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   ARÉVACOS - Nº 35   
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EXPOLIO Y RESTITUCIÓN DEL SEMINARIO CONCILIAR (1840-1843)

por Jesús Alonso Romero  
   


Con motivo del 425 aniversario de la fundación del Seminario diocesano tuve el honor –gracias a la generosidad del que entonces era su rector, F. Javier Ramírez, del director espiritual y ahora rector, Gabriel Á. Rodríguez, y del equipo de formadores– de escribir en la publicación conmemorativa sobre “El Seminario y la villa de El Burgo de Osma” y de pronunciar en el acto de clausura, celebrado el día 8 de agosto, una conferencia sobre el mismo tema en la que comenté la circunstancia histórica, perfectamente documentada, de la traslación a Soria en 1840 y posterior restitución del Seminario a la villa en 1843. Entonces, dos eclesiásticos, personas muy apreciadas por mí, me aseguraban que nunca el Seminario fue trasladado a Soria. El presente artículo pretende ampliar este episodio, indiscutible desde el punto de vista histórico.

 

El 29 de septiembre de 1833 fallecía el rey Fernando VII. Tres años antes, el 31 de marzo de 1830, estando la reina María Cristina embarazada, el monarca había promulgado la Pragmática Sanción, aprobada en 1789 por Carlos IV pero que no se había hecho efectiva. La Pragmática establecía que si el rey moría sin haber tenido un heredero varón, el trono lo heredaría la hija mayor, aboliendo así la Ley Sálica, promulgada por Felipe V a principios del siglo XVIII y que prohibía a las mujeres heredar la corona española, siguiendo así la tradición francesa. La Pragmática impedía que el hermano de Fernando VII, el infante Carlos María Isidro, pudiera ser rey, pues ya fuese niño o niña (fue niña, Isabel, y nació en octubre de 1830) quien naciese sería el heredero directo. A la muerte del rey Fernando VII su hija Isabel fue proclamada reina; debido a su minoría de edad, el Reino quedó bajo la regencia de su madre, María Cristina de Borbón- Dos Sicilias.

Isabel II

La aspiración del infante Carlos al trono provocó la primera guerra carlista, que se desarrolló entre 1833 y 1840 entre los partidarios del infante Carlos, defensores de un régimen absolutista, conocidos como carlistas, y quienes apoyaban que fuera reina Isabel, la hija de Fernando VII y de la regente María Cristina, partidarios del liberalismo constitucional, denominados cristinos o isabelinos. La primera guerra carlista concluyó el 31 de agosto de 1839 con el abrazo de Vergara entre los generales Maroto, carlista, y Espartero, liberal. 

Su intervención en la contienda y el final victorioso de la primera guerra carlista le valió a Espartero para obtener el título de Grande de España y Duque de la Victoria, y para alcanzar gloria y fama entre el pueblo y, lo que era entonces más importante, en el seno del ejército. 

En agosto de 1837 Espartero se había unido al Partido Progresista y protagonizó evidentes discrepancias con el moderado Narváez. Estas discrepancias fueron no sólo políticas sino también de celos militares profesionales por lo que Espartero consideraba desigual suministro de tropas, material y fondos en favor del Espadón de Loja. 

Opuesto finalmente al conservadurismo de María Cristina, tras las revueltas de 1840, Espartero consiguió ser nombrado Presidente del Consejo de Ministros, pero el insuficiente apoyo le obligó a dimitir. Para tener un mandato tranquilo, Espartero, que lideraba entonces sin oposición alguna el Partido Progresista, necesitaba una mayoría suficiente en las Cortes, por lo que, para conseguirla, fue auspiciando diversos movimientos contrarios a la regente, como el motín de La Granja de San Ildefonso, o el enfrentamiento con María Cristina acerca del papel que le correspondería desempeñar a la Milicia Nacional o a los propios Ayuntamientos. 

