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   ARÉVACOS - Nº 0   
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San Pedro de Osma, fundador y patrón de El Burgo de Osma

por José Vicente de Frías Balsa


La repoblación del Valle del Duero fue encomendada, por el rey Alfonso VI, al conde de Lara, Gonzalo Núñez, quien, el año 1089, se titulaba tenente de Osma. Años antes, el 912, Gonzalo Téllez había repoblado -acaso sin resultados positivos- la ciudad, nombrándose obispo de Osma a D. Silo, monje que vivía en las montañas de Arlanza.

La frontera de la marca media, entre musulmanes y cristianos desplazada del Duero al Tajo, se consolidó a raíz de la reconquista de Toledo, el 25 de mayo del 1085; si bien el año 1011 tuvo lugar la retirada de las tropas agarenas de la geografía soriana, quedando Osma y otras plazas fuertes incorporadas a las tierras recuperadas a los musulmanes. Desde ese momento las tierras de Soria dejaron de ser escenario de sangrientas batallas y sus pagos lugar de fatigas, devastaciones y adversidades.

Ante la nueva situación, las autoridades eclesiásticas se plantearon la misión evangelizadora de la Iglesia en los terrenos reconquistados, aunque la espiritualidad de la antigua diócesis de Osma se conservó. como el fuego entre las cenizas, en las comunidades mozárabes. El concilio de Husillos, de 1088, delimitó los términos geográficos del obispado de Osma y procedió a restaurar la sede episcopal. El Papa Urbano II, el 3 de mayo de 1099, emplazaba al arzobispo de Toledo, D. Bernardo, para que, en el plazo de tres años, como máximo, nombrase obispo residente para la diócesis de Osma. Así las cosas, el año 1101 se hallaba al frente de ésta el que fuera monje benedictino en la abadía de Saint Orens y, más tarde, arcediano de Toledo, Pedro de Bourges o Pedro de Bituris, quien siendo un sol en su vida y costumbres, renovó los ánimos, ajustó los límites, restableció el culto y recobró esta Iglesia su antiguo lustre y honor para mucha gloria de Dios, como dice Bernardo de la Torre.

Pero cuando Pedro de Bourges llegó a estas tierras no erigió la nueva diócesis en la vieja ciudad de Osma -que había tenido obispos durante la invasión árabe, si bien se había perdido su memoria. y otros fueron titulares en el exilio- sino que lo hizo al otro lado del río, en la margen izquierda del Ucero, donde encontró dos monasterios. El de San Miguel, que se sometió, cum consilio de barones de Oxima, al de San Pedro de Arlanza el año 1063 y en el que moraban Fortes, Martinus -¿el miniaturista de El Beato de Osma?-, Joannes, Julianus et Romanus. Y el de Santa María, en el que restableció la sede episcopal.

Detalle de la estatua de San Pedro de Osma, en la Diputación Provincial
obra de Collaut-Varela


Pedro de Osma, al tomar esta decisión, puso la levadura que, alrededor de esos dos monasterios, hizo fermentar la masa que dio origen a El Burgo de Osma

cuando allí, ni catedral
se erguía ni había nada
de aquella que los antiguos
en su suelo edificaran.

El nuevo obispo, en versos de Agapito Alpanseque Blanco, comenzó a levantar, no sin pocos contratiempos, sobresaltos y adversidades, la catedral de Osma, viviendo, en el ínterin, en el monasterio de Santa María, del que sus monjes fueron los primeros canónigos. Y

fue tanto el gozo del pueblo
y fue su alegría tanta
porque Dios a tal varón
por su Obispo deparara,
que, a gritos, regocijado, 
sin cesar; dábale gracias
y a San Pedro, cual pupila
de sus ojos le guardaba

A partir de ese momento, y poco a poco, como se escribe la Historia, lo que era un barrio se convirtió, gracias al quehacer de sus moradores, bajo el amparo del báculo y la mitra y con el apoyo de los privilegios reales, en una floreciente villa que enterró el cadáver de inmortal Úxama y dejó en una discreta penumbra a su legítima antecesora, la ciudad de Osma.

