Plumas selectas
  • POESÍA 2



  • MUJER EN TRANCE POR LA HUIDA DE LAS ESTRELLAS FUGACES

    (Miró, 1969)

    Desnuda música en el resplandor de los cráneos.
    Las dunas huyen entre carcajadas.
    Robo legumbres de mi impostura.
    ¿Cómo sería la aurora
    de los amortajados bajo el viento?
    La sangre es la pocilga de esta soledad.
    Los caparazones fijan en la piel
    otros tatuajes.
    ¿Cómo sería la aurora
    de los amortajados?
    ¿Cómo sería mi  amortajado
    bajo el viento?
    Alveolos que caen,
    criatura durmiente,
    la reina exhuma vidrios
    del carro de la sed.
    ¿Cómo palpitar
    sin calcinarse en la lluvia?
     
     
    CONSTRUCCIÓN ALEGÓRICA SOBRE EL VIENTRE DE LA ARAÑA

    La araña que atrapas con la mano,
    Y está en palacios de rey.
    Proberbios, XXX, 28

    Me arrojan a paredes, me sumergen, me sepultan
    donde nunca he de estar,
    allí mismo donde irrumpen las crueles dinastías
    de fantasmas,
    el deseo y sus aves de marfil.
    Éramos el tiempo de la dicha.
    La luz languidecía entre las arpilleras
    y los objetos carnívoros y los estibadores.
    Mi brazo arranca piedras de tu sexo.
    El tacto diminuto sube por las pieles
    hasta hacer del amor la grandiosa impostura.
    ¿Quién, pero quién arroja el saldo
    de tu desesperante errar por la noche?
    ¿Por qué no confiesan el asco de volver
    con un grito sobre las plumas de mi carne,
    la soledumbre, las babas, el temblor?
    Serán membranas revelándose
    ante una cueva de forajidos, tatuados
    en las cámaras del odio.
    Hoy se extinguen los silenciadores.
    Bajo cualquier mutación, entreabierto,
    se retuerce un latido, desvaría,
    como la puerta avara en los ojos de una loca.
    Está crucificándose este gesto
    sobre el pedernal desollado
    en que colocan tu cadáver.
    Hazme una señal.
    Repliégame entre los alcatraces
    para despedazarme de a poco.
    ¡Mamparas anómalas del hambre,
    pezones cortados en la guerra!
    Te recogerían, lo sé, aquellos súbditos
    con sus sacos de lluvia
    como al dios de la leyenda,
    o tal vez como a Lázaro en el alba del terror.
    Espumarajos salen de esta boca.
    Incrústame, coagúlame
    en el ruinoso zaguán de los exilios.
    ¿Toda plegaria es un perverso guijarro
    contra la pasión y la fuga?
    La vagabunda tiene el cuerpo de los profanados.
    ¿Han de envolverla, al fin
    con las fisuras de mi transparencia?
    ¿Cómo un quejido entre las risas?
    Curtida en el sordo ronquido de la emboscada,
    invadida por tenues mareas de otro adiós,
    escupe el veneno hasta nosotros.
     
     
    EN EL ÓVALO CLARO

    (Kandinsky, 1925)

    El viejo animal se revuelca en los charcos.
    La lluvia trae historias de ahogados
    y no hay, no habrá testigos.
    ¿Con qué pelaje aguardo el alba de mis noches?
    ¿En qué lindes seré intruso de un carnaval de piojos?
    Farfullan los huéspedes.
    Cantas con los escombros
    para adormecer la navaja.
    Díganme ahora si el disfraz
    preside las sesiones.
     
     

    ARRANCADA EN LOS JARDINES DE SCHOUBRACH

    ...una rosa arrancada en los jardines
    de Schoubrach.
    Nerval, Aurelie
    Música de altas ciudades


    Telas sobre la prohibición, sobre la lucidez.
    ¿Por qué interrumpen cuando la voz se suelta?
    Siempre la multitud uniría el grito a la danza.
    ¡Qué delicioso comprender la vejez de tus mayores
    casi junto al sepulcro!
    Cuando soy yo el que alarga su sombra,
    esta sombra, las guirnaldas del pozo
    enervan determinados recovecos
    donde desaparecer.
    Las raíces regresan para incrustarse
    en el marfil de las premoniciones:
    ¿será blanco ese umbral?
    ¿Habrá agujeros cayéndose
    al mismo tiempo que los cuerpos?
    ¿Encontrarás arcoiris para profanar tu olvido?
    La madriguera -al instante- es un caleidoscopio.
    Y es el color de los despojos quien rearma
    la figura entre los intersticios.
    Y es así como se abren los sellos
    en medio del relámpago,
    a fin de saber la bendición
    cuando arrojas las llaves a la tierra.
     
     
    SE LEVANTA CON DESPOJOS

    Hay restos de la fiesta, monedas caídas:
    el corazón trasvasado por todas sus edades
    y la cruel raíz que no se nombra.
    Nadie apresura el sustento
    ni alza un desconfiado cuchillo
    por el rostro espía de la vagabunda.
    Giran los astros sobre las ciudades.
    Los hocicos husmean.
    El marfil amarillo de estos cráneos
    llena el foso de quien creyó y del réprobo.
    Así el perverso y el rico
    nadan en un mar insaciable.
    Así las vendas que elegiste.
    Así el aceite de las premoniciones.
    Así los hierros.
    Así el joyel y la misericordia.
    ¿Quién sacia  su herida
    con el cristo de barro
    manando leche y sangre,
    apenas extranjero ante sus dádivas?
    ¿Qué reclama el vapor
    de estas máquinas de hastío?
    ¿Vomitarás la multiplicada ración?
    Alábate por lo que no serás,
    hambrienta luz.







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