Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

faraonEste era el panorama de la Religión en la época antigua, pero aún aparecieron otros dioses llegados de Oriente: Bel, asimilado a Seth, Astarté, la siria, Rescheph, el dios de la fuerza, Kadesch, etc. Sin embargo, lo que caracterizó el Imperio Nuevo fue la preponderancia que adquirió Amón de Tebas, con el nombre de Amón Ra, apelación legitima en su fondo, pues Ra y Amón, bajo dos nombres diferentes y en dos regiones rivales, significaban el mismo ser supremo, creador de todas las cosas. En el Imperio Nuevo, Tebas, residencia real, fue la primera ciudad de Egipto, y Amón el primer dios.

El valle entero proclamó su grandeza, que fue la del faraón mismo. El poeta que cantó las empresas asiáticas de Tutmés III atribuía su gloria a Amón Ra.

«Heme aquí; yo te doy poder para que aplastes a los príncipes de Fenicia; yo los arrojo para que hollen tus pies a través de sus dominios. Yo les hago ver tu majestad rodeada de luz, mientras brillas delante de ellos como imagen mía.»

Ramsés II invocó al dios Amón como a un padre en los momentos de peligro en Kadesch, y cuando regresó a Tebas victorioso, le ofreció los prisioneros y el botín de sus campañas. A él está dedicado el templo de Karnak no lejos de Luxor. Pero un día el Sol se eclipsó. Había llegado a ser tan grande la influencia del sumo sacerdote de Amón, que su sombra llegaba a oscurecer al mismo faraón. Amenofis IV abandonó Tebas con toda su corte y fundó en el Egipto Medio una nueva capital llamada hoy Tell el Amarna. Amón quedó destronado, se borró su nombre en todos los monumentos y en su lugar reinó como dios único el disco solar Arón. El rey mismo cambió el nombre y se llamó Iknatón o luz de Atón».

Pero muerto él, los sacerdotes reconquistaron rápidamente el poder, la corte volvió a Tebas y Amón recuperó su lugar cumbre y se mantuvo en él hasta el día en que los predicadores de la «buena nueva», los primeros monjes cristianos, anunciaron al pueblo las grandezas del verdadero Dios.

Las estatuas de los reyes llevaban emblemas divinos; no obstante, el faraón, en vida, no recibió culto oficial. Sólo después de su muerte le consagraban un templo, donde se le rendía culto funerario, porque la divinidad de los faraones no era un punto esencial de la religión egipcia.

(Continúa en el próximo número)




 

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