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   ARÉVACOS - Nº 40   
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EL RETABLO DE LAS RELIQUIAS
DE LA CATEDRAL DE EL BURGO DE OSMA

por Antonio Palomar Niño

 

La palabra retablo, proviene del latín “retro tabula”, es decir que se encuentra detrás de la mesa del altar. El retablo constituye un género de la arquitectura y diseño en madera. Antepuesto al muro donde solía estar el altar, su estructura está organizada en calles (donde se colocan las hornacinas) y en cuerpos o pisos (estratos horizontales). Representa una síntesis de arte, devoción y tradición. 

En la construcción de un retablo, intervenían un gran número de personas de diversos oficios. La primera actuación consistía en conseguir la madera adecuada. Secarla y curarla. 

Siguiendo las instrucciones del arquitecto trazador, los carpinteros construían la estructura general del retablo uniéndola con una sustancia fabricada con huesos y cartílagos cocidos, para que tallistas y escultores elaborasen de relieves y esculturas. Seguidamente el maestro pintor con sus ayudantes, repasaba las tallas, sellaba las juntas y las fortalecía con colas fabricadas con otra cocción de pieles de cabra y de conejo. Se enyesaba y pulían las zonas que iban a ser doradas, hasta conseguir una superficie perfecta, por último se doraba, estofaba y se encarnaban las esculturas, así como se pintaban las distintas escenas. 

Las reliquias que contiene en retablo, son partes que quedan de un cuerpo o de los ropajes de las personas que la iglesia incluye en la categoría de bienaventurados, una vez han fallecido. 

El Concilio de Trento, en su sesión 25º, del 3-4 de diciembre de 1563, mandó “a todos los Obispos, y demás personas que tienen el cargo y obligación de enseñar, que instruyan con exactitud a los fieles ante todas cosas, sobre la intercesión e invocación de los santos, honor de las reliquias….”, ya que, se consideraban a las reliquias como talismanes con virtudes mágicas. 

El paso del tiempo, además de ensuciar superficialmente, se encarga de dar valor a la obra y también de activar a los insectos que atacan la madera.

 

EL RETABLO DE LAS RELIQUIAS 

De estilo neoclásico, se comenzó a construir a finales de 1785, siendo obispo de la diócesis D. Antonio Calderón, encargado por el cabildo la realización de un “armario para guardar reliquias”. Elaboró la traza Miguel Ortega, bajo la dirección del maestro arquitecto Luis Bernasconi, finalizando en 1787, habiendo ya fallecido Calderón, sucediéndole Joaquín Eleta. 

Retablo de las reliquias, en la Capilla del Tesoro Fue el maestro Manuel Cabrerizo quien doró el retablo por 5.200 reales. Tiene unas medidas de 420 centímetros de alto, 340 de ancho y 112 de profundidad. Toda la mazonería se encuentra dorada, muy unitaria, integrada perfectamente con la imaginería. Además del dorado, presenta policromía en rojo en los fondos. El sotabanco es de obra reciente y apoya directamente la predela (parte baja) y resto del cuerpo. Tiene siete calles y un solo piso y está coronado por un ático semicircular que encaja perfectamente en la bóveda de la capilla. Tiene 36 casas con puerta acristalada, que sirven para alojar las diferentes reliquias. 

En 1970 se colocó en la capilla de San Ildefonso, siendo trasladado tras su restauración a la Capilla del Tesoro, su ubicación original. De las publicaciones existentes, Vicente Núñez Marqués, en su guía de la S. I. Catedral, hace una selección de las reliquias, y nos dice que varias son debidas al Conde de Miranda, embajador en Roma por el año 1595, y nombra algunas reliquias encerradas en caprichosos y valiosos relicarios como, por ejemplo, la cabeza de San Pedro en un medio cuerpo de plata con capa fluvial y mitra que es del mismo metal, adornadas con perlas, un camafeo, dos rubíes y otras piedra preciosas costeadas por el Obispo Montoya. Un Lignum crucis, en custodia de plata, que lo dio el Sr. Tello Sandoval. Un hueso de San Pedro de Osma, en caja de cristal, que se daba a besar a los fieles en la noche del 1º de agosto. Un pomito de cristal con la sangre del Cristo del Milagro. Un viril de plata que contiene las reliquias de Santo Domingo de Guzmán, etc. A raíz de la restauración han aparecido numerosas piezas, donadas por obispos en los últimos dos siglos. 

 

LA RESTAURACIÓN 

Lo que se suele buscar al restaurar un retablo es garantizar la seguridad estructural del muro, los ensamblajes de la madera y el apoyo. Este trabajo requiere de varios especialistas que dominen las técnicas necesarias para limpiar las figuras talladas en madera y reconstruir las estructuras carcomidas por las temibles polillas, trabajo que, sin duda alguna, requiere de toda una santa paciencia. Se ha realizado mediante un convenio firmado entre la Diócesis de Osma-Soria y la Fundación Cristóbal Gabarrón. 

Momentos de la restauración La Fundación Cristóbal Gabarrón tiene en su sede de Valladolid, una Escuela Superior de Conservación y Restauración de bienes culturales. Una parte de los alumnos de dicha escuela son los que han trabajado en la restauración., bajo la dirección de Inmaculada Medina. Se ha desmontado el retablo, que estaba situado en una de las capillas de la Catedral, la de San Ildefonso, (la tercera de las adyacentes a la nave izquierda), y una vez concluidos todos los tratamientos se ha montado en la capilla del Tesoro que era su ubicación original. 

Los tratamientos que se han efectuado en este retablo han sido: Desmontaje de todas las reliquias; desmontaje completo del retablo; catalogación y numeración de todas las reliquias y todas las piezas del retablo; limpieza superficial de sustratos de polvo; sentado del oro; desinfección del soporte atacado por insectos xilófagos; encolado de piezas; reintegración volumétrica del soporte en las zonas donde estaba perdido, o muy deteriorado; limpieza del oro; reposición de pequeños orificios en el soporte con resina exposi; reposición de pequeñas lagunas de la capa de preparación; reintegración del oro, en pequeñas lagunas, ubicadas sobre todo en el banco; montaje del retablo en la capilla del Tesoro; reubicación de los relicarios con sus reliquias y protección final de todas las piezas. 

El resultado final es la recuperación de un retablo singular, con una mejora en su visualización, y que, aportará nuevas noticias del estudio a realizar de algunas de las reliquias encontradas y ahora catalogadas, e indudablemente viene a sumar valor en el rico patrimonio histórico de nuestra Catedral.

 

Bibliografía 

–Jesús Alonso Romero.
–Vicente NúñezMarqués. 
–Juan Bautista Loperráez Corbalán. 
–Archivo Catedralicio.

 

 

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