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   ARÉVACOS - Nº 1   
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MANUEL HILARIO AYUSO,
NACIDO EN LA CALLE LIBERTAD

por Jesús María Latorre Macarrón


Diputado a Cortes, periodista, abogado, filósofo, antropólogo, historiador, maestro, catedrático, poeta, músico... la relación de dedicaciones de uno de los burgenses más distinguidos del siglo, Manuel Hilario Ayuso Iglesias, se hace interminable. Ningún otro soriano mereció, como él, media página en la edición de 1930 de la Enciclopedia Espasa. Y sin embargo, su figura ha pasado de puntillas por la Historia reciente, en parte por su inconveniente y exaltado republicanismo, con su arrepentimiento posterior, en parte por su personalidad egocéntrica y a todas luces contradictoria.

 

Manuel Hilario Ayuso

 

La Espasa, precisamente, se hizo responsable de un error que luego se reprodujo en alguna otra enciclopedia, el del lugar de nacimiento de Manuel Ayuso, que según los autores de la ficha correspondiente fue Atenas. Estos agarraron por los pelos unos versos autobiográficos -"Aunque ateniense por mi fe y por mis bríos, / nací en la Hesperia triste, / nací en tierra de fríos" y se lanzaron al agua sin leer el final de la estrofa. El 14 de enero de 1880 nació, en realidad, en El Burgo, en la calle Libertad, actual Marques del Vadillo.

Aquellos versos venían en un libro suyo de 1914 donde de forma clara se manifestó el egocentrismo de Ayuso ("Si mi cerebro es cobre -escribía allí-, mi voluntad es oro; sueño continuamente que mi alma es un tesoro...") Con Helénicas subió, como pretendía, al Olimpo literario, pero mucho más por los méritos de su prologuista, Antonio Machado, que por los suyos propios, porque la obra todavía hoy es fácil de encontrar en las librerías de viejo. De todos modos, algo debió ver en su persona el poeta sevillano, porque así lo describió en aquel prólogo:

"Bien se ve que a Ayuso no le basta rendir culto a la belleza y a la sabiduría. Este viajante, en meetings y en discursos, y este doble doctor, piensa, acaso, que la conciencia y la justicia no son un privilegio de casta, y busca a los pobres, a los desheredados, y les revela con palabras de fuego toda iniquidad que padecen (...). De la política, de la filosofía, de su contacto con el pueblo, de sus luchas con los caciques, de sus viajes a través de las tierras de España, de su alma y de su vida, en suma, saca Ayuso la materia que transforma en poesía".

Manuel Hilario era hijo de Luis Ayuso Peña, diputado conservador por el distrito durante dos legislaturas. Y, fuera a causa de la acomodada posición de la familia o por su indudable capacidad personal, mostró una precocidad encomiable: A los 13 años montó, en el Instituto de Soria, dos o tres periodiquillos artesanales que le originaron algún disgusto con sus profesores. A los 18 era el factótum del semanal burgense Los Apuntes y a los 21 alumbró, junto con el impresor de la capital Abdón Pérez, Soria Nueva, un periódico progresista que alcanzó la mayor tirada de la provincia. En 1906 formó parte del equipo fundador del influyente Tierra Soriana, durante unos meses diario. Años adelante creó y dirigió La Idea (1918-1922), un semanario republicano que llegó a los nada despreciables 2.000 ejemplares.

 

Portada de "Helénicas"


Además de su valiosa dedicación periodística. Ayuso, doctor en Derecho. ejerció de abogado en varios pleitos célebres, y en uno de ellos, con su anticlericalismo al fondo, se enfrentó con éxito al ex ministro Juan de la Cierva. Como maestro y luego catedrático de Instituto y de Universidad, impartió clases en media docena de ciudades españolas, incluida la Escuela de Criminología de Madrid. En calidad de doctor en Filosofía publicó al menos dos libros sobre la especialidad. Ejerció de paleógrafo e historiador al desenterrar El manuscrito de Martel, donde se trata de la fundación
de la ciudad de Soria. Presidió la Sociedad Española de Antropología e ideó un laboratorio portátil, el antropómetro Ayuso, que el Ministerio de Instrucción Pública declaró "de interés relevante". Aún tuvo tiempo de componer varios valses y una jota...

