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   ARÉVACOS - Nº 1   


Editorial

¿Por qué "ARÉVACOS"?


Con dos contestaciones hemos de responder a esta pregunta. Algo así, como el impulso o razón que han motivado la aparición de esta publicación y, además, lo que ha hecho que nos decidiéramos por este título o denominación. A las dos contestamos para dejar claras estas justificaciones, llevados de la mejor intención de transparencia e información.

Han transcurrido casi 4 años desde que, al menos legal y oficialmente, nació la Asociación para el Progreso y Desarrollo de El Burgo de Osma y su Comarca. Concretamente el 12 de Abril de 1996, que fue inscrita en el correspondiente Registro de la Junta de Castilla y León y visados sus Estatutos.

No vamos a hablar de lo que ha pasado en este tiempo porque nos saldríamos del fin u objeto que nos hemos planteado. Pero como toda Asociación, naturalmente, tiene el propósito de unos fines que cumplir. Pues bien, dentro de esos fines se encuentra el que transcribimos de la letra h) del artículo 4 de nuestros Estatutos, que dice: "Impulsar y divulgar todo tipo de publicaciones relacionadas con los propósitos de la Asociación y de forma especial la de un periódico o boletín que, además de ser órgano de la misma, se ocupe de la divulgación de nuestros valores, sirva de cauce para exponer ideas e iniciativas y vínculo de unión para cuantos residen fuera de esta tierra."

Está claro que una de las intenciones "canalizar ideas e iniciativas" implica que ARÉVACOS está abierto a toda idea e iniciativa que se remita por sus lectores siempre, claro está, que encaje dentro de los fines de nuestros Estatutos que, en síntesis, es todo cuanto redunde en interés general de la comarca. Planteamientos personalistas, o de otro tipo, no tienen aquí su encaje.

No hay que hacer alarde de una gran imaginación para ver lo atractivo de esta idea. Disponer de un medio que se ocupe de nuestras cosas, que permita canalizar ideas e iniciativas, que pueda realizar una crítica seria y constructiva y a la vez contribuya a tener más cerca de cuantos residen fuera.

Tratar de cumplir con este fin de los Estatutos. puede afirmarse que contesta una parte de la pregunta queremos aclarar que no pretendemos ni una publicación estrictamente científica ni tampoco unos baratos ecos de sociedad, sin que esto suponga bajar el listón del rigor y la calidad. Queremos una publicación en línea con unos objetivos de otro alcance, pero bien entendido que no todo depende de la buena voluntad y el esfuerzo de unos pocos, sino que necesitamos el apoyo de muchos que aún no han llegado. Apoyos que han de materializarse inscribiéndose en la Asociación, "apuntarse" como diríamos en lenguaje más coloquial, tratando de ver el espíritu que nos guía o informándose de las dudas que se les ofrezcan y, si es posible, participando en sus tareas.

Si no contamos con esa participación, si somos tan miopes que no vemos que esta iniciativa es positiva para todos, si no nos sacudimos el egoísta individualismo que tanto daño nos ha hecho, caminando cada uno por su lado tantas veces sin fines concretos y con el único pensamiento de no "mojarse", esta idea, por hermosa que sea, se nos puede morir por falta de unos recursos mínimos, y a los que hemos puesto las primeras ilusiones, sólo nos quedará el regusto amargo de haberlo intentado.

La segunda contestación, es consecuencia obligada de la primera. Si nace una publicación, es obligado bautizaría. Habrá que ponerla un nombre.

Llegado este momento, cuando la ilusión ya casi te hace ver aquéllo que deseas y empiezas a pensar cómo llamarla, surgen numerosos nombres naturalmente inspirados en lugares oxomenses o burgenses: "Calle Mayor, El Uxamense, Plaza Mayor, La Torre, Tierras Burgenses, etc." Y, con independencia de que algunas no podrían utilizarse por estar registradas, sí la denominación ha de tener una estrecha vinculación con esas futuras páginas y ha de contemplar el ámbito territorial al que queremos dedicarnos, que naturalmente quiere ir más lejos de lo que propiamente es El Burgo, convencidos que, cuando se piensa en positivo, es mejor sumar que restar, y esa suma de intereses será beneficiosa para todos. ¿Es que razonablemente pueden existir colisiones serias con lo que conviene a ese entorno de unos treinta y cinco kilómetros, que tantas cosas tenemos en común? Incluso aquellos que están un poco más separados, supongamos La Vid y Peñaranda, apenas nos separan treinta escasos minutos y nos unen elementos comunes, afectos e historia?

El camino no estará limpio de obstáculos y habrá que vencer aldeanismos estériles y quizás sea oportuno recordar aquí el verso de Machado, que creo recordar dice aquello que "desprecian cuanto ignoran".

Esta tierra nuestra, a la que queremos llevar esfuerzos e ilusiones, hace aproximadamente dos mil quinientos años, estaba ocupada por los Arévacos que eran gentes que amaban su independencia. Este pueblo celtíbero trabajaba la agricultura y la ganadería y algunos historiadores nos hablan de la fama de los caballos de Uxama. Pero también tenían sus industrias: tejían buenas ropas de lana, curtían el cuero y fabricaban instrumentos, utensilios, armas y adornos, de hierro, cobre, plata y oro. Vivían en castros como el de Uxama -"ciudad situada en lo alto"- que, por sus comunicaciones, servicios y habitantes fue la más importante de la provincia, a pesar de que la incuria, sobre todo la de aquellos que desde el estamento oficial estaban más obligados, y nunca mostraron el interés que la debieron prestar.

Pues en esas alturas, en ese pueblo, es donde se hunden las raíces históricas y culturales de estas tierras. De ahí que se haya elegido el nombre de ARÉVACOS.

 

 

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