Estas pruebas de fuerza de los progresistas en su pulso contra los moderados concluyeron en una sublevación generalizada contra María Cristina en las ciudades más importantes de España, entre ellas Madrid, Barcelona o Zaragoza. Ante el clima de tensión creado, la madre de Isabel II, renunció a la Regencia, entregó al general Espartero la custodia de sus hijas, incluida la reina Isabel, y tomó el camino del exilio en Francia. Espartero quedaba así como regente de España. Una vez alcanzado el poder, el general Espartero concitó los recelos de una parte significativa del Partido Progresista, que veía con preocupación lo que ya era un evidente autoritarismo del general en su práctica política. Su modo de gobernar dictatorial, personalista y militarista provocó la enemistad con muchos de sus partidarios. Un ejemplo de este proceder autoritario del gobierno de Espartero lo constituye su intervencionismo en instituciones eclesiásticas, ejemplificado por la deleznable traslación del Seminario conciliar de El Burgo de Osma a Soria. 

Fachada del Seminario 

La Junta provisional de Gobierno de la provincia, en oficio de 15 de octubre de 1840 (Boletín del viernes 16 de octubre de 1840, nº 125) (1), anunció que el gobierno había “acordado y llevado ya a cabo” la traslación del Colegio Universidad y del Colegio Seminario. El argumento de la traslación se basaba en que había sido “voluntad del dignísimo Obispo D. Pedro de Acosta, fundador,” fijar la Universidad en Soria, que sería “un inmenso beneficio” para toda la provincia su ubicación en Soria y que había sido notoriamente negativo su mantenimiento en El Burgo por “los considerables perjuicios que se han seguido a la causa nacional después de la muerte del último Rey” Fernando VII. 

La Junta de Gobierno, en el anuncio del expolio, critica agriamente la inacción de los gobiernos liberales en este asunto: “En vano expusieron al Gobierno autoridades celosas del bien de la provincia en diversas épocas la importancia de tan útil como justa medida. El poderoso influjo de los Obispos y Clero de Osma se empleó con fruto en desvanecer y echar por tierra tan legítimas pretensiones; y si bien no choca este resultado por ser obra del tiempo del absolutismo, causa seguramente asombro á la par que indignación, que un Gobierno que se llamaba liberal desatendiese en estos últimos años las representaciones que la Diputación provincial y otras corporaciones le dirigieron en solicitud de que tuviera efecto la referida traslación”. 

La animadversión del gobierno progresista de Espartero hacia El Burgo y sus deseos de ejercer visibles y ejemplares represalias contra los disidentes, se expresó sin miramientos en este pasaje de la resolución: “Después de hacer ver palpablemente el derecho que para ello asistía a la ciudad de Soria, y el interés que resultaría a la provincia, hicieron mención especial del mal espíritu que con pocas excepciones reinaba en el vecindario y clero del Burgo. A nadie se oculta esta verdad acreditada por una infinidad de hechos. 

Enseña Carlista

Sabido es que por efecto de la educación perniciosa que allí recibió siempre la juventud, voló a engrosar las filas de la rebelión y del fanatismo en todas las épocas de libertad. Conocida es de todos la conducta desleal de la mayor parte de aquellos habitantes que se prepararon a agasajar y probar su adhesión al Pretendiente en su retirada de las inmediaciones de Madrid a las provincias Vascongadas con arcos triunfales y todo género de regocijos; el justo enojo que tan extraño e indiscreto proceder produjo en el ánimo del invicto General Espartero, y la necesidad en que este se vio de imponer castigos severos a los principales culpables. 

Y últimamente reciente está la memoria de los que el General Concha tuvo también que emplear contra el Ayuntamiento y Clero del mismo pueblo por no haberle facilitado los auxilios y recursos que pidió para los valientes que conducía en persecución de los restos de la facción del rebelde Palacios, después de la importante victoria de Olmedilla. Tales son los fundamentos en que la Junta se ha apoyado al dictar una resolución que por otra parte reclamaba con vivas instancias la opinión pública de casi toda la provincia”. 

El texto anterior se refiere a la notoria adhesión, voluntaria o inducida por situaciones de fuerza, que la causa carlista tuvo en sectores civiles y eclesiásticos de la población burgense. La “conducta desleal” que achaca la resolución, cuando la mayor parte de la población se mostró partidaria de “agasajar y probar su adhesión al Pretendiente en su retirada de las inmediaciones de Madrid a las provincias Vascongadas con arcos triunfales y todo género de regocijos”, consistió en el recibimiento dispensado el jueves 27 de septiembre de 1837 al pretendiente Don Carlos y al capitán general de sus ejércitos, el infante Sebastián Gabriel. 

