siguiente modo: "Esta estoria es como (comm)". La fórmula introductoria es un calco evidente de las Cantigas gallegas que siempre comienzan con el típico "Esta é como".

    Casi todas las narraciones, menos las de loor, la 20 y la inacabada 25, concluyen con una moraleja que intenta condensar el lema de las cantigas gallegas. Por ejemplo, el estribillo de la cantiga IV en gallego dice así:

    "A Madre do que livrou
    dos leoes Daniel,
    essa do fogo guardou
    un menyo d‘Irrael".

    La prosificación, por su parte, transforma esta estrofa introductoria en la siguiente fórmula:

    "La Madre del que libró de los leones a Daniel, esa del fuego guardó al menino de Ysrael".

    Estas enseñanzas o sentencias, que aparecen al final de las prosificaciones, también se introducen con frases como las siguientes:

    "... el rey don Alfonso fizo a loor desta Señora una cantiga que diz asy" (C. II).

    "... e por este miraglo fizo a loor desta Sennora el Rey don Alfonso la Cantiga suso dicha que diz asy" (C. V).

    "E a loor d‘este miraglo fizo el rey don Alfonso la cantiga susodicha que zi asy" (C. IX).No podemos tomar al pie de la letra el "fizo" porque, como ya afirmase Solalinde, creemos que la paternidad de la obra alfonsí se refiere a un equipo supervisado por el rey; aunque eso no excluye que Alfonso X pudiera participar más directamente en la redacción de su obra de lo que se ha venido suponiendo hasta hoy.


    PERSONAJES DE LAS PROSIFICACIONES

    Los personajes que desfilan por las prosificaciones no tienen ninguna originalidad e, incluso, podrían confundirse unos con otros. Son figuras que sirven de ejemplo universal: cualquier individuo podría identificarse con las actitudes de ciertos protagonistas y, para que nadie cayera en el error de sus predecesores, se escribía cada milagro. Se trata, en definitiva, del afán didáctico tan peculiar en la Edad Media.

    A pesar de todo lo anterior, a veces se describen algunos perfiles con fuerza y nitidez. Los rasgos somáticos no interesan demasiado, a excepción de alguna mínima alusión a la belleza femenina, como es el caso de la emperatriz Beatriz:

    "(...) era de las fermosas apuestas mugeres del mundo e de buen seso e de buenas costumbres" (XV).

    A las prosificaciones les interesa más la dimensión moral de ciertos protagonistas a los que presenta de una manera breve y clara:

    "En tierra de Bretaña fue una dueña muy rrica e de santa vida que con sus averes fazía muchos bienes e muchas alimosnas" (XXIII).

    Fundamentalmente se describen los rasgos interiores de algunos personajes cuando están en un momento límite de sus fuerzas. Se trata de las emociones básicas: alegría, miedo, dolor...

    La mujer judía, que ve a su hijo arder en el horno, desborda su dolor de madre y el prosificador, ahora sí, deja entrever cierta emoción personal:

    "E, el niño dando grandes bozes, acudió su madre e violo que estava ardiendo su fijo en el forno e, con grant dolor e sentimiento de su fijo, e el padre no la dexando llegar a él" (IV).

    Aparecen otras mujeres como la madre de la cantiga VI, cristiana, que, al notar la ausencia de su hijo, no puede evitar su dolor. Esa misma madre increpa, apesadumbrada, a la Virgen y con un tono bastante airado:

    "Señora, por la encomienda que yo del mi fijo te fize, pido te merçed que me lo demuestres sano e vivo, sy non tú me farás grant tuerto e por sienpre diré que yerran los que se a ty encomiendan".

    No sólo las mujeres manifiestan sus emociones, aunque sí lo hacen más a menudo que los hombres, sino que los varones también pueden permitirse alguna manifestación de duelo, como la del emperador Aurelio, cuando cree que su mujer es pecadora y, más aún, cuando descubre las injusticias a que ha sido sometida su buena esposa.

    El pueblo es el último gran personaje de las cantigas prosificadas. El pueblo entendido como conjunto de personas anónimas que aparecen en los momentos más difíciles o en los más alegres. Estas gentes sirven de contrapunto y equivalen al espectador que asiste, con sorpresa, al prodigio. En la entrega del alba el pueblo está presente en la iglesia y contempla, estupefacto, el milagro (II); también aparece al lado de San Basilio respaldando su postura ante Juliano, el Apóstata (V). Fórmulas como las siguientes se repiten en las prosificaciones: "los pueblos que y eran juntados" (II)"fizo al pueblo luego ayuntar" (V); "a la conpaña del pueblo que y era ayuntada" (V), "el pueblo de la çibdat estava yuntado" (v).

    El pueblo funciona, en cierto sentido, como el coro griego, puesto que interviene de forma colectiva y respalda con su presencia todos los hechos que se presentan en la acción principal.

