Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Con motivo de los actos celebrados en relación con el "Día de las Fuerzas Armadas" en este primer semestre de 1999, con gran repercusión en San Fernando y en otras capitales de zonas Marítimas, se publicó en "Diario de Cádiz" un artículo mío, que tengo la satisfacción de reproducir hoy en la Revista Literaria "Arena y Cal".

Nuestra Constitución, en su artículo 8, sintetiza la misión encomendada a la Milicia y precisa: "Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional".

Ya el finado estadista Cánovas del Castillo afirmaba: "Como instrumento del Estado, la Milicia es la primera, la más alta y la más noble para mantener la independencia nacional y la integridad del territorio, para defender el orden público y las instituciones sociales". También decía el insigne dramaturgo José de Echegaray: "El ejército representa el Honor, la Patria y el Sacrificio".

Y el finado militar e ilustre isleño, don Benito Cellier Buitrago, cuya larga vida la consagró enteramente al servicio de la Patria, por la que murieron heroicamente dos de sus hijos, se expresó en los siguientes términos: "De la misma manera que el torero confiadamente se presenta en el circo esperanzado en el triunfo, mediante la observación de las reglas de su peligroso arte y por ellas tiene la seguridad de lucimiento, así el militar con la subordinación, con la instrucción, con la constancia y con la disciplina, poniendo toda su atención en la exactitud, en la precisión y en la uniformidad, recabando cuantos medios de voluntad, de interés, de sacrificio y de abnegación estén a su alcance, obtendrá la confianza que da la superioridad y por ella la seguridad de la victoria, que logrará, desde luego, por muchos y fuertes que los enemigos sean".

El inolvidable don José María Pemán, refiriéndose a la constancia como cualidad indispensable en todos los hombres, escribió esta bonita estrofa:

No hay virtud más eminente
que el hacer, sencillamente,
lo que debemos hacer...»

Como demostración de moral y de compañerismo en los Ejércitos, el tratadista Mayoral y Zaldívar cuenta el siguiente ejemplo en el que se refunden el desinterés, la abnegación y el sacrificio:

-Martínez -advierten a un soldado-, que viene el cabo para ponerte de centinela en el cordón más avanzado.
-Si no me toca a mí, si allí está el extremeño García -replica.
-Sí, pero lo han retirado helado.
-Entonces, allá voy...

Los que integran las Fuerzas Armadas cultivan la constancia y el valor, que son fuentes del espíritu militar; porque, andando el tiempo, el hombre de oro, el de plata y el de hierro -de que habla Platón-, simbolizando los tres elementos de artes, leyes y guerras que integran la vida de las sociedades, llegarán a ser un solo hombre, un alma justa, un alma idealista y un alma enérgica, que deben anidar, simultáneamente, en todos aquellos que han abrazado la profesión de las Armas.

Concretamente, en la Marina de Guerra, la virtud de la constancia adquiere su más alta significación a lo largo de esos días de mar, con tiempo bonancible o tempestuoso, en los que se pone a prueba el sentido del deber y de la responsabilidad, que alcanzan cotas que a veces rozan lo heroico; pero que en el hombre de mar responden a una vida que él ha emprendido por su propia voluntad, en un permanente servicio a las instituciones y a la Patria.






 

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