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   ARÉVACOS - Nº 39   
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Viejos oficios: 

LOS COLMENEROS

por Jesús Andaluz Romanillos        

   

Colmenares benditos,
santos abejares,
dais miel a los hombres
y cera a los altares. 

 

Decir apicultor es lo mismo que decir colmenero aunque a mí me gusta más la 2ª. palabra. Quiero explicar, con la colaboración de Francisco Benito Andrés, mis escasos conocimientos en relación con las abejas, en una zona, la de El Burgo de Osma, en la que en otros tiempos había bastantes colmenares, pero que hoy escasean por múltiples causas. 

La apicultura es el arte y la ciencia de la cría y mantenimiento de las abejas, con vistas a obtener de su trabajo dirigido, miel, cera, polen jalea real y propóleos como principales productos de la colmena. La apicultura es un arte, es decir un medio de obtener algunos resultados: miel, cera, etc. Por efecto de aptitudes naturales tales como la destreza, habilidad y saber hacer. 

La apicultura es también una ciencia, dicho de otra manera, un conjunto de conocimientos, de experiencias que se tienen sobre las abejas y los cuidados que reclaman como colonia de insectos sociales que son. La cría y los cuidados de las abejas constituyen, para numerosos aficionados, un entretenimiento, una ocupación del tiempo libre. Entretenimiento y ocupación limitado por lo limitado de la materia, pensará el que nunca haya tenido las responsabilidad de llevar un colmenar; pero en el momento en que personalmente dirija, ayude, acompañe o simplemente siga la evolución de los millares de abejas de una colmena, cambiará su opinión de cara a una práctica que exige un amplio abanico de conocimientos que dependen de múltiples disciplinas, siendo la constancia pilar fundamental e imprescindible para sacar adelante el colmenar y mantenerlo con éxito. 

 

Qué es una colmena y por qué está formada

La colmenaLa colmena propiamente dicha es una caja o receptáculo donde viven las abejas, está formada por panales en cuyas celdas almacenan la miel, el polen y donde la abeja reina pone los huevos que posteriormente darán lugar a nuevas abejas. Una colmena suele estar formada por diez panales o cuadros, cada uno contiene, en época de invierno 2000 abejas, estas cifras se duplican o triplican en época estival de abril a septiembre. 

El conjunto de colmenas se llama colmenar o apiario. La construcción de las colmenas se hace básicamente con madera de pino, aunque en la actualidad hay otros productos más duraderos como plástico; la experiencia nos dice que el más aconsejable y ventajoso es la madera; esta madera debe estar bien curada y madura (seca), es imprescindible pintarla, ya que su exposición al sol va a ser continua. 

El horno, que tradicionalmente han sido el modo de explotación apícola, es un habitáculo de adobes, de 40 x 40 cm. y 50 de profundidad, que se construía en la fachada del colmenar y en algunos casos de las viviendas. En él se colocaban unas cruces de palo para que las abejas obrasen sobre ellos los paneles. Catar un horno consistía en extraer la miel de los panales, que contenían la miel, a últimos de invierno. De ahí el dicho que el buen colmenero cata en febrero, mejor a últimos que a primero. En cuando a las colmenas móvilistas, varios son los modelos utilizados. Algunos de ellos son: 1) colmena perfección o de alza. Es la más utilizada por esta zona, por ser la de más fácil manejo, durabilidad y resultado. 2) Colmena industrial. 3) Colmena layens. 4) De corcho, muy común en Extremadura y Salamanca, como su nombre indica está elaborada con planchas de la corteza del alcornoque, unidos por los extremos, formando un cilindro hueco, en su interior se encuentran las abejas, estas fabrican los panales de forma irregular. Como tapa llevan una losa de piedra. 5) Colmenas de mimbres, son como un cesto de 30 centímetros de diámetro y un metro de alto. Van recubiertas de un amasijo compuesto por arcilla y moñiga de vaca, formando un estupendo aislante para las frías temperaturas del riguroso invierno de esta zona. 6) Colmenas de troncos de árboles, consisten en un tronco de árbol previamente vaciado; la madera atilizada suele ser de roble.

 

Las abejas, individuos que pueblan la colmena 

El conjunto de individuos que forman una colmena se llama enjambre. Si observamos con paciencia y minuciosidad a un enjambre, podemos ver que aunque todas las abejas parezcan iguales, no lo son. 