Murió Pedro de Osma el día 2 de agosto del año 1109, en Palencia, de enfermedad de peste, cuando asistía, en Sahagún, a los funerales del rey Alfonso VI. Por deseo del prelado oxomense sus restos mortales se llevaron a la catedral de Osma, donde fueron inhumados para, en tiempo del obispo D. Gil (1246-1261), impulsor de la devoción al Santo, ser trasladados al sepulcro policromado y, más tarde, en 1551, a la capilla que lleva su nombre.

Su fama de santidad y de milagros -en vida y después de muerto- traspasó las fronteras de la diócesis, comenzó a dársele culto público y a dedicarle capillas -catedrales de Baeza, Jaén, Toledo...- y en los libros litúrgicos de las iglesias de Ciudad Rodrigo, Salamanca, Santiago de Compostela, Toledo... tenía rezo propio. Por si fuera poco, el 10 de enero de 1259, el obispo de Córdoba, Fernando de Mesa, concedía 40 días de indulgencias a los que visitasen, en la catedral de Santa María de Osma, el cuerpo de San Pedro, el día de la conmemoración de su muerte y el 12 de noviembre, fecha del traslado de sus restos al nuevo sepulcro.

La villa de El Burgo de Osma recibió grandes favores por la eficaz intercesión de San Pedro de Osma. Sus moradores le tomaron como patrón y a él acudieron el labrador pidiendo bendiciones para obtener frutos del campo; el industrial para realizar bien los negocios; el militar para salir victorioso en la campaña; el estudiante para tener éxito en sus exámenes y el monarca para acertar en el gobierno de la nación.

 

Retablo de San Pedro de Osma, en la Catedral de Jaén
obra de Pedro Machuca


La conmemoración de su tránsito se comenzó a celebrar con solemnes cultos en la catedral y, paralelamente y después de los oficios litúrgicos, se instituyeron, como se refleja en su sepulcro, otros actos de esparcimiento y regocijo popular que, con el correr de los tiempos, vinieron a cristalizar en corridas de toros y representaciones teatrales.

Pasaron años y años y, como señal de pervivencia de la figura de San Pedro de Osma en la villa de El Burgo de Osma, cabe recordar, aquí y ahora siguiendo a José Ignacio Palacios, su presencia continuada en las solemnidades litúrgicas. Uno de los aspectos más sobresaliente de la actividad de la capilla de música de la catedral de Santa María de Osma fueron los villancicos, que ocupaban los actos culturales en las festividades de Navidad, Corpus Christi y San Pedro de Osma y eran los únicos que se cantaban en castellano.

Este género musical, en el caso de San Pedro, perduró hasta mitad del siglo XIX. Caben destacar los villancicos compuestos por los maestros de capilla Bernardo Andrés Pérez (1761-1827): Nuestro Dios eterno (1790), Si oí el clarín de la fama (1791), En dulce armonía, acentos resuenen (1792), Aunque Padre, Fiel Piadoso (1795), Frescos vientecillos, céfiros suaves (1799), Pueblo de Osma, el más feliz, Quién no admira, quién no halaga (1811) y Qué contento, qué alegría (cantado por segunda vez en 1820). Miguel Hilarión Eslava y Elizondo (1807-1878): A ti, carmelitana, Madre del Pecador; Calmen los aires, paren los vientos y Nubecilla del Carmelo. Y Alejo Sierra (1779-1851): Qué contento, qué alegría (1835), Con razón, Pedro excelso y sacrosanto (1842), Con dulce entusiasmo (1845). Cantad, ciudad ilustre (1846) y Cantemos acordes, con dulce solar (1851).

Hay que dejar constancia, también, de la devoción del pueblo a su patrono y fundador puesta de manifiesto en el troquelado de una medalla de bronce, de forma elíptica, con grafía lineal. En el área de una de sus caras se halla representado San Pedro, de pie, con todos los atributos pontificales y la inscripción: SAN PEDRO OBPO DE OSMA. En la otra, la patrona de la villa, NRA SEÑORA DEL ESPINO D. OSMA. En el exergo, anverso y reverso, ROMA.

Tampoco hay que olvidar que el año 1727 el Cabildo acordó que siguiera la costumbre de echar las aleluyas por los agujeros de las bóvedas el día de Sábado Santo. Se trataba de unas litografías -de F. Pérez y de Castel- representando al Santo Cristo del Milagro, la Virgen del Espino, Santo Domingo de Guzmán y San Pedro de Osma. Costumbre que perduró, si bien dándolas en mano, hasta principios de este siglo.

