Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

En Agosto se cierra un resumen, o una puerta, o una fábrica. Se termina con urgencia lo que se estaba haciendo, lo cual es igual a nunca terminarlo. Se da el portazo a la oficina y se arranca el coche para llegar a la caravana.

A uno le da respeto el síncope de Agosto, esa concertación social por escribir el último artículo de la temporada o dejar cerrado un listado de compraventas por si el Armageddon hubiese puesto precio a nuestra cabeza. Las cosas/vacaciones, tan estabuladas, tan socialmente refrendadas, tienen la gris apariencia de las diásporas forzosas, las fiestas obligadas, los banquetes de compromiso que sólo se degluten a base de alcohol y olvido.

A uno le parece, entonces, que Agosto tiene mucho de alcohol y olvido; un olvido obligadísimo y multitudinario, una masa de ciudadanía abocada a esa huida con minúsculas que son unas vacaciones por motivos empresariales y cuasi nacionales. Y da pena. Y da pavor que el gentío «veranee» a mogollón, traslade la ciudad a la playa y al hotel y allí consiga el logro de encontrarse con la vecindad de escalera o el Jefe de Personal de la Industria.

En Agosto se cierra un extracto o un rol o una media temporada. El trabajo se ralentiza para dar derecho a los trabajadores a comerse una paella de chiringo y torrarse la espalda al sol vertical. Pero Agosto, ya, nace con una etiqueta histérica en su día uno; es un mes de los nervios que vacía los cuarteles de invierno y desplaza a sus ocupantes en monstruosa procesión hacia el levante (Es un decir). Se queda el barrio calmo y desierto, con una extraña sensación de vacío humano, con un silencio especial de puertas cerradas e inodoros callados. Se queda el barrio con Agosto sobre los tejados; y es como si alguien hubiera anunciado un cataclismo o una plaga.

En Agosto, uno se va a Madrid a ver caer el sol desde la Cava Alta. No hay problemas de aparcamiento y hasta los suicidas del Viaducto se han ido a la playa a compartir el tiempo con las medusas. Agosto es un mes ideal para los que trabajan, pero es un mes febril para los que se disputan el marisco a la plancha o el café del chiringuito. A uno le parece que en Agosto se obliga a «veranear» al populacho, tan costumbrista y profesional, para formar parte de la multitud que se va de vacaciones o se va al fútbol. Hay mucho sadismo vacacional, en fin, en el mes de Agosto.





 

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