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   ARÉVACOS - Nº 36   
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JUAN MARTÍN DÍAZ EL EMPECINADO
ENCARCELADO EN EL BURGO DE OSMA

por Agustín Arroyo Carro  
   


Al cumplirse el 200 aniversario de la Guerra de la Independencia, he querido rescatar de ese periodo un acontecimiento que pocos sorianos y burgenses conocen. El suceso al que aludo es el encarcelamiento y posterior fuga rocambolesca de la cárcel de El Burgo de Osma de uno de los personajes más populares de esa guerra, Juan Martín Díaz, el famosísimo guerrillero conocido con el apodo de El Empecinado.

Lápida en la casa natal del GuerrilleroJuan Martín Díaz nació el 5 de septiembre de 1775 y moriría en 1825. Nació en Castrillo de Duero (Valladolid). Era hijo de un labrador acomodado y ejerció de labrador, viñador y zapatero. Su sobrenombre proviene de las pecinas o charcas de aguas cenagosas con lodos negros que se encuentran en las cercanías de su localidad de origen. 

Después de entrar en quintas su primera campaña militar tiene lugar en el año 1793 en la Guerra del Rosellón contra Francia (1793-1795) como soldado de caballería. Según Federico Hardman, en su obra El Empecinado visto por un inglés, Juan Martín antes de la Guerra de la Independencia vivió en su localidad natal ocupado unas veces en cavar y en podar los viñedos y otras en recaudar un impuesto sobre las mercancías vendidas en un distrito vecino, impuesto perteneciente al patrimonio del duque de Osuna. 

En invierno iba a los montes próximos con su hacha y su pollino, cortaba leña y la vendía en los pueblos del contorno... Parece ser que en el año 1807 El Empecinado obtuvo el cargo de recaudador de primicias de la villa de Alcazarén (Valladolid). Se casó en 1796 en Castrillo con Catalina de la Fuente, natural de Fuentecén (Burgos) donde se instaló hasta 1808. 

Se cuenta en el libro de Hardman que la causa de que El Empecinado organizase una guerrilla contra la invasión francesa de 1808 fue, desconocemos si es verdad o invención literaria, la ira y el odio a los franceses suscitados por la ofensa que Juanita, su novia y los padres de ésta sufrieron de un sargento languedociano de los dragones franceses que habían pernoctado en Castrillo para recabar alimentos para las tropas invasoras.

Busto de Juan MartínEl Empecinado, ya antes de formar una guerrilla y crear en torno a su persona una aureola épica y legendaria, tenía fama en su pueblo y comarca de hombre de gran fuerza física, audacia y valentía. Se le respetaba y temía por su arrojo y rebeldía contra los que abusaban de su poder y humillaban a los pobres. En abril de 1808 El Empecinado comienza a detener convoyes, interceptar correos y coger prisioneros franceses. En Mayo de 1808 se une a las tropas del general Cuesta y comienza a hostigar al ejército francés al mando de partidas de guerrilleros, cada vez más numerosas, que recorren las provincias del centro de la Meseta (Guadalajara, Valladolid, Cuenca, Segovia y Burgos).Los éxitos de El Empecinado en las actividades guerrilleras y la ayuda proporcionada a las tropas regulares y al ejército inglés de Wellington le llevan a alcanzar el grado de general y a convertirse en un mito popular.

En Octubre de 1808, estando en la villa de Hontoria del Pinar junto con cinco hombres de su guerrilla, observando los movimientos del enemigo, recordó que en El Burgo de Osma vivía un canónigo paisano suyo, y con él una sobrina muy guapa, con la que, en otro tiempo el guerrillero había tenido relaciones. Parece ser que El Empecinado era hombre inclinado al bello sexo y, ni corto ni perezoso, decidió presentarse en El Burgo de Osma para visitar al canónigo y a su bella sobrina. 

