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   ARÉVACOS - Nº 33   
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PUEBLA, LA ESPOSA ESPIRITUAL DE PALAFOX

por Javier Nicolás   


Tuve la ocasión, hace pocos meses, de acercarme a Puebla de los Ángeles (México) por cuestiones laborales, y dediqué un par de días a sumergirme en la ciudad que amara nuestro Obispo Palafox. Esta bella ciudad colonial, a la que el propio Palafox definiera como su "esposa espiritual", respira por todos sus poros un aire español y palafoxiano que desborda a cualquier burgense que se pierda por sus calles.

No es difícil hallar las huellas de nuestro Obispo, y si uno se dirige a preguntar a oficinas de turismo o en los mismos lugares palafoxianos de pro, surgirá de súbito un interés y una pasión por nuestro personaje fiterense.

Busqué todos los indicios de Palafox por la ciudad, que no son pocos, y recorrí palacios y bibliotecas, catedral y antiguos seminarios, hasta extasiarme con la fantasía de los óleos que se hallan en la Catedral con temas oníricos en los que aparece nuestro Obispo retratado.

 Cenotafio de Palafox en la catedral de Puebla

¿Y qué decir de su cenotafio? ¿De su tumba vacía? Es realmente algo mágico pensar, desde una mentalidad burgense, acostumbrados a ver su sencilla lápida en la capilla de la Inmaculada, que estamos ante una tumba en vida que se edificara cuando él estuvo en esa hermosa catedral. Lápida sin fecha de acabamiento, tumba sin restos humanos del finado...

Juan de Palafox y Mendoza fue nombrado Virrey de México en 1642, siendo primero Visitador General y luego Insigne Obispo de Puebla de los Ángeles, y, desde luego, con un trato impresionantemente elogioso.

Puebla es Palafox, su nombre es admirado allí, reverenciado, adorado casi. Y prueba de ello son las marcas que pueden verse en forma de placas, calles, monumentos y demás parafernalia. Se le tiene en buena memoria muy especialmente por la construcción de la bella Catedral, de la reforma que hiciera de iglesias, conventos de monjas o del clero secular. Por su incansable lucha contra la prostitución, por su enfrentamiento con los jesuitas.

Juan de Palafox y Mendoza

Palafox llega a estas tierras, como es sabido, en 1640, acompañando al 16º Virrey de México, don Diego López Pacheco y Bobadilla. Nueve intensos años dedicaría Palafox a su experiencia mejicana, con grandísimos frutos. Ello le valió ser considerado el personaje más importante e influyente de México en el siglo XVII.

Mi recorrido empezó, obviamente, por la Catedral. Esa catedral de la que se dice entre los mejicanos que los planos fueron robados a la Catedral de México DF que estaba construyéndose en ese momento, y que rivalizaba en ver quién acababa antes, es de bella factura e impresiona al visitante por su robustez, elegancia y magnificiencia.

Catedral de Puebla

Mi primera visita, una vez dentro, era el cenotafio de Palafox, era mi prioridad máxima. Lo encontramos a los pies de la Catedral, en el trascoro, protegida la lápida por una valla o cancela de bronce que la rodea totalmente y la enmarca. Cuando uno se asoma, lee en letras doradas sobre el mármol duro y frío ese texto en latín muy propio del carácter sencillo y piadoso de nuestro Obispo: "Hic Iacet Pulvis et Cinis Ioannes a Palafox et Mendoza, Indignus Episcopus, Angelorum Populi, Rogate Pro Patre Filii. Expecto Donec Veniat Immutatio Mea, Et In Carne Mea Videbo Deum Meum - Job 14,19 - Natus est cum Seculo - Obiit Anno MDC Die ". ("Aquí yace en polvo y ceniza Juan de Palafox y Mendoza, Indigno Obispo de Puebla de los Ángeles, rogad al Padre y al Hijo. Espero que venga la salvación por mi señor y que mi carne vea a mi Dios - Job 14, 19 - Nacido con el siglo - Fallecido el año 16.... Día").

El capítulo 14 del libro de Job, en su versículo 19 aparece el siguiente texto: "y el agua corroe las piedras, y se lleva la inundación los terrones, y por modo semejante destruyes la esperanza del hombre". Palabras profundas, escogidas desde lo más hondo de un espíritu místico cual fuera el de Palafox.

Después de bastante rato y un Padrenuestro, me despido del cenotafio de Palafox y doy una vuelta respetuosa por la Catedral. Descubro varias pinturas interesantes en las que aparece nuestro Obispo y que me hacen sonreir. En la primera, en la pared del coro, lado evangelio, una enorme pintura revela a ocho religiosos, en hábito blanco y negro, en actitud orante bajo el Cordero Pascual. Cada uno con su nombre orleado sobre su cabeza. Todos miran hacia arriba, menos uno: el Obispo Palafox, cuya mirada fija sus ojos en el observador del cuadro.

