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Y se cerraban las yerbas con la tierra
sobre el cuerpo del hombre, y lo cubrían
como un beso aprendido lentamente
o esa última palabra que se esparce
ablandando rostros y semillas.
Y un viento desnudo dormitaba,
y la tarde, dolor hecho de tiempo, se entreabría,
y sonaban los bronces y se turbaba el agua,
y surgían andantes las estatuas
sedientas de lágrimas y sendas;
y en cuanto estas cosas y otras sucedían
las alas inertes contemplaban
la total consumación del hundimiento.
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