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   ARÉVACOS - Nº 2   
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Arévacos de ayer

REMEMBRANZA DEL POETA AFABLE
MORENAS DE TEJADA

por José María Martínez Laseca

Fue, sin duda, un intelectual interesado por los más variados fenómenos de la cultura de su tiempo. Polifacético en cuanto a escribir se refiere. Con sólo diecinueve años ya había publicado un artículo opinando sobre el futurismo que preconizaba Marinettí. Empero, si algo transcurrió a gran velocidad fue su propia vida. Pese a todo, aún le dio tiempo a hacer algunas cosas de especial interés Entre ellas señalamos su creación poética de corte modernista. Porque supo cantarle con cariño, El Burgo de Osma le corresponde y lo celebra como uno de sus poetas adoptivos.

 

Gonzalo Morenas de Tejada

 

A guisa de etopeyas, algunos de sus amigos, de aficiones comunes y de charlas, le dedicaron poemas, que eran sonetos en los más de los casos. De éste, que le compusiera Juan José Llovet, extraigo el primer cuarteto para entrever el espejo de su alma e ir así mejor conociéndolo:

Tiene su rostro pálido, la cínica sonrisa
de un sutil y elegante cardenal italiano
y un resplandor de oro luzbelino y malsano
en sus ojos intensos e inquietantes se irisa.

A este personaje, que frecuentaba El Burgo de Osma, lo tuvo siempre muy mitificado en la memoria el político, precursor de nuestra libertad, e insigne poeta oriundo de la villa, Dionisio Ridruejo. Así evoca en su póstumo libro "Casi unas memorias" a este "hombre de letras" al decimos que, niño aún, le causó una inquieta y admirativa curiosidad:

"Se trataba del poeta y periodista Gonzalo Morenas de Tejada. Era un hombre grueso que llevaba una pierna ortopédica y solía llegar al bar de la plaza montado en un cochecito "baby" muy ruidoso y verdaderamente diminuto. (...) Los canónigos del Burgo casi se santiguaban al verle, pues "olía a azufre" o, como suele decirse también era "de la cáscara amarga". En rigor militaba en el Partido Comunista, (...) Tratado de cerca era una persona penetrante. Durante un verano, mi madre y yo hablábamos con él de balcón a balcón cuando salíamos dc noche a tomar el fresco, pues vivía entonces en la casa vecina. No recuerdo las conversaciones sino su entonación. En realidad no se pensaría que por aquellas fechas fuera posible una comunicación muy fluida entre un antiguo poeta modernista pasado a marxista activo y una presidenta de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Puedo pensar que él hablaba sobre todo de viajes y ella de los pobres y de las flores, (...). Lo que sí recuerdo es que aquellas veladas ponían en marcha mi imaginación y me gustaban. Eran conversaciones en penumbra mientras mirábamos la plaza, todavía empedrada de guijarro menudo, con su pilón redondo en el Centro, donde verdeaban en el agua las babas de los animales abrevados y con su dorado hospital barroco al fondo, cobrizo en la noche."

 

DATOS BIOGRÁFICOS

Por la escasez de páginas, la vida de Gonzalo Morenas de Tejada a lo sumo sería una novela corta, con acción por la aventura de sus viajes, paisajes variopintos, de escenarios y muchos y famosos personajes en contacto con nuestro protagonista.

Nació en Madrid, el año 1890. Sabemos que de muchacho acompañó a su padre Ricardo, que fue un pionero de la arqueología soriana, con hallazgos y excavaciones en los yacimientos celtibéricos y romanos de Uxama, Gormaz, Quintanas y Vildé, lo que le puso en contacto afectivo con las tierras de El Burgo. Fruto de esa heredada pasión por la arqueología son sus estudios de juventud:
Las ruinas de Uxama (1914) y Ciudades muertas y enterradas (1916).

 

Ricardo Morenas de Tejada


Mente inquieta, cientos de sus artículos se divulgaron en periódicos y revistas españoles e hispanoamericanos entonces tan reputados como "La Época", "La Tribuna", "La Esfera", "Nuevo Mundo", Los Contemporáneos", "Arte y Letras", "Por esos mundos", "Grecia", "La Revista Cultural", "La Opinión", "La Gaceta de España" y "La Gaceta de Ultramar", de la que fue su redactor-jefe. También, colaboró en los rotativos sorianos, contando con amigos como Mariano Granados y Benito Artigas, y cuya Asociación de la Prensa, siendo su Presidente Pascual Pérez Rioja, le nombró socio de honor.

Ya con anterioridad, en 1920, el Ayuntamiento de El Burgo de Osma, con su Alcalde Miguel del Amo, en agradecimiento a su campaña en pro de la provincia de Soria, le otorgó por unanimidad un "voto de gracias".

Conocemos que Gonzalo participó con gran intensidad de la vida literaria de su tiempo, aquél de las tertulias en los cafés madrileños. En 1918, Manuel Azaña rubrica su ingreso en el Ateneo de Madrid, del que en 1921 sería nombrado su Primer Secretario de Cultura. Como tal, se le dirigió, en 1921, el poeta. residente en Soria, Gerardo Diego para solicitarle la tribuna de esa institución para su amigo el poeta chileno Vicente Huidobro, que llegaba a Madrid con sus innovaciones creacionistas.

