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   ARÉVACOS - Nº 7   
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LA INDUSTRIA HARINERA EN EL BURGO DE OSMA
Recuerdos de un pasado no lejano

por Jaime Ransanz Lafuente


Una breve introducción.- El hombre, desde la más remota antigüedad, ha utilizado instrumentos y procedimientos muy variados para la obtención de harina mediante la trituración de los cereales, principalmente del trigo. En muchos museos pueden contemplarse distintos tipos de antiguos molinos manuales. Algunos, incluso aun son utilizados por ciertos pueblos encasillados en eso que se ha dado en llamar tercer mundo.

 

Vista aérea de la fábrica de harinas "La Única" en El Burgo de Osma

 

Uno de aquellos primitivos molinos, compuesto por dos piedras cónicas, quizás inspiró los primeros molinos de piedras o muelas, que consistían en una piedra fija -solera- y una giratoria -volandera- accionados generalmente con fuerza humana o animal. Estas piedras de moler con el tiempo, cambiaron de cónicas a planas.

Los molinos de piedras se fueron perfeccionando, pero puede decirse que no sufrieron cambios profundos a lo largo de más de veinte siglos. Cierto que evolucionaron, pero sus principios o fundamentos se han mantenido prácticamente invariables a pesar del tiempo transcurrido.

Los cambios que experimentaron fueron más relacionados con sus dimensiones y su capacidad de molturación, lo que obligó a buscar otras formas para moverlos distintas de la animal, dando lugar a la utilización del viento o la fuerza hidráulica. Por eso en nuestra tierra todavía pueden contemplarse algunos molinos situados en las orillas de los ríos o en sus cauces.

La industria de la Molinería, aun utilizando las viejas piedras como instrumento de molienda, fue evolucionando principalmente en dos direcciones. Una, en la búsqueda de máquinas para la limpieza del grano, es decir, para la eliminación de las impurezas y semillas extrañas que le acompañan y la otra, en el perfeccionamiento de los sistemas de cernido; es decir la separación de la harina de la cubierta del grano o salvado, lo que no se consiguió hasta la invención del cernedor plano.

La gran revolución en las técnicas de la Molinería, no se produce hasta los últimos años del siglo XIX, cambiando sustancialmente los sistemas de molturación y cernido, con la obtención de harinas de calidad. Y salvando los naturales avances de un siglo como el que acaba de pasar, puede afirmarse que se mantienen los principios de aquéllas primeras fábricas de harinas.

El nuevo sistema de molturación consistió en la utilización de cilindros, en vez de piedras. Esta nueva máquina fue expuesta por primera vez en Londres en 1879. Y el cernedor plano o Plansichter fue inventado en 1887 por el molinero húngaro Haggenmacher. Por ello, hasta la última década del siglo XIX no se instalan las nuevas fábricas de harinas, si bien puede decirse que en las regiones productoras de trigo, como Castilla, se extendieron rápidamente buscando además el aprovechamiento de los saltos de agua, pues entonces no se disponía por aquí de otras energías más adaptables.

 

Fábrica de harinas La Aurora

 

Las fábricas de El Burgo.

No disponemos de información que nos permita fijar fechas exactas de la instalación de las tres fábricas de harinas que se instalaron en El Burgo, por D. Pablo Lagüera y Menezo, por los Sres. Marqués y González y por mi abuelo Nicasio Ransanz Ruiz. Naturalmente, estas fábricas utilizaban para sus turbinas las aguas del río Ucero, pues, como se ha dicho, en aquélla época no se disponía de otra energía. Vieron la luz como fábricas de harinas con los modernos sistemas de molienda, aproximadamente en los años que van de 1895 a 1905, lo que equivale a decir que vinieron con el siglo.

D. Pablo, sobrino del gran obispo que fue D. Pedro Mª Lagüera con el que vino a vivir después de la muerte de sus padres, fue hombre de grandes iniciativas. Construyó la presa de Portuguí, la central eléctrica y la fabrica de harinas. Sabemos que el 22 de Diciembre de 1895 El Burgo se iluminó por primera vez con luz eléctrica, producida en esta central. Fue la primera localidad de la provincia, incluida la capital, que dispuso de este moderno sistema de alumbrado, lo que ya hemos comentado en estas páginas, pero no nos importa repetirlo. Su temprana muerte, truncó grandes proyectos de este burgense de adopción, especialmente dotado para la ingeniería.

Mi abuelo Nicasio, hombre emprendedor y poseedor de una inteligencia natural reconocida por cuantos le trataron, quedó huérfano siendo muy niño y le colocaron en un molino para cuidar de los hijos de los molineros, que naturalmente determinaría su vocación por el noble arte de moler. Se quedó con el molino del Puente (situado junto al Puente Viejo y la Puerta de San Miguel) que más tarde compró a Dª. Matilde Martín de Baraya, esposa que fue del célebre jurisconsulto y Ministro de Fomento, Hacienda, Gracia y Justicia, etc. D. Manuel Alonso Martínez. Este importante político se ocupó también de aplicar la Ley Madoz de 1855 de desamortización, y esta operación es un ejemplo más de cómo los bienes que se confiscaron a la Iglesia, fueron a caer, directa o indirectamente, en las manos de los políticos de entonces.

