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El verbo aliterar aún no está admitido por la Real Academia de la Lengua, sin embargo están aceptados otros términos que podrían entenderse derivados de aquél, como son aliteración y aliterado.

La aliteración, etimológicamente, consistiría en la repetición de una letra o un grupo de letras en palabras próximas para producir un mismo efecto sonoro, con una clara intención expresiva. No obstante, el término aliteración debe ampliarse a la reiteración de sonidos iguales. En la lengua castellana la aliteración tiene muchas combinaciones, así hay consonantes como la v y la b la ll y la y que son homófonas y otras como la g con la j (Juan Ramón Jiménez utilizaba la j para decir entre otras palabras gitano) y la k con la c o con la q que, según los casos, puede ser homófona o no. También la h al ser muda, salvo cuando forma la letra ch, puede combinarse con otras letras sin necesidad de repetirla para crear una aliteración (ejemplo: «habla el avaro del amor al dinero»).

El sonido repetido es lo que llamamos sonido aliterado.

El deseo expresivo, es decir la idea de exteriorizar lo que uno piensa, quiere o siente, aparte de la musicalidad del sonido, es lo que le va a distinguir de la cacofonía, que consiste en la repetición de sonidos desagradables.

En la poesía española, a diferencia de la poesía germánica o inglesa, no se ha utilizado con frecuencia este recurso. A pesar de ello, hay grandes escritores que lo han utilizado, como por ejemplo Rubén Darío «ya se oyen los claros clarines», Juan Ramón Jiménez, «chillería de chiquillos», o el poema de Juanito Caminador, de Raúl González Tuñón, o en Jardín Cerrado, de Emilio Prados, en el que se repiten palabras enteras o sus terminaciones.

Una de las posibles causas de la poca utilización de este recurso por la lengua española, aparte del miedo a la cacofonía, podría ser la orientación de la poesía española desde el modernismo a beber en la fuente de la poesía francesa, sobre todo de los parnasianos, despreciando el estudio de la inglesa. El idioma inglés, tanto por su difícil pronunciación como por su construcción y raíz sajona y no latina, ha sido durante muchos años una traba adicional para acercarse a su poesía.

La mayor utilización de la aliteración en la poesía inglesa y germánica ha sido favorecida por la especial cadencia de ambos idiomas y su tendencia a acentuarse en las primeras sílabas, a diferencia de la acentuación española fundamentalmente aguda o grave.

Una de las grandes poetisas de habla inglesa, la americana Emily Dickinson, que en vida apenas publicó poemas, empleó reiteradamente la aliteración para dar a sus versos un mayor tono visual o fónico-visual. Así, citándola: «Herself to her a music / as bumble bee of June», vemos que el sonido en inglés de las palabras bumble bee (abejorro) marca la musicalidad y visión de estos versos.

Es curioso que, a pesar de las desventajas descritas de la poesía española, musicalmente y para las letras de las composiciones, las aliteraciones tienen muchas posibilidades, sólo bastaría recordar el estribillo de la canción ganadora del festival de Eurovisión hace dos años interpretada por Dana Internacional.

Por esa musicalidad, y porque la aliteración puede hasta servir como un método de escribir los poemas en verso libre con un ritmo novedoso, es por lo que me decidí a escribir mi libro «Sobre aliteradas alas», invitando a todo el mundo a aliterar.




 

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