Que también allí encontró nuestro biografiado la mejor ocasión de relacionarse con reconocidas personalidades del mundo de la literatura, como Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, "Azorín", Valle Inclán y Pérez de Ayala, junto al teósofo Roso de Luna, además de otros muchos escritores, críticos y periodistas.

Dictó numerosas conferencias y publicó dos libros de poesía, artículos sobre poética y arqueología, crónicas y relatos e, inclusive novelas y obras de teatro, que recogieron las revistas del momento.

Fue académico Protector Correspondiente en 1917 de la Real Academia de Música, Letras y Declamación. Y el 31 de diciembre de 1909 le concedieron el uso de la placa de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz de Ciencias y Artes.

A partir de 1923, cuando murió su padre, Gonzalo Morenas de Tejada se dedicó con mayor ahínco todavía a lo que constituía su vocación más auténtica: la poesía, para lo que encontró un magnífico refugio en su casa solar de la Huerta de Santillán en la villa episcopal.

Si bien no cabe considerarlo como un escritor comprometido, hay que reconocer que si lo fue políticamente. Así, en 1921 participó en el congreso escisionista que discutió las tesis de la Tercera Internacional. Por ello, el poeta militó en las filas comunistas hasta que en 1925, aproximadamente, decidió solicitar el reingreso en el socialismo para lo que se sirvió de la amistad de Fernando de los Ríos.

Enfermo, murió, con 38 años, el día de San Isidro Labrador de 1928, en El Burgo de Osma, donde yacen sus restos.

 

LA OBRA POÉTICA

Condicionada por su breve existencia, no fue mucha, tampoco, la producción creativa del poeta Gonzalo Morenas de Tejada, ya que la misma se limita a dos libros y a un ramillete de veinticinco poemas dispersos en publicaciones periódicas e inéditos. El primer poemario en aparecer es Las fuentes amargas (1914), cuando su autor contaba 24 años. La cumbre azul (1917), aparecería tres años después.

 

María de los Ángeles Morenas de Tejada



Fruto de su amor filial, María de los Ángeles Morenas de Tejada editó, en 1978, con motivo del cincuenta aniversario de la muerte de su padre una completa Antología poética que es la que en todo momento nos ha servido de referencia para el análisis de sus poemas.

Su lectura -como señala su estudioso y a la vez poeta Leopoldo de Luis- nos trae elementos de la orquestación puesta en marcha por el Modernismo que es refinado, exquisito y estilizado. Se preocupa por la búsqueda de nuevas formas expresivas y el afán por la armonía y la belleza. Así encontraremos versos de varia musicalidad y medida mediante combinaciones de alejandrinos, dodecasílabos, versos de dieciséis con hemistiquios de ocho más ocho y eneasílabos, destacando en cuanto a las formas estróficas se refiere la del soneto de catorce sílabas o alejandrinos.

Los contenidos denotan la insatisfacción del poeta con el mundo en que vive lo que conduce a sentimientos como la melancolía y el hastío y se manifiestan románticamente con la presencia de temas como la tarde o el otoño. Además se introduce el misterio, la fantasía o los sueños. La evasión, la huida por medio del ensueño hacia un mundo de belleza es una forma de escapar de la realidad. Hay elementos de belleza procedentes de diversas culturas: jardines, mitologías, etc., dirigiéndose en el tiempo hacia el pasado por medio de evocaciones históricas o legendarias. Las notas líricas e intimistas se plasman en la manifestación de sentimientos propios como el amor que se mueve desde la idealización al erotismo, dando lugar a poemas de tono desengañado y melancólico ante el fracaso y otras veces de explícita exaltación de los sentidos y festiva complacencia en un deseo de insuperable belleza y placer.

Los libros de Gonzalo Morenas de Tejada fueron acogidos por la crítica especializada no con demasiado entusiasmo, pero sí con estimable atención.

"El Heraldo de Madrid" señalaba que "las composiciones de Las Fuentes Amargas, son en su casi totalidad, dignas de atención por la fluidez, la ternura y la belleza de la forma...", a lo que el periódico "El Mundo " sumaba su favor al decir que: "Cultiva Morenas de Tejada una diversidad de temas poéticos, desde el madrigal hasta la descripción amplia y pintoresca, la miniatura delicada, y el canto guerrero en el cual pone el poeta una grande y apasionada exaltación. El libro, en conjunto, es bellísimo, sobre todo, por que en él alienta, sin ningún género de artificios, una fuerte juventud y un firme entusiasmo artístico."

Para Leopoldo de Luis esta obra ofrece dos vertientes de la poesía de Morenas de Tejada. La primera, impregnada de un lirismo decadente y sentimental que a veces recuerda el desistimiento indolente de Manuel Machado, como se advierte en este fragmento de "Horas muertas":

Yo deseo una casa con ventanas abiertas
sobre un jardín dormido y silencioso y triste
y vivir una vida llena de cosas muertas,
con el aroma vago de lo que ya no existe.