El Burgo de Osma no tenía guarnición francesa fija, pero su comarca era recorrida por piquetes y tropas francesas, de tal forma que no era raro el día en que éstas se presentaban en la localidad. El corregidor y otras autoridades de la Villa parece que eran afrancesadas y tenían órdenes estrictas de dar información o capturar vivo o muerto a El Empecinado. En estas circunstancias la visita a El Burgo de Osma era no sólo peligrosa sino temeraria. 

Antigua calle de los Arcedianos, en El Burgo Uno de los apacibles días del otoño burgense al ponerse el sol, y posiblemente por la puerta de San Miguel, un jinete bien montado y armado, vestido de campesino y con aspecto de contrabandista entraba en El Burgo de Osma. Parece ser que un mendigo apostado a la sombra de la puerta le pidió una limosna. El Empecinado reconoció en el mendigo a Nicolás el Coco, viejo y paralítico que durante varios años había mendigado junto a la iglesia de Castrillo de Duero, pueblo de Juan Martín. Éste le dio una limosna consistente en una moneda de oro y le dijo que cuando arreciase el hambre nunca le faltaría en su campamento un trago y un plato de sopa. También le dijo que se abstuviera de advertir a nadie de su presencia en la Villa. El mendigo consideró que si delataba a El Empecinado su fortuna y su suerte podían mejorar y decidió hacerlo, aun considerando la vileza de su delación.

Mientras tanto se albergó en la casa de su amigo el canónigo para pernoctar apaciblemente. Nicolás el Coco acudió a la casa del corregidor para anunciar y delatar la presencia de El Empecinado en el pueblo, aunque desconocía dónde se había alojado. El corregidor se hizo acompañar de otros dos magistrados de menor categoría y veinte alguaciles armados intuyendo que el personaje a detener se habría alojado en casa del canónigo del cual conocía su amistad con el de Castrillo. A todo esto Nicolás el Coco, el mendigo, había sido visto en la puerta del corregidor por algunos vecinos que luego supieron había delatado al famoso guerrillero. 

Un tal Esteban, carnicero que conocía personalmente a Juan Martín y otros burgenses antifranceses y patriotas, después de que el guerrillero fuese apresado buscaron al chivato o delator, lo encontraron y lo ajusticiaron ahorcándolo y colgando su cadáver frente a la casa del corregidor con un papel ensangrentado en su pecho donde se podía leer lo siguiente: ¡Venganza contra los que han vendido al Empecinado! Éste es el número uno. Los autores de este linchamiento no fueron encontrados, puesto que en el pueblo reinaba un pacto de silencio. 

Las autoridades civiles conociendo la importancia del detenido enseguida se pusieron en contacto con los franceses que en número de trescientos se alojaban en S. Esteban de Gormaz a 12 kms. de El Burgo de Osma. 

Muy pronto la noticia corrió como un reguero de pólvora por toda la comarca, pues la cabeza del guerrillero tenía precio para los franceses quienes consideraban a Juan Martín como un salteador de caminos y un ladrón o bandido. Al haber sido detenido por las autoridades civiles el juicio tendría que ser civil y no militar, por lo que se le encerró en un calabozo municipal. 

Juan Martín consideraba su situación casi desesperada pues se hallaba atado con grilletes en los tobillos en una celda que sólo tenía un pequeñísimo ventanuco que daba al corredor de la cárcel. Pensó en sobornar al carcelero, pero había sido despojado del dinero que traía consigo. En un momento dado oyó que una voz se dirigía a él a través del ventanuco. Era un tal Cambea, zapatero de Aranda, que había conocido en la guerra del Rosellón y que ahora estaba encerrado en la misma cárcel por algún delito menor, por lo cual tenía cierta libertad de movimiento en la prisión. Éste le proporcionó un trozo de cera para hacer un molde de la cerradura de la llave de su celda. Así ocurrió. Un cerrajero amigo de la Villa hizo la llave y así Cambea pudo liberar al guerrillero de su celda. 

