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LOS HORTELANOS DE EL BURGO DE OSMA
por Jaime Ransanz Lafuente
El Burgo de Osma nunca ha sido un pueblo agrícola, entendido este término en el sentido de los que se dedican fundamentalmente a los cereales y la remolacha.
Siempre han existido algunos de estos labradores, pero la población de El Burgo era
fundamentalmente de comerciantes, talleres, pequeñas fábricas, etc. Naturalmente también han tenido su peso un estamento docente y los eclesiásticos.

Valentín
Romero, el tío Viruelas
Sí existe una actividad dedicada a la agricultura realizada por
los hortelanos, auténticos maestros en su especialidad y que no se da en
otras localidades de estas latitudes. Gozan de una merecida
fama, por su buen hacer y generalmente la actividad ha pasado de padres a hijos.
Se diferencian de aquellos labradores dedicados como hemos dicho a los cereales:
trigo, cebada, centeno... remolacha, etc. y cultivan numerosos productos, entre los que
destacaríamos en un primer lugar las alubias,
tanto las pintas como los célebres alubiones, que eran de una calidad extraordinaria. Y
si bien los tiempos han cambiado mucho aún hay restaurantes que abren sus cartas con las alubias de El
Burgo. Y recordando estos productos, distintos de las hortalizas, no podemos dejar de destacar nuestro conocido cardo que se consume, natural, en los meses más fríos del año.
Y aunque pudiera parecer un cultivo residual, tiene su mercado y los buenos paladares le distinguen de las calidades navarras, los más conocidos por su industria conservera y que además hacen una buena comercialización. Circunstancias que
les permite vender a precios astronómicos. Quizás mereciera estudiar
las posibilidades de este cultivo.
Pero el principal cultivo de los hortelanos, naturalmente, son las hortalizas: cebollas, lechugas, pepinos, guindillas, repollo, coliflor,
calabacines, lombardas... Cultivan las semillas por un lado, y con posterioridad sus frutos maduros. Las semillas más delicadas y sensibles al tiempo, tales como el tomate, la berenjena, las guindillas y otras se siembran en el semillero para después trasplantarlas a la tierra, y el resto, como el cebollino, lechugas, repollos, coliflor, etc. se ponían directamente en lugares abrigados, para después trasplantarlas. Realizaban por lo tanto la doble tarea de obtener los plantones, y posteriormente las plantas adultas. Estas las comercializan directamente a comercios minorista, tiendas y sobre todo a las amas de casa para el consumo diario.

Venta de productos de la Vega del Ucero
Con las semillas o plantones antes, años cuarenta y cincuenta, desarrollaban una actividad que podríamos denominar de mayorista, pues acudían con sus carros los martes, al mercado
de San Esteban de Gormaz, y los jueves al de Berlanga de Duero, donde los vendían a otros agricultores. Alguno, como el Sr. Emilio el
Pelín, pasaba con sus carros la semana por la provincia. Y para hacernos una idea del esfuerzo de aquellas gentes, baste decir que acudir al marcado de Berlanga de Duero les obligaba a salir a las tres de la mañana. Seis horas para veinticinco kilómetros. Y amén del trabajo de preparar los carros donde todo tenía que ir clasificado y colocado de manera que no se estropeara.
Hemos dicho que estos hortelanos son auténticos maestros es su especialidad, de ahí que consigan productos de gran calidad que los compradores valoraban cumplidamente, pues son muy superiores a los procedentes de las vegas de Murcia y Valencia.
Durante muchos años han sido una imagen imborrable en las mañanas de nuestra Calle Mayor. Con sus puestos ocupaban los Soportales que van desde las Pasaderas, hasta el final de la Plaza Mayor. No olvidemos que los Soportales, además de escaparate, ofrecen protección tanto en invierno como en verano.
Y quizás aquí
sea más que justo rendir un merecido homenaje a sus mujeres. Esas vendedoras que puntualmente han acudido a sus puestos, aunque sólo sea por las inclemencias invernales que han tenido que soportar, pues los puestos, que yo sepa, no tienen calefacción. Para dejar un pequeño recuerdo, nos vienen a la memoria Teófila Sanz Mirón; Carmen Cabrerizo, hermana de Felipe; Teresa Llorente, la viuda de Mariano López; Juana Mateo, mujer de Mariano Tijero; Encarna Gonzalo, la esposa que fue de Pedro Tijero; Teófila López, la esposa de Paco Arranz; Ramona Barrios y su marido
Baltasar Cabrerizo, etc. Sirvan estos nombres como un recuerdo a todas las que ha sido, con el mérito de haber atendido su trabajo sin quejarse de las frías mañanas burgenses.

La señora Ángela
y su hija Carmen, un día de mercado
Los que por nuestra incompetencia hasta para cuidar un tiesto, no comprábamos plantas, sí adquiríamos lechugas, cebolletas, judías verdes... todo recién
arrancado. ¿Quién no recuerda las frescas perdices... que tan buenas ensaladas nos han proporcionado?
Y metidos en recuerdos, vamos a citar un sucedido de aquella época: En las Pasaderas, frente a lo que hoy es la carnicería de Zoilo, estaba el puesto del tío Viruelas. Se llamaba Valentín Romero, aunque poca gente le conocía por su nombre. Era un hombre, como se aprecia en la
fotografía, grande, de aspecto rudo y conservaba en su cara las señales de su pasada enfermedad,. Además de muy sordo. Vivía en la calle Caldereros y aquellas casas
tenían un corral en el bajo, y habitaciones a diferentes alturas. Un verano durante las fiestas de San Roque, se metió en su casa un fotógrafo de aquellos que hacían
fotografías coloreadas. En vista de que no le contestaban, ya hemos dicho que era muy sordo, el hombre fue subiendo a la vivienda. El tío Viruelas, que estaba en el corral desollando un conejo, se dio cuenta de que alguien andaba por la casa y cuando acudió, con el cuchillo en las manos y éstas llenas de sangre, se encontró con
el pobre fotógrafo que bajaba a las voces de quién va. En aquel escenario el fotógrafo, sin posibilidad de retroceder y con dificultades para entenderse por la sordera, se tragó la muerte y posiblemente no haya vuelto a meterse en un lío semejante.
Hortelanos de aquella época, década de los
cuarenta, recordamos al tío Pito, el tío Ramón Catalina, el tío
Saile... Ya en época reciente, Pedro Tijero y su hijo Máximo, Mariano López, Felipe Cabrerizo, Emilio López, Mariano Tijero, etc., y como no podemos incluir a todos los que han ejercido tan dignas tareas, desde aquí les dedicamos un recuerdo agradecido.
Que los que quedan y sus sucesores, continúen estas labores para disfrute de todos.
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