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   ARÉVACOS - Nº 18   
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La otra cara de...

JUAN JosÉ LUCAS GIMÉNEZ  

por Carlos Robredo

 

¿No conoce, personalmente, a Juan José Lucas? ¿Cómo cree que es en un cara a cara distendido? Sencillamente, sencillo. Se nota que le gusta conversar. Es culto y recurre a citas que sorprenden. Ama a su pueblo y a sus gentes. Es amigo de quien lo merece y se pierde en romanticismos que, sin saberlo, a veces le desbordan. Sabe a quien halagar y a quien agradecer y, sin rodeos ni medias tintas, abre su corazón si percibe sinceridad. Tiene memoria y no alardea de nada.

Nació en El Burgo en 1944, en la misma casa de la plaza en la que lo hiciera, años antes, Dionisio Ridruejo. Es Vicepresidente del Senado. Fue Presidente de Castilla y León, Ministro de la Presidencia y Presidente del Senado.

Muchas son las distinciones y condecoraciones nacionales e internacionales que cuelgan de su solapa y son dignas de destacar la Gran Cruz de Isabel la Católica, Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III, Gran Cruz de la República Federal Alemana, Medalla de Oro del Senado... Ejerce, con orgullo, como Hijo Predilecto de El Burgo y en la primavera pasada fue elegido, por votación popular y secreta, Oxomense del Siglo.

Sepamos algo más de él.

 

Arévacos.- Brevemente, defínase como persona.

J. J. Lucas.- Me veo como una persona de nuestro tiempo, sin aristas, y que viví una época relativamente dura, aunque no tanto como los años de la postguerra, pero sí tiempos de esfuerzo personal para estudiar, y puedo decir ahora, con satisfacción y orgullo, que he tocado el cielo por los cargos políticos que he desempeñado, y que de todas esas responsabilidades ninguna me ha cambiado.

A.- Confiese su más valiosa virtud y su peor defecto.

J.J.L.- La lealtad y el desorden. El desorden en todo, papeles, horarios, comidas...

A.- ¿Qué recuerda de su infancia?

J.J.L.- Millones de cosas, en especial mi vida en El Burgo hasta que fui a Madrid, a la universidad, pero ahora, por citar una vivencia, recordaré esas tardes en las que nos escapábamos del Instituto. Yo pertenezco a su segunda promoción y, nos escondíamos en lo que ahora son los depósitos del agua para leer las historias del guerrero del antifaz, y esas escapadas, por la rigidez del Centro, nos acarreaban muchos problemas. Recuerdo a los amigos de mi generación, una pelea en la plaza de toros, el intento de entrar en el cine sin tener los dieciocho años, para ver La Violetera, y tantas y tantas cosas...

A.- ¿Fue un buen estudiante?

J.J.L.- Normal, como cualquier otro, pero en la Universidad apreté un poco más.

A.- ¿Cuándo se enamoró por primera vez?

J.J.L.- Como no podía ser de otra forma, en las fiestas, el día de San Roque, tenía veinte años.

A.- Sin pensar, cite un libro.

J.J.L.- Acabo de terminar de leer El código Da Vinci y quiero decir que me ha gustado menos de lo que esperaba. He comenzado La Sombra del Viento pero éste aún no me ha enganchado y no sé si lo acabaré. Me encanta leer pero la política deja poco tiempo para esas cosas.

A.- Una película.

J.J.L.- Diré dos: Love story y Adivina quién viene ésta noche.

A.- Una canción.

J.J.L.- Cualquiera de los años setenta: Ma vie, Tout les garcon et les filie, conjuntos como Los Platters, Rolling Stone, y entre los cantantes, Adamo.

A.- Un deporte.

J.J.L.- Antes de enumerar mis preferencias permiteme que cite a alguien de El Burgo como Julio Espeso que merece nuestro reconocimiento por su tesón. Deportes todos, cualquiera pero, por citar alguno, el fútbol, que es el que más practiqué, y los 100 metros lisos.

A.- Háblenos de su primer empleo.

J.J.L.- Mi primer empleo fue en San Esteban luego, como funcionario Técnico Superior dependiente del Ministerio de Trabajo, estuve en Huesca y a continuación regresé a Soria.

A.- ¿Se considera religioso, o creyente?

J.J.L.- Sí, soy creyente y en cierta medida religioso aunque debiera dedicar más tiempo a lo interior

A.- ¿Qué opina de las comidas de negocios?

J.J.L.- Sinceramente, son aburridas y pesadas. Se gasta mucho en esos menús y yo, pendiente de la conversación, apenas pruebo lo que sirven.

A.- Un menú de trabajo.

J.J.L.- El más rápido y ligero.

A.- Un menú festivo.

J.J.L.- Sin dudar: un buen asado con unos amigos.

A.-Regado con...

J.J.L.- Gormaz, Torremilanos o Pesquera.

A.- ¿Cuánto tiempo le dedica a su trabajo?

