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La GaleonaEn el numero 40 de Arena y Cal, correspondiente al mes de agosto de 1998, traté del patronazgo de la Virgen del Carmen sobre los navegantes, así como de sus antecedentes. En este citaré algunas advocaciones marianas o Santos bajo cuyo patrocinio estaban acogidos los hombres de mar antes de la proclamación oficial del patronazgo de la Virgen del Carmen en el año 1901. 

Así, en la época medieval, San Nicolás de Bari fue protector de los marinos. El padre Labat, dominico francés, cita la popularidad que alcanzó en cierta época entre los navegantes Nuestra Señora del Buen Viaje, que se veneraba en una ermita situada en el islote de San Sebastián, homónima de otras dos, titular la una de la capilla del Colegio de Mareantes de San Telmo en Sevilla -en la catedral de Tuy reposan las reliquias de San Pedro González de Frómista, más conocido por san Telmo-, y la otra con advocación, además, del Buen Aire, en el convento de Padres Capuchinos de Sanlúcar de Barrameda. En El Puerto de Santa María existió una cofradía de mareantes dedicada a San Telmo, que en el siglo XVI fue generalmente adoptado como Patrón de los náuticos. Este santo fue protector de los gremios de barqueros. En Chiclana y Jerez de la Frontera aún se conservan capillas dedicadas a San Telmo.

Pero la advocación mariana protectora de los marinos que duró más tiempo -hasta la proclamación patronal de la Virgen del Carmen- fue la del Rosario, que en su imagen denominada La Galeona fue, durante un largo tiempo, llamada Patrona de la carrera de Indias. Esta imagen se venera en el convento de Santo Domingo, de Cádiz, y fue Patrona de las flotas de galeones que, partiendo de la ciudad de Hércules, ponían en comunicación las islas y la tierra firme de allende los mares con la metrópolis, realizando lo que entonces se llamaba la carrera de Indias. Cádiz y Veracruz fueron los puertos de origen y término de la travesía por espacio de más de siglo y medio y aquí nació el patronato de la Virgen del Rosario sobre la flota de galeones de la mencionada carrera. Puede decirse que el vínculo de unión entre la metrópoli y sus colonias era una gran carrera triunfal de la Virgen del Rosario en dos etapas: una, de Cádiz a Méjico por Veracruz, y otra, de Méjico a Manila por Acapulco. Protectora de las dos ciudades, término y punto de partida de la carrera de Indias, la Virgen del Rosario lo fue también de los que entonces hacían tan larga y penosa travesía.

Podemos, pues, asentir el patronato de Nuestra Señora del Rosario sobre las dos flotas nacionales de entonces la Marina de Guerra, cuyo gran puerto fue el de Santa María, fondeadero de las galeras reales desde los primeros tiempos de la Reconquista, asiento de la jurisdicción eclesiástica concedida a la Armada por el Papa del Rosario, Pío V, y punto de reunión de tantos grandes empresas, y la flota de galeones, que, como cité más arriba, ponía en comunicación la metrópoli con las Españas de otros lados del mar, llevando allá nuestra cultura y trayendo en retorno las fabulosas riquezas de aquellos virreinatos, teniendo en Cádiz su punto de partida. Los datos de este antiguo patronato constan en el archivo del Consulado de Indias y Casa de Contratación de Cádiz, que fueron traslados al archivo de Indias de Sevilla.

La devoción al rosario se extiende en Andalucía a finales del siglo XV y continúa en el siguiente con gran intensidad. A mediados del siglo XVI, tanto en Cádiz como en El Puerto de Santa María, era cosa popular y corriente a devoción al rosario, en la que es muy posible tuviesen influencia las colonias de genoveses y flamencos, tan numerosas en ambas poblaciones.

El ser El Puerto de Santa María fondeadero de las galeras reales originó una afluencia de aventureros y galeones extraordinaria, y existiendo una precaria beneficencia pública en aquella época, la ciudad ofrecía un lastimoso estado con los enfermos abandonados muriendo por las calles.

El sacerdote don Diego de Ojeda fundó en 1512 un hospital donde se atendiese a los forzados, cuya capilla fue elevada a la categoría de basílica lateranense por Breve de León X en 1514.

Fue precisamente en este hospital y capilla donde nació el patronato de la Virgen del Rosario sobre la flota de galeones. No se conoce la fecha exacta de la iniciación de este patronato; pero, aparte de lo expuesto, conviene tener en cuenta que el Consulado y la Casa de Contratación de Indias fueron fundados en Sevilla. El traslado de ambos a Cádiz se efectuó en el año 1719, a propuesta del Almirante don Andrés de Pec, ya que Cádiz era entonces el único puerto habilitado para el comercio con las Indias. Desde fines del siglo XVI ya salían de Cádiz de modo regular las flotas de galeones.

Hay datos que confirman el patronato de la Virgen del Rosario sobre el tercio de galeones y de la carrera de Indias. Por ejemplo, la imagen venerada en el convento de Santo Domingo de Manila nos lleva a deducir que el patronato ha nacido por extensión de la devoción profesada a cada una de las imágenes protectoras de la ciudad donde se iniciaban y concluían aquellas navegaciones, y, por otra parte, que existía algún vínculo por el que los navegantes se consideraban ligados al título del Rosario. En esto pudo influir el recuerdo de la batalla de Lepanto.

