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   ARÉVACOS - Nº 9/10   
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MANUEL RUIZ ZORRILLA, UN BURGENSE
PRESIDENTE DEL GOBIERNO

por Manuela Doménech


Los Ruiz Zorrilla eran oriundos del Valle del Pas, desde donde una de sus ramas se trasladaría a la provincia de Soria. Marcos, natural de tierras cantabras, concretamente de San Pedro del Romeral, llega a la Villa burgense, instalando un negocio de tejidos y contrayendo matrimonio con su prima Felipa.

Del citado matrimonio nacieron seis hijos, tres hembras, Maximina, Dolores y Magdalena, y tres varones: Manuel y Guillermo estudiaron derecho en Madrid y Saturnino, quien permaneció en la Villa episcopal al frente del negocio de su padre y cuidando de los intereses de su hermano Manuel hasta su fallecimiento en 1868, pues no olvidemos que hicieron fortuna gracias a la adquisición de una serie de fincas tras la desamortización.

Manuel vino al mundo el 22 de Marzo de 1833 y desde su Villa natal se trasladaría a Madrid, concretamente a Carabanchel, en donde realizaría sus estudios de bachillerato. En 1948 se fue a Valladolid iniciando los estudios de filosofía.

 

Manuel Ruiz Zorrilla, 1874 (Ignacio Suárez Llanos)

Regresó un año más tarde a Madrid para matricularse, en la Universidad Central, de Preparatorio de Jurisprudencia. En dos años acabó los estudios de Jurisprudencia y se matricula de Leyes alcanzado la licenciatura en 1857.

Se casó con María de la Paz Barbadillo, naciendo de ese matrimonio varios hijos que murieron a temprana edad.

Su vida pública se inició, no podía ser de otra forma en su tierra soriana como comandante de la Milicia Nacional, siendo elegido rápidamente Diputado Provincial. Gracias a este pequeño empujón político se trasladó a Madrid, siendo nombrado Diputado Nacional por el Partido Progresista en 1858. Precisamente de esta etapa surgiría la amistad con Sagasta.

Durante su periodo como miembro del parlamento nacional alcanzaría un gran renombre, gracias a la riqueza de sus discursos. Discursos llenos de valor y crítica hacia el mundo que le rodeaba. Siendo éstos objeto de gran admiración por parte de sus compañeros de escaño.

Estas disertaciones eran consecuencia de su visión abierta y moderna, en donde gustaba poner de relieve el retraso de nuestro país con respecto al resto de Europa.

A partir de 1863 su vida parlamentaria se intensifica, siendo de clara oposición al Partido.

Moderado dirigido en esos momentos por O'Donnell, que cesaba en ese mismo año.

En 1864 pasó a formar parte de la Junta Suprema de los progresistas, coincidiendo con la inclinación de esta opción política por la revolución.

En enero de 1866 se sublevó el General Prim y tenemos a Ruiz Zorrilla dirigiendo la sublevación en el Cuartel de San Gil, motivo éste por el que sería condenado a muerte, condena de la que se libró al huir de España.

Durante su etapa de exilio se convirtió en uno de los principales dirigentes de las conspiraciones que culminaron en la revolución de septiembre de 1868, la popular "Gloriosa". Como consecuencia de estos actos Isabel II se exiliaría en Francia, quedando constituido un gobierno provisional presidido por el General Serrano.

 

Manuel Ruiz Zorrilla, con un grupo de parlamentarios progresistas.

Durante ese periodo, 1868-1873, nuestro hombre ocuparía varios puestos dentro de la alta política: Ministro de Fomento, dada su gran mentalidad innovadora consiguió un notable progreso en lo económico y transformó, de alguna manera, el espíritu mediante la instrucción, el arte y la cultura. Durante su año al frente del Ministerio se publicaron varios decretos, destacando entre ellos el impulso a una nueva reforma de la Enseñanza Primaria y Secundaria, así como los que afectaron a diferentes estudios universitarios: Filosofía y Letras, Ciencias, Farmacia, Medicina, Derecho y Teología. Reguló el Cuerpo de archiveros y bibliotecarios y la Escuela Diplomática.

De igual forma fue el responsable del Decreto de Sociedades Anónimas, que seria la base de la libre actividad industrial y mercantil. Autor de la Ley de Obras Públicas, del decreto de libre contratación de efectos públicos y comercio. Dictó normativas de minas; disposiciones sobre puertos e igualmente reguló la libre creación de Bolsas.

En 1869 pasó al Ministerio de Gracia y Justicia, desde donde controló los Bienes Artísticos de la Iglesia.

Posteriormente fue elegido Presidente de las Cortes Constituyentes, que confirmarían a Serrano y a Prim en sus puestos, promulgando una nueva constitución, que garantizaba las libertades fundamentales, estableciendo el sufragio universal, declarándose la libertad religiosa y confirmando la monarquía como forma política.