    En estas prosificaciones los personajes pertenecen a todas las capas sociales: emperadores, reyes, arzobispos, condes, caballeros, ricos, alguaciles, labradores, marineros y ladrones. En cuando a las mujeres, se descubren sus cualidades morales ya que no suelen tener profesión conocida.


    LA VIRGEN MARÍA

    La Virgen María es la verdadera protagonista de las Cantigas, y lo que mueve a los distintos personajes es el amor mariano. Como madre socorre a los pecadores y les exige una devoción radical.

    Santa María ayuda a sus fieles de varias maneras: premia a los devotos que nunca le han fallado (San Ildefonso y San Basilio), socorre a los clérigos u a otras personas que, a pesar de haber pecado, siempre le han venerado (el clérigo impúdico, el ladrón devoto, el mone tahúr y ladrón), consuela a los arrepentidos (la mujer arrepentida que cometió incesto, Teófilo, la abadesa encinta, los tres caballeros que profanaron la iglesia...) e, incluso, impide que un caballero contraiga matrimonio con una mujer para que siempre esté a su servicio.

    Por otra parte, la Virgen también intercede ante Jesucristo a favor de sus fieles e incluso es capaz de enfrentarse con el diablo para rescatar algunas almas perdidas:

    "... e la Virgen aviedo duelo de la su contriçión mandó al diablo que la carta que la troxiese antella, e trójola, e desque la ovo traydo maltróxolo por el engaño que aquel siervo él feziera" (III).

    La Virgen María es la mediadora entre Dios y los hombres, aunque Dios, como ser impersonal y eterno, no aparece en las prosificaciones, de forma real o tangible, sí lo hacen las santas, los santos y otras vírgenes puesto que, todos estos, son los ayudantes directos de la Madre Celestial. La humanización de los seres sobrenaturales obedece a un intento de vulgarizar el mensaje o la esencia divinos. De este modo se consigue -en la Edad Media- que la piedad no sólo sea un dogma de fe, sino que pueda vivirse o sentirse; en una palabra, que las buenas gentes puedan considerar a la Virgen como a su Madre. Una Madre bondadosa y exigente.

    Las leyendas devotas tuvieron una difusión extraordinaria. Recordemos que los Milagros, de Berceo, solían leerse públicamente en voz alta ante un círculo amplio de gentes, entre las que había tanto monjes como peregrinos o romeros que iban a Santiago.


    ESTRUCTURA DE LAS PROSIFICACIONES

    La estructura de las Cantigas es extremadamente unitaria. En todas ellas se narra un único milagro que pretende ensalzar a la Virgen. Podemos citar cuatro momentos claves en casi todos estos milagros:

    1. Presentación del lugar en el que va a transcurrir la acción y del personaje protagonista. Éste suele ser un tipo que atraviesa un periodo de crisis interna, aunque sin perder su devoción mariana. Y esto es lo que le salva. También puede haber personajes buenos y honrados a los que Nuestra Señora quiere premiar por su constancia o, simplemente, ayudar en caso de apuro.
    2. Desarrollo de los sucesos que conducen al milagro o prodigio. Aquí se exponen las causas que van a motivar una posterior aparición divina.
    3. Intervención de la Virgen. La Virgen interviene cuando más se la necesita. Éste es el momento cumbre de la narración y se presenta siempre con mayor solemnidad que el resto del relato.
    4. Desenlace final: la Virgen perdona, castiga y actúa de intermediaria.

    Esta estructura, brevemente esbozada, puede parecernos muy monótona aunque aparezcan diversos personajes y cambie el escenario. Evidentemente, la repetición de ciertos rasgos fundamentales se hace pesada y demasiado insistente. Sin embargo, una de las funciones de los milagros era, precisamente, ésta: la de repetir un mismo suceso, cambiando los personajes, para que las gentes obtuvieran una enseñanza moral.


    CONCLUSIONES

    Las conclusiones a las que podemos llegar tras un estudio más detallado de las Cantigas son las siguientes:

    -las cantigas escritas en castellano no son en modo alguno meros resúmenes, esquemas o glosas de las cantigas gallegas, sino que son prosificaciones, remodelaciones, readaptaciones, revisiones del texto original gallego.
    -entre las cantigas gallegas y las castellanas existen diferencias formales y temáticas.
    -el Rey Sabio manejó muchas fuentes. Las semejanzas entre sus milagros y los de Berceo son fruto de la misma época.
    -las prosificaciones están escritas de una manera sobria y concisa.
    -las traducciones pretenden ser históricas y reales.
    -fueron escritas a finales del S. XIII, en los últimos años del reinado alfonsí.

    Las prosificaciones de las Cantigas son un documento excepcional ya que, no sólo nos permiten conocer el estado de la lengua a finales del S. XIII, sino que nos introducen en una parcela poco cultivada por los autores castellanos y que, como ya dijimos, no se creía que hubiese interesado al Rey Sabio: la prosa hagiográfica. 







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