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   ARÉVACOS - Nº 32   
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UNA ARULA A JÚPITER, PROCEDENTE DE UXAMA

por Fernando Morales Hernández


Entre los que hemos dedicado una gran parte de nuestra actividad arqueológica a la prospección, hay un dicho: “Buscando piedras, a veces encuentras amigos”. Sin embargo, en otras ocasiones el proceso es el inverso: son los amigos los que proporcionan datos, noticias o, como en este caso, piezas interesantes; unas han estado en casa “de toda la vida”, otras se han hallado casualmente labrando, o paseando.

Arula de Uxama

La pieza que ahora se presenta fue hallada casualmente en superficie, en el transcurso de una visita realizada por terceras personas al “Alto del Castro” de Osma, emplazamiento de la ciudad hispanorromana de Uxama Argaela. 

Aunque se encuentra en proceso de estudio, he aceptado gustosamente el ofrecimiento de J. V. Frías, director de AREVACOS, revista divulgativa de ámbito local, de incluir en este número una precipitada primera valoración del hallazgo, sin perjuicio de otras posibles lecturas que pudieran ofrecer las conclusiones del estudio definitivo. 

Se trata de una pequeña ara o altar (arula, en su acepción latina) bastante bien conservada, a pesar de algunos arañazos que dificultan su lectura. Tiene 9,7 cms de altura, y fue fabricada en caliza blanca de la zona, al igual que otras muchas aparecidas en esta ciudad. En la parte superior conserva un pequeño rehundido circular de 1,7 cms de diámetro, el focus, donde se hacían libaciones y se quemaba incienso para honrar a la divinidad. El campo epigráfico se desarrolla en la cara anterior, y se encuentra enmarcado por un sencillo surco inciso. La inscripción se sitúa en la mitad superior y consta de cuatro líneas realizadas mediante finas incisiones, sin que se haya puesto un especial cuidado en su grafía. Las letras tienen una altura media de 0,6 cms.

 C E S I A 
L · AR A
P O S U I T
I O V I 

Cesia / L(iberta) · ara(m) / posuit / Iovi
Cesia, liberta, puso este altar a Júpiter

El carácter general de la pieza revela que se trata de una arula de culto doméstico, un objeto religioso que pudo formar parte del mobiliario del lararium de una domus uxamense, lo que nos introduce en el ámbito de la religión y los cultos privados de los romanos.

Para los romanos “religión” era la relación entre los ciudadanos y los dioses, y siendo la sociedad romana muy práctica, los romanos buscaban su seguridad y bienestar a través del favor divino y la paz con los dioses. 

La religión romana se caracterizaba por ser politeista, es decir, que había un gran número de dioses, cada uno de los cuales estaba encargado de una función vital, y comunitaria, esto es, que los ritos podían ser tanto públicos como privados. Los cultos públicos o estatales se realizaban en los templos y corrían a cargo de sacerdotes y magistrados. Los cultos privados o domésticos consistían en la adoración de los dii familiaris o dioses familiares: Lares, Manes y Penates.

Los Lares tenían como función principal velar por los terrenos en que se encontraba la casa familiar, eran los guardianes de la puerta. Si algún extraño penetraba con malas intenciones en las tierras de esa casa, tendría que sufrir la cólera de los dioses Lares de la propiedad. Este miedo hacían sagradas la propiedad y la casa. 

Los Manes eran las almas de los seres queridos muertos. Protegían la familia. Son los que cuentan con un mayor número de advocaciones en la epigrafía funeraria romana. Los Penates eran los protectores del almacén de la casa, pero sobre todo eran los guardianes del fuego del hogar, corazón de la vida familiar. Su función era mantener el fuego vivo en el hogar. Mientras la familia duerme, los Penates vigilan. Eran percibidos por la noche en la luz de los rescoldos que mantenían vivo el fuego del hogar. 

Entre los romanos religiosos era costumbre realizar por la mañana, inmediatamente después de levantarse, los ritos del culto doméstico (oraciones y sacrificios) en el lararium. Los miembros de la familia se concentraban ante el larario para los rituales diarios, haciendo las funciones de sacerdote el paterfamilias, el cabeza de la familia.

Larario con pequeño altar en primer plano

El larario era el lugar sagrado de la casa, una pequeña capilla que era el foco de adoración privada en la religión romana, y donde se rendía culto diario a los dioses de la familia y la casa. Los ritos practicados en el larario eran actos de propiciación y purificación que consolidaban las relaciones espirituales. Con la veneración diaria se buscaba activamente la participación de los dioses en la vida diaria, asegurar su protección y sus bendiciones. 

