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   ARÉVACOS - Nº 20   
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NUESTRO HOMENAJE DE HOY PARA...


JUAN MANUEL ZAPATERO, HISTORIADOR

por Carlos Robredo

 

En un soleado día del pasado mes de octubre, y tras unos interminables meses de postración en el Hospital Militar Gómez Ulla, de Madrid, murió Juan Manuel Zapatero y López­Anaya. De inmediato, al enterarme, contacté con Pilar, su viuda, y con su hijo Juan Manuel, y por ellos supe de su larga agonía.

 

 El doctor Juan Manuel Zapatero y López­Anaya

Nada más colgar el auricular del teléfono me propuse dedicarle unas líneas y hablé con José Vicente de Frías para que se ocupase de publicar un trabajo en el que se expusiese, de forma clara y justa, no sólo el quehacer de Juan Manuel Zapatero, sino también la enormidad de su figura en lo humano. José Vicente se comprometió a publicar en Celtiberia una extensa reseña y yo sé que cumplirá en el próximo número de esa revista.

Pero mi cuerpo me pedía más. Volví a hablar con Juan Manuel, su hijo, y le comuniqué mi intención de hacer algo en ARÉVACOS y, para ello, le necesitaba. Necesitaba datos concretos, fechas, títulos, bibliografía... y, aunque no tengo nada de erudito, y poco sé de historia, castillos y fortalezas, quería atreverme a escribir sobre el Dr. Zapatero.

En realidad, estas hojas tendrían una mayor justificación si me limitase al mutuo conocimiento, si fuese capaz de plasmar en estas líneas y hacerles llegar la admiración que desde mis diecinueve años siento por él.

En 1969 aparecí, por primera vez, en El Burgo. Los que luego serian mis suegros mantenían una estrecha amistad con Pilar y Juan Manuel y fueron ellos, mis suegros, quienes propiciaron el que les conociese. Primero debió ser una visita a Gormaz, luego a Caracena, tal vez después, nos ilustró en Ucero y en Termancia me dejó boquiabierto. No puedo asegurarlo, pero sí afirmo que cada una de las excursiones que hice con él se convertía, por entonces, en una clase magistral de nuestra historia y de nuestros orígenes. Conocimientos, datos, don de la palabra, afabilidad, carácter. Todo eso lo regalaba el Dr. Zapatero.

Fue militar, Director de la Sección de Ultramar del Servicio Histórico Militar, Doctor en Historia y, sin duda, el mayor y mejor investigador y restaurador de las fortificaciones españolas en ultramar.

Su hijo, atendiendo amablemente mi petición, me ha hecho llegar, entre otros papeles, un cuadernillo sin fecha, publicado (posiblemente a principios de 2003) por Mar Océana, revista del humanismo español e iberoamericano, bajo su número 13 que, firmado por Mario Hernández Sánchez-Barba, está dedicado, en exclusiva, a Juan Manuel Zapatero y López-Anaya De él, me atrevo a resaltar, transcribiendo aquí, algunos párrafos para un más concreto elogio del Dr. Zapatero.

* Era, y es, un verdadero caballero, en quien no se sabe qué admirar más si su buena voluntad y su reciedumbre profesional, o sus grandes conocimientos que le hacen dominar no sólo el Servicio de Ultramar sino todo el Servicio Histórico Militar.

Tanto destacó en la investigación histórica americanista de las fortificaciones que su trabajo le valió el título de «Rey del Caribe», con que su galanura, caballerosidad e increíble capacidad de trabajo, le fue otorgado, con plenitud de justicia, en el campo de la restauración y rehabilitación museográfica y la reconstrucción de fuertes, castillos, atalayas y murallas construidas por España durante los tres siglos en que América fue española y fue imprescindible su defensa.

* Zapatero, con su labor incansable, ha hecho Patria. Y la Patria no puede dejar en olvido a Juan Manuel Zapatero.

* Merece Juan Manuel Zapatero una consideración de reconocimiento y agradecimiento de España.

Y, añado yo: muy especialmente de El Burgo de Osma donde pasaba largas temporadas todos los años. Aquí estudiaba, trabajaba, escribía y se tomaba alguna cervecita en el Uxama o el Capitol. Amaba estos campos, que tantas veces cazó, y bordeaba estos ríos, y cruzaba estos rastrojos y, como Juan Manuel Zapatero era Juan Manuel Zapatero, criticaba todo lo criticable: desde rancias costumbres, a urbanismos demoledores sin dejar a un lado ningún aspecto que, a su entender, fuera mejorable en estas tierras.

Sobre mi mesa paso y releo, una y otra vez, las páginas de su curriculum. Sólo son dieciséis hojas, casi nada. Y me quedo con las ganas de transcribirlo, porque creo que a ustedes, como a mí, les llamaría la atención sobremanera. Sí les diré, porque de lo que a ustedes les sucedería no puedo hablar, que cada título y honor de los reseñados, cada nombramiento, cada una de sus publicaciones y conferencias, despiertan y agrandan en mi tal sentimiento de admiración que no sólo creo estar pecando de envidia, sino que me entristezco al  constatar que perdí la oportunidad única de ahondar, a lo largo de nuestra breve relación personal, en el conocimiento de personaje y, sobre todo, persona tan inigualable.