El “justo enojo que tan extraño e indiscreto proceder produjo en el ánimo del invicto General Espartero, y la necesidad en que este se vio de imponer castigos severos a los principales culpables” fue, entre otras represalias, el arresto de todo el clero catedralicio y la imposición de una multa de 6.000 duros a las tres congregaciones de la Catedral (dignidades y canónigos, racioneros y capellanes) que debían pagar “en el término preciso de cinco horas, con apercibimiento que pasadas dichas cinco horas sin haber aprontado los seis mil duros procedería a fusilar a los individuos del Cabildo y corporaciones” (2). 

Cabildo y congregaciones debieron recurrir al “empréstito y reintegro de cualquiera persona particulares del pueblo” para librarse del fusilamiento ordenado por Espartero. La batalla de Olmedilla que se menciona en la resolución del expolio, tuvo lugar el 15 de junio de ese año 1840; el general isabelino victorioso de la misma, Manuel Gutiérrez de la Concha, primer marqués del Duero (que, en menos de un año, pasaría a ser un fuerte opositor de Espartero, interviniendo militar y políticamente a favor de los moderados); y el “rebelde Palacios” es el destacado militar carlista, jefe junto a Balmaseda de las tropas del pretendiente en esa operación bélica. 

Continúa el anuncio de resolución del traslado informando que dos comisionados del gobierno vinieron a El Burgo para hacerse cargo “por inventario de todos los fondos, enseres y utensilios del Colegio- Universidad y Seminario conciliar” con el fin de trasladarlo a Soria, al tiempo que otros comisionados en la propia Soria se encargaron “de habilitar el Convento de los extinguidos Jesuitas, destinado para la apertura de los estudios”. 

En el Boletín Oficial del lunes 2 de noviembre de 1840, las autoridades pretendían justificar la usurpación de la Universidad y del Seminario, en un texto que no tiene desperdicio, con los argumentos siguientes: “Grandiosa ha sido ciertamente la empresa de la Junta Provisional de Gobierno en trasladar el Colegio-Universidad y Seminario Conciliar del Burgo de Osma á esta capital: medida ha sido muy política en las actuales circunstancias, y óptimos frutos ofrece á la juventud. Ha muchos años que la conveniencia pública reclamaba la traslación de aquellos institutos a la capital de la provincia, para que bajo los auspicios de las autoridades superiores inspirasen confianza a los cursantes y se educasen en doctrinas sanas y al nivel de las luces del siglo. Intereses levíticos apoyados por la sórdida codicia, habían contrariado aquella disposición; y sin el actual pronunciamiento hubiera sido quizá lejana su ejecución. Empero un voto unánime reclamó la realización; y la Junta Provisional revestida de su autoridad así lo dispuso, y en quince días quedó verificada. La guerra civil, que las instituciones liberales y sus defensores han sufrido en el territorio del Burgo de Osma, el servilismo que allí se ha defendido por espacio de veinte años, señaladamente durante el obispado del Señor Cavia, ya con las armas, ya por medios indirectos, aunque sabidos, exigía una determinación fuerte que arrancase de aquella villa unas instituciones que en vez de ilustrar y ser útiles á la sociedad, solo tendían al envilecimiento, a la humillación, al sostén de ideas rancias y egoístas. 

Era pues muy político el separar la juventud de sitios tan obscuros: era necesario atraerla a la capital de la provincia, en donde el trato social, la concurrencia de sabios y entendidos, les proporcionasen conocimientos para sacar utilidad y provecho de la asistencia y aplicación a las cátedras: era indispensable que los Catedráticos se hallasen en libertad de enseñar sanas doctrinas, de dar á sus discípulos nociones claras y sencillas de inculcarles en sus deberes para con la sociedad. Sostenidos tan luminosos principios por las autoridades superiores de la provincia, particularmente por la Excma. Diputación provincial, en la cual se hallan refundidas actualmente las atribuciones de la Junta de Gobierno; la juventud estudiosa adquirirá conocimientos sobresalientes para ser útil a sí misma y a su patria: en la capital hallará el ejemplo, la recompensa, el mérito: en ella verá modelos de probidad, de justicia, de beneficencia, de desprendimiento, de amor a sus semejantes y de anhelo por la consolidación de las libertades patrias. 