Comenzó haciendo mejoras en el molino ampliando su capacidad, para después transformarle en fábrica de harinas con maquinaria inglesa de la marca Robinson. (Los ingleses y los suizos dominaban la industria de maquinaria para Molinería).

La fábrica de los Sres. Marqués y González era la mayor de la tres en cuanto a capacidad de producción y también fue instalada por la citada firma inglesa Robinson. Estaba situada en la carretera de San Leonardo, donde aun se puede contemplar lo que queda en aquel lugar.

Era una práctica casi generalizada que las fábricas de harinas, con independencia de su razón social, tuvieran un nombre que reforzaba su identificación y daba cierta imagen de marca. Así la fabrica que fundara el Sr. Lagüera, y que sobre finales de los cuarenta adquirió Abdón Nieto Aragón, giraba bajo el nombre de "Carmen", la de la familia Marqués llevaba el nombre de "La Única" y a la de la familia Ransanz se la denominaba "La Aurora".

 

Grupo de fabricantes, entre ellos Alfonso Marqués, Abdón Nieto y Nicasio Ransanz


Creo que merece la pena dejar constancia
que las últimas personas que dirigieron estas fábricas como buenos empresarios harineros, fabricantes de harinas respetados en todos los ámbitos de sus relaciones, fueron Abdón Nieto Aragón, Alfonso Marqués González y Nicasio Ransanz de Miguel. El primero, incorporado por primera vez a la actividad y los dos restantes como continuadores de los negocios familiares Como muestra de la confianza que merecían estas empresas, y en este caso hablo por la experiencia familiar, los agricultores te dejaban dinero a plazo y se les abonaba un interés al vencimiento. En la empresa de mi familia se pagaba medio punto menos de lo que pagaban las entidades bancarias, y a pesar de percibir menos renta, muchos confiaban sus ahorros. Hay que aclarar que las fábricas de harinas precisaban del crédito para financiar sus operaciones, pues pagaban el trigo al contado y por anticipado y los
productos elaborados había que colocarlos en el mercado mucho más tarde, con cobro posterior.

También, recogiendo en esta crónica otros testimonios, diremos que las relaciones entre estos fabricantes siempre fueron cordiales y caballerosas, tanto en lo que se refiere a los industriales burgenses como en lo relacionado con los de la provincia o limítrofes. Es importante señalar estas circunstancias, pues siendo competidores, siempre respetaron los acuerdos del grupo como igualmente la clientela de los demás. Quizás en este aspecto merezca la pena destacar que los clientes de la comarca, tanto en lo que se refiere a los industriales panaderos como a los agricultores, eran extraordinariamente fieles a sus respectivos fabricantes y difícilmente cambiaban de proveedor Se daba el caso que cuando venia alguno rebotado de otro sitio, se tomaban medidas, pues generalmente era un mal pagador.

Para finalizar este apartado, diremos que el destino de la producción de estas fábricas, una quinta parte iba destinada al consumo de la comarca y el resto se dirigía a otros mercados: Galicia, Asturias, Madrid, Cataluña y Levante preferentemente.

Castilla fue importante en la fabricación de harinas, y El Burgo, por su capacidad de producción, ocupaba lugares preferentes. Por supuesto, el primero en la provincia y durante más de medio siglo fue la actividad industrial más importante de la población. La época que yo viví más de cerca, una vez superada la siempre nefasta intervención estatal ya entrada la década de los cincuenta, sus fábricas se actualizaron y molturaban cifras del orden de los 2.000 vagones/año.(20.000.000 Kgrs). Mantenían unos cien trabajadores fijos y otra mano de obra indirecta. Eran una importante fuente de negocio y trabajo para el sector de la banca, talleres mecánicos, carpinterías, transporte e incluso la hostelería y el comercio, siendo el principal motor de los importantes mercados semanales a los que acudían los agricultores de la comarca y otros empresarios como panaderos comerciantes de piensos, ganaderos, etc.

 

La crisis.

Las tres harineras, en el ocaso dc su vida, fueron presa del fuego, accidente que podía producirse con cierta facilidad pues sus estructuras eran muy combustibles, y aunque para algunos -cual es mi caso- hayan desaparecido escenarios familiares muy queridos, han aflorado otras imágenes que hoy nos resultan sumamente gratas.

Se ha dicho ya que en un principio las fábricas de harinas se instalaron en zonas productoras de cereales que a su vez disponían de fuerza hidráulica, pero durante la primera guerra mundial, al permanecer España neutral, de desarrollaron extraordinariamente muchos negocios y se ganaba el dinero con facilidad. Las fábricas de harinas no fueron una excepción y al amparo de esta fuerte demanda se montaron grandes fábricas de harinas en el litoral, principalmente en los puertos, que se proveían de trigos importados y se movían con otras energías ya disponibles en aquellos años. Todo esto, unido a los naturales avances tecnológicos, derivaron principalmente en el aumento de la capacidad de producción sin inversiones importantes, lo que provocó un desordenado y brutal aumento de la oferta, tremendamente superior a la que el mercado podía absorber, con la consiguiente crisis del sector y la desaparición de la inmensa mayoría de las fábricas existentes.


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