Con todo lo anterior -que él en persona o sus allegados se encargaron de airear-, fue su actividad política la que en mayor medida marcó su vida. En 1903 fue representante de España en la Exposición Internacional de Atenas, y más tarde secretario de la Junta Reformista de Instrucción. En 19 14, siendo catedrático del Instituto de Montilla (Córdoba), es elegido diputado por esta circunscripción con el Partido Republicano. De ese año es una de las críticas más demoledoras que Ayuso recibe en su vida. En una crónica parlamentaria para ABC, Wenceslao Fernández Flórez le llama demagogo y le rebautiza como "Don Hilaridad". El escritor gallego ironiza sobre sus palabras y sus gestos durante un debate acerca de una cuestión que el burgense reconoce ignoran "¿Cómo se explica -se pregunta F. Flórez-, cómo se disculpa la audacia de estos hombres que hablan en un Parlamento de asuntos que ellos mismos confiesan no conocer. (1)

 

 

Manuel Ayuso, pese a lo anterior, repite acta por Montilla en 1916 y 1919. Sin abandonar sus polifacéticas actividades ni su republicanismo, en 1923 se presenta por su villa natal y, contra todo pronóstico porque se opone al Gobierno de turno y a la Iglesia, resulta elegido. Mucho más que su representación parlamentaria, que a los pocos meses fue abortada por el levantamiento de Primo de Rivera, duró un rótulo que sus seguidores plantaron en los soportales de la Plaza Mayor, enfrente del Bar Capitol: "Vota a Ayuso". Allí era posible leerla hasta hace tres años.

Entre 1923 y 1931 continúa con su cátedra y sus pleitos, la política y el estudio: entre otras actividades realizadas desde la cárcel, por la que ahora pasa por segunda vez, en 1929 prologa la traducción de la célebre disección del comunismo que hizo Jacques Lyon en La Rusia soviética (ahí su frase "continuaré propagando la libertad individual como fórmula eternamente nueva de la dinámica humana", de la que da cuenta el periódico madrileño El Nuevo Régimen).

1931 es el año de la II República y, por tanto en él ha de ver culminadas sus aspiraciones. Y sin embargo, es el año en que comienza su último cargo político, el año que conforma el declive de sus republicanos federales, escindidos del Partido Republicano, el año de un nuevo Régimen que acabará asqueándole. Concurre de nuevo, ahora con circunscripción provincial, y sale elegido diputado con un alto porcentaje de votos. Desde su escaño, aporta todavía varias sugerencias a la nueva Constitución, referidas a la Ley del Divorcio, al voto de las mujeres, al marco jurídico de las autonomías o a la Supresión de la pena de muerte. Como soriano pide ayuda para Castillejo de Robledo, destruido por un temporal, solicita una carretera hasta las ruinas de Tiermes o reclama una estafeta de Correos en la capital (algo parecido había hecho cuando representaba a Montilla, sin olvidar a ésta, al promover la demolición de las ruinas del castillo de San Esteban de Gormaz o al defender el mantenimiento como laica de la escuela de Chércoles).

En noviembre de 1933 aún concurre a la arena política por Soria y obtiene el mayor número de votos de su trayectoria en las urnas, pero no logra el acta. Tropieza con sus residuales correligionarios del Partido Republicano Federal, discrepa de los gobernantes del Bienio Negro y parece que acaba rechazando la República misma, para exilarse en París exactamente en el verano de 1936. Allí vive los años de la guerra y desde allí, según algún estudioso, realiza gestiones en favor de los allegados que están a un lado u otro de las trincheras.

Sus últimos años solamente se conocen merced a un demagógico trabajo publicado bajo seudónimo por Hogar y Pueblo en 1948. De acuerdo con su albacea X.X., Manuel Hilario Ayuso, el viejo republicano y anticlerical, regresa a Madrid, al término de la contienda, alabando a Franco, acudiendo a misa y confesándose, leyendo el Kempis y Vidas de Santos. En su cátedra de la Universidad Central está depurado, pero acepta encargarse de la Biblioteca Universitaria. Hace testamento y destina una parte de sus bienes a fundar una catequesis destinada a los alumnos de Medicina y Filosofía, "los más expuestos a perder la fe".

Dos derrames cerebrales -uno en Valladolid, donde había acudido para consultar el archivo de Simancas, y otro en Madrid- acaban con su vida el 20 de septiembre de 1944. En un pequeño cementerio al sur de la capital reposan sus restos y los de sus familiares próximos. En la lápida, el burgense nacido en la calle Libertad, el hombre de las mil dedicaciones, figura sólo como catedrático.

 

(1) Esta crónica está recogida en la obra de Fernández Flórez Impresiones de un hombre de buena fe (1914-1919), editada por la Colección Austral (Madrid, 1964). Casi todos los restantes datos sobre el personaje proceden de la amplísima biografía Manuel Hilario Ayuso, un burgense converso y olvidado, que me encargó la revista Celtiberia para nº 87, de 1994.

 

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