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   ARÉVACOS - Nº 31   
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EL BURGENSE FELIPE NIETO BENITO Y LOS ORÍGENES
DE LA ESCUELA LAICA EN ESPAÑA

por Tomás de las Heras Hernández


Dentro de la amplia nómina de burgenses y oxomenses heterodoxos, como lo son Pedro Martínez de Osma, Manuel Ruíz Zorrilla, Manuel Hilario Ayuso o Dionisio Ridruejo, habría que incluir también la figura de Felipe Nieto Benito, un político republicano del siglo XIX y precursor e impulsor de la educación laica integral en España, el cual permanece hoy sumido en el más total de los olvidos.

Felipe Nieto Benito nació el 26 de Mayo de 1831 en El Burgo de Osma. Era hijo legítimo de Miguel Nieto, natural de la localidad vallisoletana de Torrecilla de la Orden, y de Cecilia Benito, natural de la burgalesa Salas de los Infantes. Su padre era un joven oficial del ejército español que, dos años después, se posicionaría a favor de la causa tradicionalista, combatiendo en aquel bando durante la 1ª Guerra Carlista (1833-1839).

Felipe Nieto siguió la carrera militar del padre, llegando a alcanzar el grado de comandante dentro del destacamento militar español en la isla de Cuba. Regresó a la península para participar en la 2ª Guerra Carlista (1847-1860). A su término, sorprendentemente, evolucionó ideológicamente desde su acendrado tradicionalismo de raigambre familiar, hacia un radical republicanismo de carácter federal. Antes de que esto ocurriera, toda su familia fue desterrada de tierras burgenses, debido a sus ideas políticas, asentándose en la vecina Guadalajara.

Guadalajara fue durante toda la segunda mitad del siglo XIX un feudo habitual del republicanismo. Era de las pocas provincias que conseguían colocar en las Cortes un escaño republicano en cada una de las elecciones celebradas durante aquel período. Allí consiguió encontrar Felipe Nieto un ambiente propicio para iniciar su actividad política. En efecto, Felipe Nieto Benito fue un activo militante del Partido Republicano Federal, dirigido por Francesc Pi i Margall, y que suponía el segmento más progresista y popular de las corrientes republicanas en la España de aquellos instantes.

Felipe Nieto combinó su labor política con la empresarial, logrando reunir una considerable fortuna cuando le sorprendió la muerte en Madrid, su residencia en aquellos momentos, en septiembre de 1888. Felipe Nieto murió soltero, sin dejar ascendientes ni descendientes directos, ni más familia que su hermana Juana, también nacida en El Burgo de Osma. 

Felipe Nieto había dictado testamento antes de morir. Dicho testamento, de fecha 15 de junio de 1885, firmado ante el notario madrileño Francisco Moragas, se guarda en el Archivo Nacional de Protocolos de Madrid y en él se estipulaba que el causante desea que se le entierre civil y modestamente, sin intervención alguna de la autoridad eclesiástica ni del clero, y encarga a sus testamentarios que practiquen todos los actos y gestiones a fin de dar cumplimiento a lo consignado (…) removiendo en caso necesario los obstáculos y dificultades que puedan presentar cualquiera clase de personas, autoridades o corporaciones. 

En su última voluntad, Felipe Nieto declaraba que deseaba conciliar los intereses particulares de su hermana (…) con los intereses generales de la humanidad, a la cual quiere ser útil en vida y muerte, por lo que disponía que después de su muerte se le entregasen a su hermana Juana Nieto Benito todo su mobiliario, alhajas, ropas y enseres, vendiéndose todas sus demás propiedades y que, una vez se liquidaran sus deudas, y pagado su entierro, se invirtiese todo su capital (100.000 pesetas de la época) en títulos y valores de la deuda pública, cuyas rentas fuesen disfrutadas de forma vitalicia por su hermana. Una vez fallecida ésta, todo el capital e intereses debían ir destinados a la creación de una Escuela Laica en Guadalajara, dedicada a la enseñanza primaria sólo de varones. 

En este documento designaba como albaceas responsables del cumplimiento de su última voluntad al mencionado Francesc Pi i Margall, patriarca del republicanismo de carácter federal y que fue Presidente del Gobierno durante la I República, y a Ramón Chíes Gómez y Fernando Lozano Montes, ambos periodistas e impulsores del semanario Las dominicales del libre pensamiento, un periódico anticlerical de inspiración masónica, nacido en Madrid en 1883. Estas tres personas también eran nombradas como patronos de la Fundación Felipe Nieto Benito, la cual nacía con el propósito de impulsar en España una educación laica integral, sin ningún contenido religioso. 

En el año 1902 murió Juana Nieto y, de esta forma, los patronos y albaceas crearon la Escuela Laica de Guadalajara. Por tanto, se puede considerar a esta Escuela como la primera en ser creada en España con este carácter laico, junto a la Escuela Moderna de Barcelona, creada en este mismo año por el pedagogo anarquista Francisco Ferrer Guardia, amigo personal de uno de los patronos de la Fundación Felipe Nieto Benito, en concreto Fernando Lozano. 

Los años siguientes a su fundación fueron difíciles para esta Escuela, que contó con la oposición feroz del Partido Conservador de Antonio Maura, que abrió, en 1904, un expediente de investigación sobre las actividades desarrolladas en dicha escuela. Pero la Escuela y la Fundación pudieron seguir adelante y llegar hasta el período de la II República, momento éste en el que se declaró como benéfico docente de carácter particular a este Centro y a la Fundación que lo sostenía. 

Durante la Guerra Civil, el edificio que albergaba a la Escuela Laica fue destruido por un bombardeo y el que, hasta aquellos momentos, había sido su director, Tomás de la Rica Calderón, tuvo que emprender el obligado camino del exilio. 

Al imponer el nuevo régimen franquista como obligatoria la enseñanza religiosa, se procedió al cierre de la Escuela Laica. Pero la Fundación Felipe Nieto pudo sobrevivir a la larga dictadura y sería después –ironías de la vida–, cuando llegase la democracia a España, justamente en el reciente año de 1999, cuando el ayuntamiento de Guadalajara decidiera disolver esta Fundación más que centenaria, pasando sus fondos a las arcas municipales, poniendo así fin a la obra que soñó Felipe Nieto Benito.

 

 

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