En la penumbra de esa nave lateral, apenas acierto a leer los nombres de aquellos sacerdotes: a la izquierda tenemos a San Bernardo M., otro que no acierto a leerlo, San Gregorio VII Arcediano y el cuarto sin nombre. A la derecha, tenemos al primero sin nombre, al Beato Gregorio X, a Palafox y a san Lorenzo Justiniano. Pero lo que más me choca, aparte del hecho de que Palafox nos mire, es el nombre que él tiene puesto en la orla: san Pedro Oxomense, o sea, san Pedro de Osma, lo que no deja de ser curioso. Más tarde reviso que ese cuadro fue pintado por José de Ibarra y su nombre es "Adoración de la Eucaristía", óleo sobre tela del siglo XVIII.

Sigo mi paseo y me introduzco en la Sacristía, en principio zona restringida como rige un cartel allá, pero cuando anuncio que trabajo en la Catedral de el Burgo de Osma como guía, las puertas se abren solas. Incluso el sacerdote diocesano que en ese momento está en la sacristía, me hace muchas preguntas sobre Palafox y su tumba real. Colmo sus expectativas con mis respuestas, y finalmente me pregunta: "¿No podrían darnos algunos huesitos de Palafox para poner acá en su tumba?" Le respondo que traspasaré su pregunta al Obispado de Osma, cosa que hago prudentemente.

En la sacristía encuentro la segunda sorpresa, en forma de un enorme cuadro, gigantesco, donde aparece la Virgen María que arropa con su manto a dos docenas de curas y frailes. La Virgen aparece majestuosa, en forma orante, con un enorme manto que sujetan varios santos, y bajo el manto, aparecen esos sacerdotes y obispos y frailes, 14 a la izquierda y 13 a la derecha. Bajo ellos, angelitos y querubines con unos a forma de escudos con letanías marianas. Todos miran a la Virgen o tienen la mirada perdida en el éxtasis, salvo dos, un Obispo o Cardenal a la izquierda y nuestro Palafox a la derecha, que miran fijamente al espectador del cuadro. Palafox está en sitio preferente, el primero a la derecha, y bajo él, su angelito que sujeta el lema "Regina Puríssima".

De nuevo investigo el cuadro más tarde y me entero que esta pintado por un tal José Joaquín Magón, en el siglo XVIII, óleo sobre tela y cuyo nombre es "Patrocinio de la Virgen". 

Aprovechando que estoy en la sacristía, pido permiso para visitar la famosa Capilla del Ochavo, una auténtica joya artística que reúne el legado del doctor José de Salazar Barahona y que consta de más de 400 piezas valiosísimas en cuadros, esculturas, mármoles, joyas, platería y demás. Una verdadera preciosidad.

Tras salir de la sacristía, me dirijo hacia el Presbiterio, donde sigo con las sorpresas. Ala derecha del altar, hay un cuadro con la Adoración de los Pastores en Belén, obra de Mosén Pedro García Ferrer, datada en 1649, es decir, el año en que Palafox deja Puebla. Es una obra intimista, un óleo sobre tela en que vemos la dulzura de pastores y ángeles contemplando al niño Dios. La paradoja es ver a uno de los pastores de la derecha, apoyado en su cayado y mirando fijamente al niño, y que no es otro que el mismísimo Palafox, notoriedad para cualquier burgense de pro.

Dejo la catedral y voy al segundo puntal de Palafox en Puebla, cuales son los seminarios que construyera en la ciudad, en las traseras de la Catedral. Son edificios coloniales, enormes, con patios interiores bellísimos, y que dan a dos calles.

 Seminario de San Pablo

Fueron bautizados como Seminarios de san Pablo y san Juan, y fueron escuelas o colegios-seminarios donde durante mucho tiempo se formó lo mejor de la intelectualidad de Puebla, y semillero de sacerdotes. Tras las desamortizaciones varias en el siglo XIX, hoy en día son edificios secularizados y destinados a usos múltiples. En uno de ellos encontramos la famosa Palafoxiana, museo y Biblioteca. Dicen los anales históricos que en 1646 Palafox donó su preciosa Biblioteca de unos 5.000 volúmenes a los colegios de san Juan, San pedro y san Pablo. Esta primera e importante donación daría pie a la fundación de la Palafoxiana, con otras importantes donaciones, como la de los obispos Manuel Fernández de Santa Cruz, Francisco Irigoyen y Francisco Pablo Vazquez. Amén de otras donaciones particulares, hasta llegar a los más de 42.000 volúmenes actuales.

El obispo Fabián y Fuero levantaría en 1773 la bóveda que preside la Palafoxiana donde yacen los tres pisos de anaqueles con los libros. Sala impresionante, sobrecogedora, intimista, bella, colmada de obras muy valiosas, y repartidas en más de 50 temas diferentes, desde teología a matemáticas, de geografía a sagradas escrituras, desde la física a las humanidades; contando con manuscritos, cartas, incunables y demás rarezas. Destaca asimismo un óleo que se halla en la Palafoxiana, que es un retrato de Palafox de medio cuerpo donde aparece vestido de obispo y con su mano derecha en las Sagradas Escrituras. Abajo a la derecha una inscripción en latín: "Infatigabilis Ecclesiasticae Jurisdictionis Accerrimus Propugnatur et Ex IIoc Jeronimus".