Gracias sean dadas á la Excma. Junta Provisional de Gobierno por tan acertada determinación, mas sentimos no dárselas cumplidas porque hallamos una equivocación: el haber comisionado en ambos institutos a personas cu-yos actos políticos en las últimas elecciones no están en armonía con el objeto del pronunciamiento, ni con la sección de veteranos de la independencia y de la libertad. Soria 28 de Octubre” (3). 

En el mismo número del Boletín, se estableció el plan de estudios de los tres cursos de Filosofía -basado en las asignaturas de matemáticas, geometría aplicada, lógica, principios de gramática general, física experimental, geografía, filosofía moral, fundamentos de religión, historia general, historia de España y literatura- y los siete de Teología -destacando las materias de lugares teológicos, historia eclesiástica, instituciones teológicas, historia sagrada, teología moral, teología pastoral y oratoria sagrada- que se comenzaron a impartir en Soria (4). 

El Ayuntamiento de El Burgo hizo todo lo posible para que el gobierno devolviera tanto la Universidad como el Seminario a la villa. Antes de que la noticia del traslado de la Universidad y del Seminario a Soria se anunciara en el Boletín, el Ayuntamiento burgense ofició al Cabildo de la Catedral informándole que actuaría “con toda energía y a costa de cualquiera sacrificio” para conseguir que fueran restituidos a la villa “los establecimientos de Colegio y Seminario trasladados a la ciudad de Soria por disposición de la Junta Provisional de Gobierno”, solicitando del Cabildo que, a su vez, nombrara un comisionado para que asistiera a las sesiones que iba a celebrar el Ayuntamiento con este objeto. 

El Cabildo nombró comisionado para ello al abad de San Bartolomé, Eusebio Campuzano (5). A los pocos días, el Consistorio comisionó al Dr. Don Hilario Garcés, vecino y abogado en esta villa, para que fuese a Madrid a solicitar ante la Regencia del Reino y demás autoridades “la devolución de los establecimientos de Colegio Seminario y el de la Universidad de esta villa que han sido trasladados a Soria” (6). Las gestiones fueron infructuosas. La situación creada por Espartero como consecuencia de su autoritarismo, provocó gran tensión interna entre los progresistas y una cada vez mayor contestación por parte de los moderados. 

En 1843 se vio obligado a disolver las Cortes, ante la hostilidad de las mismas, y los generales Narváez y Serrano encabezaron un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas. El 11 de junio de 1843, la sublevación de los moderados fue también arropada por los hombres de la confianza de Espartero, lo que obligó al general a abandonar el poder y marchar al exilio en Londres. Tras la caída de Espartero, el conjunto de las fuerzas políticas llegaron al convencimiento de que no debía instarse una nueva Regencia, sino reconocer la mayoría de edad de la Reina, a pesar de que Isabel tan sólo contaba con trece años. Esta solución, así como el primer gobierno del reinado, contaron con la aceptación de Narváez, la cual era imprescindible, pues (exiliado Espartero) éste se convertía ahora en el principal soporte militar de la vida política. 

El nuevo gobierno provisional reparó la deleznable traslación del Seminario a Soria con la legítima restitución a El Burgo. La Universidad, no obstante, acabó sus días en la capital de la provincia. El pronunciamiento triunfal de los moderados frente al autoritarismo progresista de Espartero fue recibido en El Burgo con iluminación general y repique de campanas (7). El 7 de julio de 1843, el gobernador eclesiástico de la diócesis de Osma, sede vacante, Eusebio Campuzano, dirigió a la Junta Superior provisional de la provincia de Soria un oficio en el que defendía lo obvio: el carácter eclesiástico del Seminario conciliar y, por tanto, sometido a la autoridad, no del gobierno, sino del obispo diocesano. 