Referente a las reliquias del restaurador de la diócesis, sabemos que la cabeza del Santo se procesionaba, allá por 1548, junto con las reliquias de Santa Domitila, San Nereo y San Aquileo. Y en 1566 se hizo rogativa, con ella, a la ermita de San Lucas, junto a la Universidad. En 1610, el busto del obispo, junto con el pomo de sangre del Santo Cristo del Milagro, se llevaron a Aranda de Duero donde el príncipe, más tarde rey Felipe IV, se hallaba gravemente enfermo por la malignidad de las calenturas que padecía. Nuevamente; en rogativa a Osma, en 1614 se saca la reliquia en petición de mercedes. Pocos años después, en 1659, fue testigo de los últimos momentos del Venerable Juan de Palafox y Mendoza. En 1792 se reconocieron los restos de San Pedro, acordándose hacer un arca nueva, de jaspe, repartiéndose reliquias menudas de polvo y restos de vestidos.

 

Capilla del restaurador de la diócesis, en la Catedral oxomense,
cuando su sepulcro estaba en el crucero.


El Cabildo, el 5 de octubre de 1589, solicitó a Roma la aprobación del rezo del San Pedro de Osma y en 1686 pidió se extienda a toda España. En 1619 la curia romana había requerido datos sobre la vida de San Pedro, se supone que para la aprobación del rezo. Años atrás, en 1601, la colegiata de Vitoria demandaba el rezo, creyendo que el Santo era natural de aquella ciudad. Los capitulares contestaron informando de lo que hacían en Osma para fomentar su devoción. La misma colegiata, en 1629 y en 1752, solicitó más detalles sobre el asunto.

En este capítulo no está de más recordar que, el 1 de agosto de 1613, se documenta la existencia de la cofradía de San Pedro de Osma y de Santo Domingo de Guzmán, del gremio de labradores, que existía desde el siglo XVI al edificarse la capilla del primero en el crucero de la catedral. Antes de hacer el traslado del Cuerpo Santo a ésta el prior Sarmiento marchó a Roma con el fin de conseguir autorización para hacerlo y en el aniversario de la traslación, el capellán de San Pedro de Osma debía dar a cada capitular, el año 1572, un cuarto de carnero, pan y vino; ofrenda que más tarde pasó a percibirse en dinero.

La cofradía -que se reunía en la sala y casa con título de San Pedro de Osma- pervivió, al menos, hasta el siglo XIX, como lo demuestra el hecho de que, el 23 de marzo de 1840, Juan Manuel Ortega, vecino de Lodares de Osma y mayordomo de la fábrica de su parroquial, pusiera pleito de despojo a los hermanos de la cofradía. Afirmaba que, en la iglesia del lugar, existió un cuadro de San Pedro de Osma que José Cabrerizo, siendo párroco de Valdenarros y Lodares, cedió a Joaquín Mínguez, capellán del número y coro de la catedral y arcipreste de Osma, quien, al parecer, le dio a la hermandad. Los cofrades -que aseguraban poseerle pacíficamente desde hacía más de 34 años- se personaron en la causa, entablada en el tribunal eclesiástico, si bien al final volvió a su lugar de procedencia.

Referente a las actividades profanas que tenían lugar con motivo de la festividad del patrono principal de la diócesis y, a la vez, fundador de la villa de El Burgo de Osma, cabe reseñar dos: las que giraban en torno al toro y las llamadas danzas y comedias.

En el primero de los casos hay que dejar constancia de la queja presentada al rey Felipe II por el concejo, justicia y regimiento de la villa, porque el obispo, Martín Garnica, en 1590, pretendía estorbar las corridas de toros amenazando a los que en ellas participaran con la excomunión. El monarca le ordenaba no se entrometiese en conocer más del dicho negocio y causa.

El 7 de julio de 1600, ordenó el Ayuntamiento que para la fiesta de San Pedro de Osma, que es a dos de agosto, Patrón de esta villa, hagan se traigan toros de donde otras veces se suelen traer para regocijo de la dicha fiesta. En 1608 mandó que Jorge de Ortega y Francisco de Salas, diputados, aderezasen el corredor para que el Ayuntamiento viese los toros y que los alcaldes hablasen con el obispo -fray Enrique Enríquez- para que determinase cuándo habían de correrse los astados. El año siguiente los encargados del aderezo del corredor fueron Jorge de Ortega y Melchor de Torres.

