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ALEMANIA.

Aunque la imprenta nació aquí, durante el siglo XVI Italia llevó la primacía en el mundo del libro. En 1517, la lucha iniciada por Lutero contra la iglesia de Roma ayuda a afianzar el gusto por la lectura. Se ha dicho que la rápida victoria de la Reforma tuvo como condición la invención de la imprenta.

Libro 3El humanismo había puesto de moda el latín, el griego y el hebreo, llevándose a cabo exhaustivos trabajos filológicos sobre las Sagradas Escrituras y los Padres de la Iglesia. Unos de los ejemplos más sobresalientes en esta labor lo desempeñó el agustino Erasmo de Rotterdam. Siguiendo a Sócrates, Erasmo pensaba que el conocimiento llevaba a la virtud, y para luchar contra la ignorancia, causa de tantos males, era preciso volver a las fuentes de la moralidad y espiritualidad: las Sagradas Escrituras, los clásicos y los Padres de la Iglesia. Hizo ediciones de clásicos griegos y latinos, preparó obras de San Jerónimo, San Agustín y otros padres de la Iglesia, escribió obras propias y editó el Nuevo Testamento con textos griegos y latinos para explicar por qué disentía de la Vulgata, aceptada por la Iglesia, en algunos pasajes. Aunque trabajaba por la perfección de la Iglesia, sus obras terminaron siendo incluidas en el índice de libros prohibidos.

En el norte de Alemania, el monje Lutero denunciaba las corrupciones del papado y la preocupación de la Iglesia por los asuntos temporales y no por acercar al hombre a Dios. Postulaba que la fuente de la verdad estaba en las Sagradas Escrituras y el hombre podía llegar a ella por su lectura personal, sin el magisterio de la Iglesia. Desde Wittenberg, las ediciones de las obras de Lutero y de su traducción de la Biblia se multiplicaron y despertaron el interés por la lectura en amplias zonas de la población, ocasionando una democratización del libro. Era una literatura pobre, pues su misión era la propaganda del mensaje. En contrapartida, el ataque a la literatura católica provocó la destrucción de muchos libros ya existentes; se destruyeron manuscritos monásticos y muchos incunables.

Otras ciudades también fueron centro del libro alemán como Estrasburgo, Habsburgo o Fráncfort, donde tenemos que apuntar la importancia que alcanzaba la venta del libro en su feria.


FRANCIA.

Francia comienza en el siglo XVI a consolidar su puesto hegemónico como país productor de libros y de excelente calidad. El libro se moderniza con la introducción de bellos tipos romanos e itálicos diseñados por Robert Granjon o Claude Garamond. Editores filólogos famosos que trabajaron en la corrección de sus obran fueron José Bade, que publicó más de 500 obras, o la familia Estienne, que en sus once versiones del nuevo Testamento empezaron a dividir el texto en capítulos y versículos.

Lyon continúa siendo principal centro comercial. La encuadernación de lujo destaca en Francia porque la corte y la nobleza se interesan en la bibliofilia. Surge la encuadernación «a la fanfare», con entrelazados que forman compartimentos ovales o circulares donde se colocan florones de laurel y en el centro el escudo de la persona.

La estrecha vigilancia de la Iglesia no dejaba tiempo para la tranquilidad. Algunos editores huyeron a Ginebra y otras ciudades, pero otros no tuvieron tanta suerte y pagaron con su vida ante tan fuerte intolerancia religiosa.


PAÍSES BAJOS.

Los Países Bajos eran en el XVI una provincia española dividida en un sur tradicional, acomodado y feudal, y en un norte marinero, pobre y dinámico en donde prende la llama protestante. Carlos V mata a los impresores de ejemplares protestantes y se empiezan a especializar en la cartografía.

Destaca la figura del francés, asentado en la importante ciudad de Amberes, Cristóbal Plantino. En cuarenta años como impresor produjo más de mil seiscientas obras, predominando las de alta cultura. Imprimió obras científicas, de lingüística, jurídicas, matemáticas, clásicas y libros litúrgicos que exhibían su marca editorial, una mano con un compás y su lema «labore et constantia» (con trabajo y constancia).

Plantino tenía el proyecto de una gran biblia políglota, que superara a la de Alcalá de Henares, publicada en España unos años antes, para lo cual consiguió la simpatía y el apoyo de Felipe II que terminará nombrándolo, en 1570, prototipógrafo del rey o encargado de los negocios de la impresión en los Países Bajos. Era la Biblia Regia, una de las obras más importantes de la historia del libro. Felipe II le otorgó, además, el privilegio de imprimir breviarios y libros de rezos para todo el imperio español, evitando con esto que la imprenta en España se desarrollara.


ESPAÑA.

El siglo XVI conoció la necesidad de una búsqueda correcta del texto de las Sagradas Escrituras de la versión latina de la Vulgata. El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, el más grande mecenas que ha tenido el libro español en toda su historia, la hizo realidad.

libro 4Confesor de la reina Isabel, cardenal de la sede toledana, inquisidor general y regente del reino, Cisneros concibió una universidad orientada a los estudios teológicos en la pequeña ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto) que fue el instrumento para llevar a cabo la Biblia Políglota Complutense. Allí pudo disponer de especialistas con conocimientos profundos en latín, griego y hebreo. Elio Antonio de Nebrija, autor español más editado y vendido en este período, también colaboró al principio, pero desistió al querer ceñirse a los textos griegos, hebreos y caldeos sin respetar la Vulgata de San Jerónimo. Probablemente fue él quien le recomendó al impresor francés Arnao Guillén de Brocar que en 1510 empezó a instalar su taller en Alcalá y a crear los tipos que iba a emplear. La obra fue impresa en 1517, pero no se publicó hasta 1520 porque el papa León X no se decidía ante los graves problemas religiosos del siglo.

Pese a la grandeza de la Biblia Políglota Complutense, la industria del libro en España quedó anquilosada en su aspecto material y temático. Seguían con la letra gótica, el formato grande y el papel malo. En el contexto industrial europeo España era un país periférico, con un bajo nivel cultural, poca vida urbana por la falta de industria y con pocos centros docentes y universitarios. Existe por tanto una falta de industria del libro. La importación de libros de algunas imprentas europeas hicieron evolucionar los producidos aquí hacia tipos romanos y formatos más pequeños. Son de destacar las imprentas monacales y las de las ciudades universitarias de Alcalá, Salamanca y Sevilla con la familia Cromberger.


EL LIBRO EN AMERICA

Los mayas, habitantes primero de la actual Guatemala y luego del Yucatán, descubrieron el sistema de escritura más importante de la América prehispánica. Sólo parcialmente descifrada, tenía carácter principalmente religioso y era en realidad jeroglífica. En México, los aztecas poseían una escritura que derivaba de la maya pero con mayor desarrollo fonético.

Los españoles desplazados a América en la conquista llevaban libros de diversión, religiosos y prácticos para la administración del territorio. Luego, en Sevilla, la familia Cromberger creaba libros para mandarlos a América y, a instancias del obispo de México, envió al primer impresor de América, el lombardo Juan Pablos.

Nuestro próximo capítulo se adentrará en el siglo XVII de nuestra Historia del Libro.




 

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