En las casas grandes el larario se encontraba en el atrium, un pequeño patio interior cercano a la puerta de la casa (recordemos que los Lares son los guardianes de la puerta); no obstante, se sabe que algunas casas disponían de otro larario en el dormitorio principal o en el jardín, al aire libre. Podían ser meros nichos en la pared, decorados y coronados por un frontón, o verdaderos templetes en miniatura, de madera o mármol, con un armario inferior para guardar los objetos del ritual: estatuillas de los Lares, lámparas, recipientes para incienso, sal o líquidos, platos, pequeños altares como éste de Cesia, para quemar pequeñas ofrendas de incienso, o hacer libaciones. 

En las casas más modestas el larario se colocaba cerca de la cocina, donde estaba el hogar; pero lo importante era que el larario, tanto en las casas grandes como en las pequeñas, estuviera en un lugar de paso, que fuera algo cercano cuando no se estaban realizando los ritos. Por tanto, la arula de Cesia queda perfectamente enmarcada en la vida diaria de una ciudad romana como Uxama Argaela. Además, no es un caso excepcional, ni por su carácter doméstico, ni por su dedicatoria.

Larario de mármol en el atrio de una casa

De aquí proceden otros pequeños altares, realizados también en caliza blanca, de los que cinco están dedicados igualmente a Júpiter. Y, sin ir muy lejos, en la romana Colonia Clunia Sulpicia, en la provincia de Burgos, se hallaron otras cuatro arulas que certifican el culto doméstico a Júpiter. Si a esto añadimos los cientos de inscripciones en altares y estelas dispersas por toda la península que se refieren al culto de esta divinidad, Júpiter se convierte en el más venerado de los dioses principales, sólo superado por los domésticos dioses Manes. Y es que, precisamente, Júpiter en sus diversas advocaciones (Iovi, Iovi Optimo Maximo, I.O.M., Iovis O.M., I.O.M. Conservator-“ Protector”, Iovis Augustus Ultor-“Vengador”, etc, aunque con una cierta predilección por su calidad de Optimus Maximus), como dios principal del panteón romano, es el representante de la religión y el culto oficial de Roma, por lo que su devoción es, aparentemente, síntoma de una profunda romanización. 

Sin embargo esto ha sido cuestionado, ya que las dedicatorias a Júpiter en Hispania son más frecuentes en las zonas donde la pervivencia de elementos prerromanos es más fuerte, como la Meseta norte y las regiones del noroeste. Esto puede explicarse por una combinación de diversas causas: por su carácter oficial, que pudo ser percibido como símbolo de la nueva situación política; por la amplitud de los poderes y funciones que se le atribuyen; por el deseo de emular las costumbres del pueblo conquistador; por simple sincretismo religioso, es decir, una identificación de este dios con divinidades indígenas; etc. 

Y, finalmente, sólo queda referirse a la dedicante, una mujer uxamense, una esclava que había obtenido la libertad, llamada Cesia, contracción del nombre latino “Caesia”. 

Era característico del esclavo tener solamente un nombre, aunque al ser liberado solía tomar el nombre de familia de su antiguo amo, que pasaba a ser su patrono. Esta circunstancia se refleja habitualmente en las lápidas funerarias. 

Es posible que aquí Cesia, que hace constar su condición de liberta, esté dedicando un altar a Júpiter como agradecimiento por el beneficio recibido. Únicamente se ha encontrado otro nombre idéntico a Cesia, y procede de una inscripción no fechada hallada en la provincia de Badajoz. Su rareza puede deberse, como ya hemos dicho anteriormente, a una incorrecta escritura del nombre “Caesia”, del que existen algunos ejemplos más. El fabricante trasladó a la piedra no la correcta grafía del nombre, sino su pronunciación.

Excavaciones en la ciudad celtíbero-romana de Uxama

En la provincia de Soria sólo existe una Marcia Caesia en Cuevas de Soria, en una lápida funeraria fechada en el s. III d. C. Y descubrimos otra Caesia en un ara funeraria de los ss. II-III d. C. en la romana Clunia, y otra más en la provincia de Salamanca, cerca de Portugal, de fines del s. II o principios del s. III d. C. Es en Extremadura, sin embargo, donde más abunda este nombre: Caesia (sin fecha), Trebonia Caesia, (una liberta de finales del s. I d. C. que toma el nombre de su patrón, Trebonius), y Caesia Felicissima (finales del s. II d. C.). 

Del masculino de este nombre también se conocen ejemplos. Así, en la provincia de Cáceres hay constancia de un Lucio Caesio en una placa de bronce del s. I a. C., mientras que L. Caesius Flacus es un caesaraugustano que vivió en el s. III d. C., soldado de la Legio IIII Flavia Felix, muerto y enterrado en la ciudad de Mantissa, en la Moesia Superior, actual Servia.

 

 

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