Ruiz Zorrilla no era un fanático ni de la monarquía ni de la antimonarquía, pero si era un antiborbónico convencido. De ahí que optase por una nueva dinastía y defendiese la opción de Amadeo de Saboya. Llegando incluso a trasladarse a Italia para buscar al futuro monarca. A su vuelta el General Prim había sido asesinado.

La llegada del Saboya no fue un camino de rosas, pues fue acogida con hostilidad por el clero, la aristocracia y el pueblo, y fue combatido por carlistas, alfonsinos y republicanos.

Manuel Ruiz Zorrilla también formó parte del equipo del monarca italiano, Ministro de Fomento y Presidente de las Cortes, dimitiendo en octubre de 1871. Fue nombrado Presidente del Gobierno en junio de 1872. De su periodo al frente de España destacaríamos, en la parte positiva, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico y, en la negativa, su claro enfrentamiento con el Cuerpo de Artilleros.

La situación de Amadeo cada vez era más incómoda, los continuos desaires y un atentado fallido de asesinato, provocaron su decisión de abandonar el trono y España.

Con la salida del Saboya se proclamó la primera República, con ello Ruiz Zorrilla se retiraría momentáneamente de la política, para regresar en 1874, una vez reinstaurada la monarquía.

Alfonso XII había sido proclamado rey por el general Martínez Campos, tras la disolución de las Cortes por el General Pavía y el pronunciamiento de Sagunto.

Desde el exilio el joven Borbón había lanzado un manifiesto defendiendo una monarquía como modelo constitucional, parlamentario y moderado. Se creó un ministerio-regencia presidido por D. Antonio Cánovas del Castillo, que seria ratificado como Presidente del Gobierno por Alfonso XII en enero de 1875.

Los enfrentamientos entre Ruiz Zorrilla y el nuevo Presidente fueron públicos, culminando con la expulsión de España de nuestro hombre. Desde la capital francesa continuaría trabajando en contra de Cánovas y mandando continuos manifiestos.

En 1876 se encuentra con Salmerón en Paris y entre ambos constituyeron el partido reformista-republicano, permaneciendo en él hasta 1880, año en que junto a Martos, Montero Ríos, Canalejas y otros crearía el Partido Republicano-progresista, pero pronto sus compañeros le irían abandonando para integrarse en el liberalismo sagastiano.

Ya sólo se dedicó a dirigir una serie de levantamientos en Badajoz, Santo Domingo de la Calzada o el de Villacampa en Madrid. Continuó con su partido y fruto de ello fueron los manifiestos de Londres en 1888 y Bruselas en 1892.

La unión de los progresistas con los republicanos centralistas y federales dio lugar a la constitución de la Unión Republicana, por la que obtendría, tras su éxito electoral en Madrid, acta de Diputado, pero se negó a tomar posesión, afirmando que no regresaría a España hasta la proclamación de una nueva república.

Una grave enfermedad coronaria haría que dejase la política y regresase a España. Primero se instaló en La Pilota, Villajoyosa, donde quedó su archivo; posteriormente decidió trasladarse a Tablada, pero murió durante el viaje en Burgos, el 13 de junio de 1895.

 

Azulejo en la casa natal de Ruiz Zorrilla

Manuel Ruiz Zorrilla fue un hombre de principios, sumamente austero y de gran firmeza. Sus ideales le hicieron ir, permanentemente, contracorriente. Así le vemos siendo conspirador durante el reinado de Isabel II, seguidor de Amadeo de Saboya y republicano en la restauración de los Borbones. Su antipatía, que nunca ocultó sino todo lo contrario, hacia esta casa real se debía, según él, a que gastaban a manos llenas, aprovechándose ellos y su corte en perjuicio de los más débiles.

Siempre creyó que los ciudadanos debían ser conscientes de su libertad y que llegarían a ésta gracias al desarrollo del intelecto, de ahí sus reformas en materia de enseñanza.

En lo religioso fue siempre y ante todo un hombre respetuoso, a pesar de ser intervencionista en los Bienes artísticos. Nunca fue ni contra la iglesia ni contra el clero ya que era consciente de que España era mayoritariamente católica.

Pero su personalidad en este sentido era algo ambigua, pues era masón, llegando a ser Gran Comendador y Gran Maestre de una de las Logias más importantes del País: el Gran Oriente de España. Sin embargo, los masones siempre le consideraron un ferviente católico que amaba la masonería. Así que Iglesia y Masonería sentían un profundo afecto y respeto por él.

Se le consideró siempre un hombre honrado, sincero, coherente con sus ideas, que consagró su vida a la libertad y a la República. Vehemente, pero reflexivo. Con un gran sentido de la amistad, que cultivaba y alababa.

Hemos tratado de sintetizar la figura de D. Manuel Ruiz Zorrilla, sin duda el hombro más importante que dio la Villa de El Burgo de Osma en el siglo XIX y uno de los personajes más inte­resantes que ha dado la historia de Soria.


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