J.J.L.- Todas las horas del día y, a menudo, de la noche pues no siempre se puede conciliar el sueño con facilidad. La actividad política exige mucho y hay que estar en forma. Nunca se habla de la salud de los políticos y yo recuerdo unas palabras de Tarradellas con las que, a su manera, definía las cualidades necesarias para ser un buen político: Gozar de buena salud, tener una mujer que te aguante, y no dimitir jamás... En las dos primeras condiciones está claro el porqué, pero la tercera, que él citaba con énfasis, la apostillaba añadiendo que nunca se debe dimitir porque una dimisión puede ser aceptada.

A.- ¿En qué ocupa su tiempo de ocio?

J.J.L.- EI ocio es fundamental. Lo que más hago es estar con mis amigos, sentarme en las terrazas de la plaza, leer un poco, pasear por el campo, recorrer, charlando, unos kilómetros por los alrededores de El Burgo, tomar un vino con toda la calma del mundo, disfrutar de nuestro sol, que tanto envidian los europeos, en fin cosas muy simples pero que le llenan a cualquiera.

A.- ¿Celebra, en familia, los acontecimientos o aniversarios importantes de su vida?

J.J.L.- Sí, todos. Es muy importante para mí celebrar las cosas buenas. La vida es muy corta. Celebrar significa compartir.

A.-¿Cuál es el consejo más trascendente que ha dado, o daría, a sus hijos?

J.J.L.- Que no renuncien a las virtudes, que tengan claros los conceptos y que hagan siempre aquello con lo que se sientan a gusto sin dejar de lado las obligaciones y, luego, disfrutar en otoño recogiendo unas setas, o en primavera pescando en nuestros ríos, o charlando por éstas calles con la gente. Bush padre me dijo en una ocasión que nunca debemos ser pesimistas, que la fe en las cosas y en la consecución de nuestras metas es básica para nuestras vidas. Que tengan amigos, y sobre todo que no sigan a esos que tienen como fin el amasar fortuna, la riqueza en los bolsillos no tiene ningún valor, lo valioso de verdad, es la riqueza del corazón.

A.- Un motivo, si cree que lo hay, para alargar la edad de jubilación.

J.J.L.- Primero diré que yo no quiero jubilarme y con eso creo que quedaría contestada la pregunta, pero hay más: Los tiempos han cambiado, no estamos en los años cincuenta del siglo pasado, el género humano aguanta más, vive en mejores condiciones y eso hace que puedan mantenerse, cumplidos los sesenta y cinco, en el mundo del trabajo, en el de la producción pues, aunque jubilarse viene de júbilo, no siempre es buena la inactividad.

A.- En lo personal, ¿Cuáles son sus ambiciones? ¿Qué espera de los años venideros?

J.J.L.- Mis ambiciones políticas no han cambiado, quiero seguir en la política, pero en estos empleos nunca se sabe lo que puede pasan Cuarenta y ocho horas cambiaron en España casi todo pero, por el momento, mi ambición es seguir trabajando.

A.- ¿A quién tiene algo qué agradecer?

J.J.L.- ¿Agradecer? A muchísima gente. Fundamentalmente al conjunto de la Comunidad castellano-leonesa pues ellos me obsequiaron con las cuotas más altas que en política jamás se han dado. Y ¿personas concretas? Pues a gente de mi partido, como Fraga o como Aznar, Rajoy, Javier Gómez, De  La Casa, Efrén, Gañán, Marqués...

A.-A alguien que no lo conoce, ¿Qué le dice de El Burgo?

J.J.L.-EI Burgo es mágico. Es una foto fija de la historia de una nación7 desde la época prerromana hasta nuestros días pasando, incluso, por la Edad Media. Aquí, todos los días, pisamos sobre la historia y estamos rodeados de historia. Hoy, además, El Burgo es un pueblo que mira al futuro con una actividad económica que debe seguir desarrollándose.

A.- A su entender, ¿Qué le falta y qué le sobra a este pueblo?

J.J.L.- Le falta algo que espero obtenga El Burgo y todo su entorno, como es que su actividad se dinamice y sea una población pujante, competitiva, en una Europa que mira al futuro, que cree empleo, que active la política de servicios para no sustentarse tan sólo en el sector agrario, y alguna ¡iniciativa en I+D. Sobrarle, le sobra algo de soberbia, de la que tanto peca la condición humana. Sabemos que somos de barro, pero, algunos, se atribuyen un barniz diferencial que nada significa y que en nada mejora a las personas. Sobra vanidad.

A.- ¿Quiere añadir algo?

J.J.L.- Sí, claro, no quiero desperdiciar la ocasión de hacer público mi cariñoso recuerdo a Jaime Ransanz, quien empujó la revista ARÉVACOS, y a todos los que formáis parte de ella por el magnífico trabajo que estáis haciendo para la difusión de nuestra historia. Recibimos a gentes que no conocen nuestro pasado, que se instalan entre nosotros sin saber del valor de nuestros cimientos y vosotros, con vuestra revista, fomentáis el conocimiento de nuestra tierra, difundís nuestra historia y eso es de agradecer y merece un público reconocimiento.

A.-Ahora, cuando nos despidamos, ¿Qué va a hacer?

J.J.L.-Una cosa bien simple: tomaré una caña con mi padre y con algunos más de mi familia.

A.-Pues que la disfrute y, por atendernos, muchas gracias "Juanjo".

 

 

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