El 8 de junio de 1611, acordó la corporación comprar un toro que sea muy bueno. que se correrá junto con los otros cuatro que tenía la villa. En 1613 el encargado de buscarle será Gaspar Muñoz y se delega en los regidores hacer barreras y tablado para el Ayuntamiento y hacer traer arena a la plaza para la dicha fiesta de San Pedro. Pero el 19 de julio se ordena a Francisco de Salas vaya a la Villa de Almazán o Velamazán por un buen toro para la fiesta de San Pedro atento que uno que estaba adamado de Berlanga no ha contentado.

Los acuerdos tomados por el Cabildo catedralicio también dejan constancia de este tipo de esparcimiento, remontándose sus noticias al 11 de agosto de 1584 cuando informan que el provisor del obispado -en tiempos de Sebastián Pérez- había procesado a algunos capitulares por ir a ver los toros, que se corrían en la plaza de la catedral. Felipe II ordenó al obispo no impidiese correrlos en la fiesta de San Pedro de Osma obispo que había sido y patrón de ese obispado.

 

Plaza de la Catedral, donde se corrían los toros 

 

En 1617, 1622, 1624 y 1625 ordenan, se haga un tablado para que los capitulares viesen los toros y, como se venía haciendo, celebrar una merienda de dulces. En 1650 y 1652 nos informan que el Cabildo contribuyó con un toro a la corrida que daba la villa el día de San Pedro de Osma. En 1679 es el Ayuntamiento el que invita al Cabildo a colaborar en la fiesta taurina, fuegos y farsas. Y en 1792 la corporación municipal se quejaba de que un canónigo había herido a un toro, que se desangró y murió.

La otra actividad lúdica se ponía de manifiesto en las representaciones teatrales. Por parte del Ayuntamiento, el 31 de julio de 1608, se comisionó hacer comedias para la fiesta de San Pedro y poner el tablado y los bancos para la corporación. En 1611, que se haga para dicha fiesta una buena comedia además de un par de danzas, una de niños y se encomiende al maestro y otra de mozos. El año 1613, que se pidiese al maestro de niños hacer una buena danza y se le pague su trabajo. En 1614, se encargó a Jerónimo de la Flor, secretario municipal, hacer una comedia por la que pagarían 250 reales; ordenándose, además y para atraer visitantes el día feriado, dar a los panaderos de la villa 200 fanegas de trigo, a 18 reales cada una, para vender el cuartal de pan cocido a los vecinos a 28 mrs. y a los forasteros a 24 maravedíes.

En este mismo orden de cosas, el 30 de junio de 1617, Alonso de Cárdenas propuso al Ayuntamiento que un amigo suyo le había enviado una comedia compuesta de la vida del Señor San Pedro, Cuerpo Santo, obispo que fue de este Obispado... y que le parece seria bien que la dicha comedia se hiciese para el día de su fiesta el presente año. Acordaron buscar personas que la representasen y el gasto que necesario se hiciere sea por cuenta de esta villa.

Pero el Cabildo no iba a la zaga y hasta tenía, al menos desde 1587, trajes para los artistas y el necesario menaje para la escenificación. Material escenográfico que, en algunas ocasiones, prestó a distintos organismo o instituciones que lo solicitaron. Si en 1608 no autorizó hacer la comedia en la iglesia, por ser el tema profano, posteriormente alguna se debió representar en el claustro catedralicio. En 1622, permitió hacerla delante del coro, pero en 1624 ordenó que fuera en el transcoro, caso de no tratarse de un auto sacramental. Diez años después, los capitulares decidieron dar cierta cantidad para los gastos que hacía la villa en las comedias de San Pedro de Osma.

El 6 de julio de 1652 acordaron llamar a los comediantes que estaban en Berlanga de Duero para actuar los días de San Pedro y Santo Domingo. Y el mismo día y mes del año 1584 informan que, en San Pedro de Osma actuará una compañía que se hallaba en Segovia.

 

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