Abeja madre o reina, abeja obrera y zángano El enjambre está formado por una reina, algunos cientos de zánganos y miles de abejas obreras. Son insectos sociales que viven en colonias y pertenecen a la especie Apis Mellifera, perteneciente al orden Himenóptera.

La reina es la madre de toda la familia. Es la única hembra perfecta de la colonia. Su especialización, la lleva a ser una verdadera máquina de poner huevos, en buena época puede llegar a poner hasta 2000 diarios. La reina nace de una larva que haya sido alimentada con jalea real, su cuna es la celda real, también denominada maestril o realera, teniendo forma de bellota. El color de la reina o abeja madre es mucho más amarillo, sobre todo en sus anillos abdominales, sus alas son cortas y cubren solamente la mitad de su alargado cuerpo; estas características facilitan distinguirla de las obreras y los zánganos. El aguijón lo tiene prácticamente atrofiado y lo usa únicamente si riñe con otras reinas, nunca lo usa para defenderse del hombre. 

La abeja madre vive de continuo en el interior de la colmena y sólo sale dos veces en la vida, una para fecundarse, acto que se verifica una sola vez en la vida y la segunda vez para acompañar al enjambre que sale de la colmena en el tiempo de enjambramiento. La reina de aparea cuando tiene entre 6 y 10 días de vida, esto ocurre en el tiempo cálido y soleado en una mañana de principio de primavera; entre las 10 y las 13 horas, la reina virgen sale de la colmena, comenzando el vuelo nupcial, dando un ascenso vertical, un centenar de zánganos la acompañan, la reina sigue ascendiendo siempre vertical al eje de la tierra, varios zánganos, los más débiles van cayendo, y únicamente el más vigoroso que consiga subir a la altura de la abeja madre la fecundará y acto seguido morirá. A los 5 o 10 minutos, la reina vuelve a la colmena, donde inicia la tarea de puesta de huevos, colocando uno de ellos en cada alveolo del panal, el huevo a los tres días se convierte en larva que es alimentada por una papilla compuesta de polen agua y miel, a los 9 días el alveolo es sellado y a los 19 días a partir de su puesta, saldrá la abeja obrera. La vida de las reinas es de cuatro años. 

Las abejas obreras son las encargadas de recolectar el polen y fabricar la miel, el polen, los propóleos, alimentar las larvas, hacer la jalea real, mantener limpia la colmena, mantener una temperatura constante en invierno y en verano dentro de la colmena. El número de abejas obreras en una colmena es variable, dependiendo de la época del año, en invierno suele ser de 20.000 habitantes y en verano entre 40.000 y 60.000. La longevidad de las obreras también es muy diferente dependiendo de la actividad, en la invernal oscila entre 100 y 120 días y en verano entre 30 y 40 días. Los primeros días de su vida, su labor es de nodrizas, después de limpiadoras, más tarde segregan cera para fabricar los panales y su última etapa la dedican a recoger el néctar y polen de las flores y a almacenarlos en la colmena. 

Los zánganos son los machos de la colonia, su misión única y exclusivamente es la de fecundar a la reina; nacen en primavera y en otoño son desalojados de la colmena, muriendo con los primeros fríos. Durante el periodo de actividad apícola conviven algún ciento de zánganos con el resto de las abejas, es como una reserva por si la reina muriese y fuera necesario fecundar a una nueva reina. Comparándolos con las obreras y reina son inconfundibles, su morfología es totalmente diferente, son de mayores dimensiones, son más peludos y el abdomen carece de aguijón. 

 

El enjambrazón 

El enjambrazón De una forma sencilla, se puede afirmar que con la llegada de la primavera y con el aumento de la flora melífera, se despierta en las colmenas el proceso de enjambrazón. El resultado de este complejo mecanismo, en el que se combinan una serie de impulsos e instintos, es la salida desde la colonia madre de un determinado número de abejas, entre 10.000 y 15.000, acompañadas de la reina y un puñado de zánganos, la reina es la antigua, la que estaba en la colmena madre y que antes de partir ha dejado una realera en la que está a punto de nacer una nueva reina.

La nueva enjambre, sobrevolará en busca de un nuevo aposento que puede ser un tronco hueco de árbol, una colmena vacía, una cornisa, la grieta de un campanario o cualquier oquedad imaginable. La formación y salida de un enjambre es, por tanto, el mecanismo natural por el que se reproducen las colonias de abejas contribuyendo de esta forma a la perpetuación de la especie.