De ese curriculum, que ya les he citado, voy a resaltar algunos títulos y nombramientos sabiendo que, quizá, omita otros de mayor importancia. También algunas publicaciones y algunas conferencias pero, para no agotar la extensión de ésta revista, me ceñiré a las relacionadas con estas nuestras tierras. Vamos allá:

Títulos y nombramientos

-Ya lo he dicho, Doctor en Historia.
-Licenciado en Filosofía y Letras.
-Académico de la Real Academia de la Historia (España)
-Académico de diversas Academias de Historia hasta completar las de ocho países.
-Colegiado de Honor del Colegio Oficial de Ingenieros de la Construcción.
-Colegiado de Honor del Colegio de Doctores y Licenciados en Letras y Ciencias.
-Hijo adoptivo de Cartagena de Indias (Colombia).
-Jefe de la Sección de Ultramar. Servicio Histórico Militar. Madrid.
-Oficial, Honoris Causa, del Estado Mayor del Ejército argentino.
-Comendador de la Orden de Alfonso X El Sabio.
-Medalla de Oro de la Asociación Española Amigos de los Castillos.
-Miembro de Honor, o Correspondiente, de Centros e Institutos de Estudios de trece países.
-Miembro titular del Centro de Estudios Sorianos, del CSIC
-Asesor Histórico Militar de cuatro países.
-Comendador de Órdenes del Mérito de cuatro países.
-Cinco Cruces de Honor de distintas Ordenes y países, y múltiples medallas y distinciones.
-Premio de la Fundación Marqués de Sales (Madrid).

Publicaciones.

Superan con creces el centenar y medio, la mayoría referentes a las fortificaciones de Suramérica y como ya tengo anunciado, sólo citaré algunas de aquellas cuyo tema se centra en la provincia de Soria.

-"La gesta Numantina de Cartagena de Indias", Revista de Soria = RS, 3 (1967) s.p.
-"Un adelantado de la exploración arqueología soriana: Ricardo Morenas de Tejada", Celtiberia, 35 (1968) 57-86.
-"Las murallas del Burgo de Osma amenazan con desplomarse". Hogar y Pueblo = HyP, Soria, 1974.
-"La ruta mejicana del Venerable Palafox", RS, 32(1977) sp.
-"Vientos de Apocalipsis en El Burgo de Osma", HyP, 1978.
-"Un castro Posthallstattico, junto a la Cota Ardal, en Santa María dc las Hoyas", HyP, 1978.
-"El Castillo de Gormaz se está arruinando", HyP, 1978.
-"El Castillo abaluartado de San Leonardo (siglo
XVI)", HyP, 1979.
-"Memoranza de Gonzalo Morenas de Tejada", HyP, 1979)
-"Al Pintor Juan Ignacio De Blas", HyP, 1979
-"Los castillos de Soria", HyP. y Campo soriano, 1979.
-"Urge salvar un castillo. El Abaluartado de San Leonardo", Ya, Madrid, 1979.
-"El ingeniero don Eduardo Saavedra (1829-1912)", HyP, 1984.
-"El escultor Daniel González", HyP, 1985.
-Noticia histórica de las Casas Consistoriales de El Burgo de Osma (siglos XVI al XX), Almazán, 1987.
-Castillos de Soria, publicación de la Universidad de Santa Catalina, Cursos de verano. El Burgo de Osma, 1989.


Conferencias.

Del centenar largo de las impartidas por todo el mundo de habla hispana, resaltaremos dos que fueron leídas en la Universidad de Santa Catalina, de El Burgo de Osma, con motivo de los cursos de verano correspondientes a los años 1979 y 1988, respectivamente: Los castillos de Soria y Castillos y fortalezas de Soria.


Campañas de restauración.

También es extensa la relación de las campañas que le fueron encomendadas de asesoramiento para la restauración de fortalezas y, por ello, sólo citaré los lugares a los que acudió para dirigir esas campañas, sin detenerme en el arduo trabajo llevado a cabo por encargo de diversos Organismos Nacionales e Internacionales, que tampoco citaré por una obligada razón de espacio.

-San Juan de Puerto Rico. 1958.
-San Sebastián (España) 1962.
-San Agustín de Florida. 1964.
-Lima (Perú) 1966.
-Cartagena de Indias (Colombia) 1967, 1968, 1969, 1973 y 1973.
-Portobello (Panamá) 1970.
-Panamá (Rep. De Panamá) 1971.
-Omoa (Honduras) 1972.
-Puerto Cabello (Venezuela) 1974.
-Santa Marta (Colombia) 1977.
-Río Chagra (Panamá) 1981.

Con todo esto, que no es más que un brevísimo resumen de dieciséis páginas que, desde mi mesa, reclaman mi atención, ¿Quién puede afirmar que Don Juan Manuel Zapatero y López­Anaya ha muerto?

Y ¿No creen que merece un homenaje mayor?


* * * * *

 

 

 

 

 

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