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   ARÉVACOS - Nº 24   
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LA INMACULADA CONCEPCIÓN A TRAVÉS
DE LA EXPOSICIÓN DE LA CATEDRAL DE OSMA

por Javier de Nicolás         

 

Después de cinco meses, la exposición sobre la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, en sus 150 años desde 1854, llegó a su fin. Más de 26.000 visitantes testimoniarán tal evento. Desde los burgenses de a pie, hasta el Presidente de la Junta Sr. Herrera, desde el ministro Posada hasta el mismísimo jesuita Xavier Arzalluz, pasando por el Presidente de la Diputación de Soria don Efrén Martínez y varios Obispos así como el Arzobispo Castrense don Francisco Pérez.

Imágenes de la Inmaculada, en la exposición

 

Ciento cincuenta años que han dejado una huella imborrable en los creyentes cristianos, en todos aquellos que lucharon y combatieron para que el Dogma fuera una realidad; desde los albores en el siglo VI pasando por San Agustín y más tarde Duns Scoto en el siglo XIII quien diera un remate acertado a discusiones teológicas sobre tal importante afirmación cristiana.

Con apoyos enérgicos desde la curia, como Sixto IV o Alejandro VII, con nuestros reyes Felipe IV y Felipe V y el Papa Julio II. Protagonistas de una larga batalla de varios siglos hasta conseguir que en 1854, en tal día como hoy de 8 de diciembre, se consagrara el Dogma de la Inmaculada Concepción in ille tempore. Cinco meses en los que se ha podido contemplar, a través de tres emocionantes salas enclaustradas en ese bello ejemplo del gótico del XVI, unas obras maravillosas, bellas y ejemplificadoras de la realidad de la Inmaculada Concepción. 

A través de tres capítulos y 100 obras, seguimos paso a paso el recorrido de la Virgen María, desde el pecado original de su antecesora Eva, hasta su excelsa coronación, pasando por su entronización como Inmaculada, Mujer vestida de Sol, Asunción, Purísima y engalanada con su manto azul. Obras que pudimos retener y llevarnos a casa adquiriendo el magnífico catálogo de la exposición, de más de 300 páginas y con artículos interesantísimos. Introducidos por un largo camino en el inicio de la misma, donde nos adentramos en los misterios preliminares de la instauración del Dogma por una parte, y de la concepción en sí misma, del pecado original desde el lejano paraíso. 

Pasamos a ver a continuación cómo se modela esa Imagen Santa desde el Barro limpio, o sea, María como nueva Eva, concebida sin mancha. Para llegar al capítulo dos, de la Concepción limpia de María a la Inmaculada Concepción: ahí dimos un repaso breve pero intenso a la genealogía de María. Sus padres Joaquín y Ana, el abrazo místico ante la puerta dorada, la purísima concepción, el nacimiento de María, sus primeros pasos y enseñanzas... María como la nueva Eva, representada con la manzana, y la triple representación, la denominada Santa Ana Triple, con los tres personajes: Santa Ana, la Virgen María y el niño Jesús. La Sagrada Familia, abuela, madre e hijo. Con unas bellísimas tablas de la iglesia de san Miguel de Ágreda o la tabla anónima de Rebollar. Y el maravilloso juego escultórico de tres representaciones triples de la Santa Ana Triple, esculturas del XIV y el XV, bellísimas, sencillas, evocadoras. 

Nos acercamos al centro de la representación iconográfica de la Inmaculada, que pasa del vestido rojo al manto azul, con todos sus atributos que la hacen Magnífica, que la hacen la Tota Pulchra: vestida de sol, con las 12 estrellas, la luna a sus pies, pisando al dragón-serpiente, con la fuente y el pozo, el espejo y la escalera, la Puerta del cielo y el huerto cerrado, con los ángeles que la ascienden al Paraíso, con los cuatro árboles simbólicos. Y finalmente llegamos, ya extasiados, al cenit de la Exposición, donde aparece la bellísima Inmaculada de Espeja de san Marcelino, rodeada a su vez de doce inmaculadas, número sagrado, que simboliza las doce estrellas y que la rodean con un esplendor inaudito. 

Se acompañó de imágenes de la Catedral de El Burgo de Osma, de Calatañazor, de Tera, de la parroquia del Espino en Soria, de Berlanga de Duero, de Valdegrulla, de Montenegro de Cameros y de Castilruiz. Y los ojos fueron de las esculturas bellísimas, preclaras, a las imágenes pintadas que decoran en azul toda la sala, donde vimos a la Inmaculada atribuida a Carreño de San Leonardo de Yagüe y la Asunción de Quintana Redonda, preparándonos ya para el último capítulo, la última sala, donde la Inmaculada es coronada por el pueblo, con devoción y vida, con fervor popular y cariño. Y con una Inmaculada de san Pedro Manrique y una Santa Ana Triple de Fuentelcarro, que nos hizo sentir confortables. Y con los devotos sor María Jesús de Ágreda y el venerable Palafox, testigos y combatientes del dogma de la Inmaculada Concepción. 

Al salir de esta última sala, al pasear por el bello claustro, las imágenes recién vistas deambulaban por nuestra retina aún, pero sobre todo quedaban impresas en nuestra alma, en nuestro personal fervor, y entonces sonaron las campanas, las mismas que sonaban en el bello audiovisual que iniciaba la Exposición, sala que precedía a una maravillosa imagen monumental y magnificiente, la bellísima Inmaculada de Abanco. Que a su vez nos indicó el final de esta aventura maravillosa y nos hizo sentir felices de haber asistido a una colección de recuerdos y retratos que enmudecieron el alma y calladamente nos condujeron a la salida con un sentimiento fuerte, contrastado y un alivio por no habernos perdido esa bellísima exposición. 


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