Gonzalo Morenas de Tejada (1890-1927) es un buen prosista y poeta burgense, que residió en la llamada Huerta Santillán (casona, jardín y huerta) situada a los pies del castillo de la ciudad de Osma, en un bello rincón de la desembocadura del Abión en el río Ucero. Muy joven, Morenas de Tejada, marcha a Madrid, a estudiar Derecho. Allí frecuenta tertulias literarias y publica novelas, libros poéticos y artículos en periódicos y revistas de España y América.

Sus libros de versos merecen críticas favorables y la Asociación de la Prensa, en Soria, le hace Socio de Honor y el Ayuntamiento de El Burgo de Osma le concede un Voto de Gracias. Es, también, miembro de la Real Academia de Música, Letras y Declamación y de la Hispano- Americana, de Cádiz. El también burgense y poeta, Dionisio Ridruejo, dice de morenas de Tejada: sus versos hablan, no sólo riman. A ellos se asoma su alma, su sentir y te clavan sus ideas…
Libro de poemas
Su hija, María de los Ángeles, Maritín (1918-1988), publicó, con todo cariño filial, una Antología Poética, en 1978, donde selecciona lo que para ella es más representativo de la producción poética de su padre…
Hemos elegido para Arévacos poemas, algunos fragmentados, que muestran el valor literario de la obra en verso del poeta Gonzalo Morenas de Tejada.
A don Victoriano Corredor en el día de su homenaje
Noble maestro anciano,
mirada suavemente vigilante
que nos guíe siempre tu mano
por el camino adelante.
Maestro de palabras serenas
y de doctrinas armoniosas
jardinero de las primeras rosas
jardinero de aquellas rosas
que nos trajeron la fragancia
de las ideas generosas
hasta el jardín de nuestra infancia.
Nos enseñaste a ser buenos
nos enseñaste a ser altivos
a caminar siempre serenos
a ser en todo compasivos
nos hiciste odiar el lodo
y admirar nuestros rojos soles
y nos hiciste sobre todo
ser unos buenos españoles.
Maestro de la naturaleza
de la suave y la bravía
por ti ha llegado la belleza
a las rutas del alma mía.
LOOR A LA VIEJA CIUDAD
Canción del Burgo de Osma
¡Oh, ciudad episcopal,
con tus hidalgas casonas
y tus porches centenarios,
tu gótica catedral,
donde dueñas quintañonas
van dejando entre rosarios,
junto a los confesionarios,
algún pecado mortal!...
Va tu alameda frondosa
entre el cauce y el molino
y las tapias de un convento,
y en tu hora silenciosa
Amor marchita una rosa,
Y una vieja trenza el lino
Y un monje exclama: –¡Memento!
¡Oh, tus casas encubiertas,
las mozas en al zaguán,
por las rejillas abiertas
miran las calles desiertas
a ver si viene Don Juan!
Corro de niñas gentiles
desgranan una cantinela
de nostalgia y de pasión,
y al evocar sus abriles,
llora en la vieja plazuela,
paralítica, una abuela
que pensó en Napoleón.
Del palacio episcopal
viene hasta el viejo camino
un perfume musical
de la gama de Aretino.
Llega el son místico y suave
de una balada dulcísima,
cuyos acordes se esfuman…
¡Las manos de su Ilustrísima
van dejando sobre el clave
algo del alma de Schumann!...
Para saber más: José María MARTÍNEZ LASECA, “Remembranza del poeta afable Morenas de Tejada”, Arévacos, 2 (2000) pp. 11-15.
* * * * *