Ambos acudieron ante el alcaide y el abogado que iba a acusar a El Empecinado y les sometieron y encerraron a su vez. Se disfrazaron con sus vestimentas y eludiendo la presencia francesa en el pueblo pudieron escapar a uña de caballo. 

Este relato que nos cuenta Hardman, aunque literaturizado, no se aleja mucho de la verdad histórica, puesto que sabemos que El Empecinado había capturado a una dama francesa pariente del general Moncey y un convoy, por lo cual algunos de sus convecinos se confabularon contra él por miedo a las represalias francesas. La contravención de las órdenes de entregar a la dama y hospedarla en su casa le granjeó envidias, enemigos y la prisión. 

Estatua en su pueblo natal Para evitar esto y sincerarse con el general Cuesta, Juan Martín va a visitarle a Salamanca y el general le manda a El Burgo de Osma donde fue encarcelado y apresado con grilletes. Después escaparía de la Villa. Se detuvo en la posada de Fuente-Caspe donde encontró un destacamento de dragones franceses y apoderándose de uno de sus caballos huyó sin dejar rastro.

Su guerrilla llegó a contar con 10.000 hombres, poniendo permanentemente en jaque a los ejércitos napoleónicos. Comisionado el general Joseph-Léopold Hugo, experto en la guerra de guerrillas, para capturarlo, fracasó en todos los intentos e hizo prisionera a su madre, bajo amenaza de fusilarla si no se entregaba. Juan Martín Díaz contestó al desafío francés diciendo que fusilaría a todos los prisioneros en su poder si hacían lo propio con su madre, por lo que los galos decidieron poner en libertad a la madre del guerrillero. 

Sus éxitos en la guerra de la Independencia le llevaron a ser nombrado capitán y la Regencia lo ascendió a Brigadier. Terminada la guerra, Juan Martín pidió a Fernando VII el restablecimiento de la constitución de Cádiz de 1812, lo que le supuso el destierro a Valladolid. 

Tras el triunfo de la revolución liberal, de 1820, fue nombrado gobernador militar de Zamora. Tras la caída del régimen liberal, marchó exiliado a Portugal. Desde allí pidió a las autoridades absolutistas permiso de residencia en España, fijándosele la villa de Aranda de Duero. Detenido a su regreso en la localidad de Roa, fue sacado durante un año en una jaula los días de mercado para general satisfacción y escarnio del populacho. Dos años después se decretó su muerte y, el 19 de Agosto de 1825, cuando era conducido al cadalso, rompió las ligaduras que ataban sus manos, tomó la espada de uno de sus guardianes y se enfrentó a la fuerza y soldadesca que le conducía al patíbulo, siendo acribillado por las bayonetas. Después se ajustició su cadáver. 

Así pagó la monarquía absolutista y el felón Fernando VII la vida de lucha de este hombre liberal y valiente que luchó por la independencia de España frente al invasor francés. 

 

 

Bibliografía

–BERZAL DE LA ROSA, Enrique: El Empecinado, Madrid, 2008. 
–GÓMEZ DE ARTECHE, José: Juan Martín el Empecinado y los guerrilleros, Madrid, 1886. 
–HARMAND, Frederic: El Empecinado visto por un inglés, Espasa Calpe, Madrid.1973. 
–MARTÍNEZ, Mateo: "El Empecinado", Colección Vallisoletanos, Valladolid, 1983. 
–MERINO, Ignacio: Poe el Empecinado y la libertad, Maeva Ediciones, Madrid, 2003. 
–PÉREZ GALDÓS, Benito: "Juan Martín el Empecinado", Episodios Nacionales, Madrid, 1981. 
–VILAR, Pierre: Hidalgos, amotinados y guerrilleros. Barcelona, 1982. 
–RUIZ CORTÉS, F. y SÁNCHEZ COBIOS, F.: Diccionario biográfico de personajes históricos del siglo XIX español, Rubiños 1860, Madrid, 1998.

 

 

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