Continuaba la exposición afirmando que aunque “las circunstancias de un tiempo no muy lejano le arrancaron de este suelo en que había nacido, prosperado y perfeccionado, y autoridad no competente se mezcló en su dirección, nombramiento de catedráticos y demás dependientes”, no por ello el gobernador eclesiástico, s. v., había dejado de reclamar el exclusivo derecho que le competía en el Seminario, solicitando al gobierno de S. M. que se le dejase en plena autoridad para determinar su restitución a El Burgo, capital de la diócesis, “al lado de la iglesia catedral y a la vista del Ordinario para su mejor dirección, inspección y aprovechamiento de sus alumnos”. El gobernador eclesiástico reconoce que “convino por un tiempo dado en que continuase” el Seminario en Soria “por no perjudicar en aquel curso a los escolares”, pero que “pasado este término no solo reclamó y trató de la restitución del establecimiento a la capital de la diócesis y en utilidad de toda ella (como que en su beneficio, y no en el de la provincia civil, se había creado y conservado) sino que también había empezado a trasladar, y trasladó la mayor parte de los efectos que le pertenecen, hasta que la autoridad civil de la provincia ofició al encargado por este Gobierno eclesiástico para que cesase y suspendiese dicha traslación”. 

Continúa Eusebio Campuzano su defensa para la restitución del Seminario a El Burgo en estos términos: “Hoy, época de reconciliación de todos los españoles; hoy que se trata de respetar los derechos de los establecimientos y de las personas y autoridades de quien estos dependen, su Gobernador recurre á la protección de V. E. para que se sirva apoyar su deseo de acabar de restituir a esta capital los pocos efectos del Seminario que restan en esa, y coadyuvar a su apertura en beneficio de la juventud del obispado”. 

La misma petición la había acordado la Junta de salvación del partido en sesión del 6 de julio. Ante la petición del gobernador eclesiástico del obispado, s. v., “reclamando la restitución a esa villa del Seminario conciliar de la diócesis, cuya traslación a esta capital tuvo lugar en 1840, con los efectos pertenecientes a él, fundándose V. S. para pretenderlo en razones que no intentará replicar; y hoy que el móvil mas principal que ha de dirigir los actos de las corporaciones que los pueblos se dan, es la reparación de actos consumados opuestos a rigurosa justicia, sería un contraprincipio desconocerla en el punto que motiva su citada comunicación. 

Bajo este supuesto y la predisposición que ya existía en esta Junta de devolverle a Osma su Seminario conciliar, lo ha acordado así en sesión de este día, y que se ponga en conocimiento de V. S. para que pueda dar las disposiciones que correspondan a su autoridad para que se lleve á ejecución la traslación de los efectos que todavía existan en esta ciudad: de todo lo cual se da noticia al Sr. Jefe político para los oportunos fines. Dios guarde á V. S. muchos años. Soria 10 de Julio de 1843.= Simeon Aguirre, Presidente.= Manuel Moreno Revuelto, vocal Secretario interino.= Sr. Gobernador eclesiástico de este obispado de Osma” (8). 

Las campanas de la Catedral repicaron de 9 a 10 de la noche el 12 julio, a petición del Ayuntamiento de El Burgo, que deseaba “dar a sus conciudadanos una positiva prueba de la satisfacción que le ha cabido con la noticia de haberse dispuesto por la Junta Superior Provincial de Gobierno de esta provincia la reinstalación en esta villa del Seminario Conciliar” (9). 

Notas: 

1) ARCHIVO MUNICIPAL DE EL BURGO DE OSMA: Boletín Oficial de la provincia de Soria. Nº 125, viernes 16 de octubre de 1840) 
2) ACBO: Libro de Actas Capitulares jueves 27-IX- 1837. 
3) AMBO: Boletín Oficial de la provincia de Soria. Nº 132, lunes 2 de noviembre de 1840. 
4) AMBO: Boletín Oficial de la provincia de Soria. Nº 132, lunes 2 de noviembre de 1840. 
5) ACBO: Libro de Actas Capitulares 12-X-1840. 
6) AMBO: Libro de Acuerdos del Ayuntamiento 9- XI-1840. 
7) ACBO: Libro de Actas Capitulares 4-VII-1843. 
8) AMBO: Boletín Oficial de Soria. Nº 84, viernes 14 de julio de 1843. 
9) ACBO: Libro de Actas Capitulares miércoles 12-VII-1843.

 

 

 

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