O con influencias claras como la del Juan Ramón Jiménez de "Arias tristes", cuando canta en su "Sonata sentimental" refiriéndose a la mujer como objeto amoroso:

Tú estabas pálida y triste,
tus dulces ojos lloraban...
¡Tú estabas pálida y triste
porque yo no te miraba!

La segunda parte de este libro se adentra en la objetividad descriptiva con sonetos de escenas campestres como titulado "La vendimia", otros referidos a Madrid; "Cantares" y hasta un "Canto de guerra", en claro mimetismo a la "Marcha triunfal" de Rubén Darío al exclamar:

¡Ya suenan las locas
líricas trompetas,
brotan en mil bocas
mil rudos poetas
que cantan con gritos
raros y diversos
los gloriosos ritos
de guerra en sus versos!

De su segundo poemario "La cumbre azul" también se ocupó la crítica de la época. Así, "Noticiero de Soria" señalaba: "Su libro es de versos, pero versos bien sentidos, de fluidez, ternura a la par que nervio, inspiración, dominio del arte y grandeza de sentimientos." Por su parte la revista "Los libros" al referirse al poemario concluía: "confirma que nos hallamos frente a un gran poeta, frente a un poeta digno de figurar en primera línea, por su sensibilidad, por su cultura, por su dominio de la métrica y por la honda psicología, misticismo y ternura que fluyen de todos sus escritos."

Se ha dicho que es un libro más seguro y más sólido, porque en él se revelan mejores lecturas y conocimientos que en el primero. Si va allá Morenas de Tejada. amigo de sus amigos y admirador de los grandes maestros, les dedicaba a los unos y los otros poemas-homenaje al modo de los "Medallones" de Darío o de los "Elogios" machadianos, también aquí hará "Retratos y ofrendas" a poetas como Miguel de Unamuno o Juan Ramón Jiménez, del que expresa:

Es un poeta justo, claro, sonoro, terso,
y nada hay perfumado y azul, como su verso.
Su verso en flor, divino, es transparente y puro
y está siempre entreabierto como el fruto maduro.

Ítem más. Si ya allá se plasmaba, en bello soneto, e! paisaje y las gestas de "Castilla"; acá, repite idéntico motivo y situará un emotivo "Canto a Numancia", que así comienza:

¡Quiero cantar las Glorias divinas de Numancia,
la que en Roma sembrara el furor y el estrago,
la que llegó a la muerte con la mismo arrogancia
con que a la hoguera fueron los hijos de Cartago!

Sin olvidarse para nada del paisaje y paisanaje de El Burgo de Osma, que le brindaron tan generosa hospitalidad, como recoge en su "Loor de la vieja ciudad":

¡Oh ciudad episcopal
con tus hidalgas casonas
y tus porches centenarios,
tu gótica catedral,
donde dueñas quintañonas
van dejando entre rosarios,
junto a los confesionarios,
algún pecado venial..!

Va tu alameda frondosa
entre el cauce de un molino
y las tapias de un convento,
y en tu hora silenciosa
Amor marchita una rosa,
una vieja trenza lino
y un monje exclama: ¡Memento!

Y cuyo ambiente levítico evoca y describe, entretejiendo pareados de forma magistral, en el extenso y delicioso poema titulado "Rimas del otoño místico", sugeridor de las resonancias líricas del mejor Machado realista de "Campos de Castilla"; lo que nos aventura, en gran medida, cómo por este camino hubiera podido avanzar la progresión poética de Morenas de Tejada hasta encontrar su voz más propia y personal. No obstante, eso es algo que ya nunca sabremos, porque a su Doña Vida vencía Doña Muerte. de forma prematura.

Aunque Antonio Machado puso epitafio postrero al modernismo, en 1916, con su poema a la muerte de Rubén Darío al sentenciar: "Nadie esta lira pulse / si no es el mismo Apolo, / nadie esta flauta suene, / si no es el mismo Pan", Gonzalo Morenas de Tejada, en su fervor lírico, siguió insaciable bebiendo "en las puras y violentas aguas por las que fueron las naves de Darío". Junto a otros rubenianos furibundos como Fernández
Ardavín, Lasso de la Vega, Goy de Silva, etc., permanece en el valle que se abre entre las altas cumbres del Modernismo y la Generación del 27. De ahí que sus versos no se sientan palpitar en las antologías poéticas de nuestra literatura española. Sin embargo, "¡Fue un precursor de la poesía de hoy!", en palabras de Dionisio Ridruejo.

Por eso precisamente, porque fue un soñador que supo impulsar su imaginación creativa, yo vengo, aquí y ahora, a recordarlo, a fin de preservarlo en la memoria, y a saludarle y a cantarle, al estilo del mester de clerecía, en tetrástrofo monorrimo o cuaderna vía:

¡Salve, poeta afable! Te rindo mi homenaje.
Cual tú se lo ofrendaste con lírico bagaje
a la vida, a las gentes y a aqueste paisaje,
que a tu paso cansino, brindó eterno hospedaje.

 

* * * * *

 

 

 

 

 

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