 

Los productos que nos proporcionan las abejas 

La miel es el producto número uno, por excelencia de los múltiples que producen las abejas, de valor culinario excelente, teniendo cualidades innumerables que aportan bienestar a quien la consume. Es una sustancia dulce producida por las abejas, elaborada a partir del néctar de las flores. El color de la miel es muy variado, desde el ámbar clarito hasta el oscuro casi negro. Hay muchos tipos de miel dependiendo de las flores que haya en la zona, las más comunes son: de azahar, de romero, de acacia, de bosque, de espliego, de tomillo, de cantueso, de encina, de mil flores, de roble, de salvia, de girasol, de algodón, de eucalipto, etc. En El Burgo de Osma, las mieles son de espliego, cantueso, bosque y tomillo. Para producir un kilo de miel, una abeja obrera deberá hacer 50.000 vuelos a otras tantas flores. 

Elaboración y venta de productos La cera es un producto que la abeja produce a través de unas glándulas y a una determinada edad durante unos pocos días, la utilizan para construir los panales y en sus alvéolos, que son perfectamente hexagonales, almacenan la valiosa miel y el polen; también sirven de cuna para hacer la puesta la abeja madre. La cera pura sólo la fabrican las abejas, existiendo gran cantidad de productos sucedáneos. La cera ha tenido una gran importancia para la fabricación de velas, hoy se utiliza para cosméticos de alta gama y pinturas de calidad. Una colonia de abejas, para producir un kilo de cera necesita ingerir 10 kilos de miel. 

El polen, que tiene un alto valor alimenticio, es un polvillo minúsculo que sirve para la fecundación de las flores, se encuentra en las antenas de los estambres y las abejas lo recogen para alimentarse. Lo que atrae a las abejas es el néctar que hay en la corola de las flores. Al chupar el néctar la abeja sacude los estambres y queda cubierta de polen. Una parte del polen cae sobre el estigma de la flor y provoca la fecundación del ovario, es lo que llamamos la polinización, factor imprescindible para que la flor se convierta en fruto. Las abejas recogen el polen de flor en flor, haciendo unas pequeñas bolas del polvillo antes mencionado, prensado en los cestillos de sus patas; a veces se ve llegar a la colmena las abejas exhaustas por el gran peso, dos o tres veces el de su cuerpo, luego depositan el polen en las celdillas y reanudan la marcha. 

El propóleo, que se utiliza en medicina por ser un poderoso cicatrizante, es una sustancia resinosa y amarga que las abejas obtienen de las yemas primaverales de diversas plantas y que utilizan para tapar las hendiduras de las colmenas, para reforzar las celdas, para embalsamar algún animal que se haya introducido en el habitáculo y esté muerto así como para redondear aristas de la construcción.

 

La Santa Hermandad de Colmeneros 

Durante los siglos XII y XIII, en las tierras de Castilla, comienzan a constituirse asociaciones de vecinos de diversas poblaciones, que se unían para fines de interés común; por lo general para la defensa del orden público, la persecución y castigo de los malhechores y hacer frente a los abusos de la nobleza. 

La Santa Hermandad de Colmeneros fue creada en el reinado de Alfonso VIII con el objeto de asegurar el cuidado de las colmenas y demás ganado de los vecinos de estas poblaciones. En el año 1300 se autorizó a sus integrantes a perseguir bandoleros. Y, en 1312, fue reconocida como una institución permanente y autorizada por el Papa, lo que llevó a la Hermandad a adoptar el calificativo de Santa. Estaba dirigida por tres alcaldes o jueces, a cuyas órdenes estaba un destacamento de guardas rurales armados con espadas y ballestas, se denominaban por ello cuadrillos (cuadrillo es el nombre que recibían las flechas de las ballestas). 

La misión de estos guardas era la de perseguir a los delincuentes, a los que una vez capturados, ejecutaban en el monte, dictando sentencia después de ello los alcaldes o jueces; este modo de actuar hizo que los cuadrillos fuera una fuerza muy temida por los ladrones y bandoleros, pero también que gozara entre los ciudadanos honrados de una bien ganada fama de arbitrarios y de ser gente con pocos escrúpulos, lo que llevó a su progresiva degradación y a la consiguiente pérdida de apoyo social.

La Hermandad de Colmeneros formaba parte del Honrado Concejo de la Mesta, instituido por Alfonso X, en 1273, que tanta influencia tuvo en los reinos de España durante 500 años.


 

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