 Biblioteca palafoxiana

Protegido por la UNESCO y otorgada la carta de Memoria del Mundo, esta biblioteca no deja incólume al visitante, y, una vez dentro, justo en la parte interior de la puerta de entrada, preside una estatua del obispo Palafox, con toga roja, mitra y báculo. La bella puerta de entrada tiene el escudo obispal de Palafox, y a su derecha un enorme mural hecho con azulejos en donde se puede leer: "...el que se halle en un beneficio sin libros, se halla en una soledad sin consuelo, en un monte sin compañía, en un camino sin báculo, en unas tinieblas sin guía... Esto me ha puesto en deseo de dejar la librería que he juntado desde que sirvo a Vuestra Majestad, que ya es de las mayores que yo he visto en España, accesoria a estas casas episcopales y en pieza y en forma pública, y tal que pueda ser útil a todo género de profesiones y personas... -Juan de Palafox y Mendoza - 6 de septiembre de 1646 ".

La única frustración que me llevo de ese maravilloso edificio es haber visitado la librería de la planta baja, en la misma Palafoxiana, donde no existe ningún libro sobre Palafox, lo que no deja, por otro lado, de ser deprimente.

Sigo mi visita por las calles adyacentes, visitando los tres colegios seminarios por fuera, hasta llegar a la Avenida de Juan de Palafox y Mendoza (antes llamada Avenida Puente de Romero Vargas), donde una placa en mármol recuerda lo que fue aquel edificio en tiempos: "Construyó esta casa por los años de 1642 a 1643 dedicándola a colegio de niñas pobres, el primero que hubo en la ciudad, el benemérito obispo don JUAN DE PALAFOX Y MENDOZA, aquí en Puebla y su espléndida Catedral y la Biblioteca Palafoxiana. Fundó también dos colegios para niños y jóvenes, y engrandeció el Hospital de san Pedro, que fue el único de Puebla por más de doscientos años. A la memoria de tan insigne benefactor, el Gobierno del Estado, 22 de julio de 1941."

 Monumento a Palafox en Puebla de los Ángeles

Después de visionar el exterior del Obispado de Puebla, muy cerca de allí, me dirijo hacia el impresionante monumento que tiene Palafox a tamaño natural pegado a una de las muchas iglesias de Puebla. En dicho monumento vemos un bronce de Palafox, magnificiente, grandioso, de bella factura, vestido de obispo y con la mitra en la mano derecha y con la izquierda señalando el infinito o el Cielo. A su derecha, un indio poblano con un libro abierto en la mano y con símbolos aztecas o mayas a sus pies. La base donde se asienta la bella estatua de Palafox, tiene una inscripción en letras grandes y doradas, negras y rojas: "Al insigne bienhechor de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, el pueblo del Estado y su Gobierno, la Ciudad y su Ayuntamiento, a iniciativa y patrocinio de la Fundación Mary Street Jenkins, 16 de enero de 1987".

Finalizo mi recorrido palafoxiano de Puebla de los Ángeles, con la visita del Templo conventual del Carmen, donde voy a encontrar dos pinturas interesantes sobre nuestro obispo. En primer lugar, un retrato anónimo del siglo XVIII, situado en la capilla de la Tercera Orden; es un óleo sobre tela llamado "El Obispo don Juan de Palafox y Mendoza", en el que vemos a Palafox, con su escudo episcopal y dos mitras sobre la mesa, mano derecha apoyada en las Sagradas Escrituras, y varios libros en los anaqueles de su biblioteca: "Historia real Sagrada", "Excelencias de san Pedro", "Semana Santa" y "Cartas de santa Teresa". El segundo óleo, también anónimo, y llamado "Palafox en el huerto del Carmelo", del siglo XVIII, es un óleo sobre tela que puede verse en la capilla del santo Niño de Praga. La pintura retrata un conjunto de carmelitas, monjes y monjas, en torno a una fuente, con ovejas y Palafox sedente con báculo y bonete que recoge el agua en su mano derecha. Arriba santa Teresa y san Juan de la Cruz.

Bien, eso es todo. Dejo Puebla, camino a México DF, con una sensación placentera de bienestar burgense, al haber encontrado una ciudad donde se respira mucho y bien del ambiente de ese hombre santo que era Palafox. Y una llamada para navegantes: no estaría de más, en esta era de hermanamientos que corren por todos los pueblos de Europa, que nuestra alcaldía iniciase el proceso, quizás a través de Aprodebur, de acercarse a esta ciudad e intentar lograr hermanar el Burgo de Osma con Puebla de los Ángeles, creo que el nexo de unión, esto es, Juan de Palafox y Mendoza, bien se lo merece. Sea.

 

 

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