Al ser la Virgen del Rosario Patrona de las flotas de galeones, indudablemente lo era de las comunicaciones regulares entre la metrópoli y sus posesiones ultramarinas.

Los oficiales y tripulaciones de las galeras reales construyeron, hacia 1564, una Cofradía protegida por el comendador don Luis de Requeséns. Se tituló de la Piedad y de la Caridad, y fue confirmada por el Papa San Pío V quien, a petición del Generalísimo dc la Santa Liga, don Juan de Austria, concedió no solamente la confirmación de lo ya hecho, sino que lo amplió con la facultad singularísima de investir al capellán de la Hermandad con la prerrogativa de ser el Ordinario de la Armada, siempre que se fundasen cuatro hospitales, a lo menos, para forzados, que se intitulasen de la Santa Liga, como consta en el Breve de dicho Pontífice de 19 de marzo de 1569.

Como El Puerto de Santa María era el fondeadero de invernada de las galeras reales y en él existía un hospital de forzados, la Cofradía comenzó el ejercicio de su piadosa misión fundiéndose con el hospital lateranense ya indicado, el que hubo de ampliarse considerablemente, inaugurándose entre tanto la hospitalidad en una caja aneja a la ermita de Santa Lucía, donde, siglos más tarde, también se instalaron las Capuchinas e intentaron erigir un hospicio los Trinitarios Descalzos.

Nombrado capellán mayor de la Armada el Inquisidor don Jerónimo Manrique, y confirmado de hecho por nueva bula del Papa San Pío V, de 27 de enero de 1570, aún hubo de tardar bastante la terminación de las obras de los nuevos hospital y capilla, que inauguró en 1613 el capitán general del mar océano don Manuel Filiberto de Saboya, quien no pudo, sin embargo, establecer definitivamente los enfermos en éste, continuando en el de Santa Lucía hasta 1630, en que se trasladaron a él de un modo definitivo.

Sostenían el culto los galeotes, a quienes se mermaba su mísera ración de bizcocho para este fin, restándoseles también una parte de las presas que las galeras reales hacían. El hecho de haber donado don Juan de Austria a la Cofradía una efigie de Nuestra Señora del Rosario, a quien se atribuyó la gran victoria de Lepanto, determinó el patronato de esta advocación sobre la flota de galeras, pues siendo el asiento de la jurisdicción privativa de la Armada la basílica lateranense de El Puerto de Santa María, donde se veneraba como protectora de la Cofradía de la Piedad y Caridad la imagen del Rosario, ésta quedó tácitamente constituida como Patrona de las galeras reales.

Por espacio de mucho tiempo se denominó en España al primer domingo de octubre la fiesta de la Batalla Naval.

Abandonado más tarde el hospital por la resistencia de los galeotes a seguir contribuyendo al levantamiento de sus cargas, se pensó, en la segunda mitad del siglo XVI, restablece en él un hospital de mujeres, que se llamó de la Providencia, y cerrado definitivamente en 1819 por no tener razón de ser, dado que la pena de galeras estaba abolida desde principios del siglo, se trasladó la imagen a San Fernando, donde estuvo en el Arsenal de La Carraca nueve años -1840 a 1849- pasando después a la capilla del Panteón de Marinos Ilustres, donde permaneció durante muchos años. En este templo existe una lápida cuya inscripción es la siguiente:

El Colegio Naval Militar inauguró esta capilla en noviembre de 1854. La Imagen de Nuestra Señora del Rosario que, como Patrona del establecimiento, se venera en ella es también llamada de la Victoria por ser la que llevó en su mano el Generalísimo D. Juan de Austria cuando en 1571 venció a los turcos en Lepanto.

Actualmente la imagen de La Galeona que llevó D. Juan de Austria en la batalla de Lepanto se haya en el Viso del Marqués (Ciudad Real), en la capilla del viejo palacio del que fue ferviente católico y mariano don Álvaro de Bazán, figura destacadísima en aquella histórica contienda.

El medio más viable y seguro de unión de España con sus colonias de Ultramar fue en aquellos tiempos, dados los frecuentes saqueos por buques corsarios de otras naciones que infestaban los mares, el de organizar caravanas de viajeros y comerciantes que, embarcados en varios buques artillados, hiciesen el viaje reunidos, ayudándose y defendiéndose durante él en cuanto las circunstancias lo permitían. Así la flota de galeones, que comenzó siendo un hecho, terminó siendo una institución oficial.

Las flotas de Indias salen de Cádiz, si no exclusivamente, sí con enorme frecuencia desde fines del siglo XVI. Aún no había empezado a cristalizar el patronato de la Virgen del Rosario sobre Cádiz, cuando ya las flotas de Indias habían atraído a ella un enjambre de comerciantes genoveses y flamencos. Ya a fines del siglo XVII la Virgen del Rosario era Patrona de Cádiz, porque en Cádiz residían los capitanes que formaban la dotación de los galeones de la flota dc Indias. Fue también protectora de esta carrera, de esta arteria -tanto comercial como militar- de nuestra organización de entonces. Son datos confirmatorios de este patronazgo las inscripciones de las bocas de los entierros en los dos campos de bóvedas adquiridos en la iglesia de Santo Domingo por cl tercio de galeones para sepultura de los suyos y en los que instituyó la capilla de la flota, adornada con soberbios azulejos planos con las armas reales. Esas inscripciones indican que las sepulturas se adquirieron en 1699, dieciocho años antes de que Felipe V ordenase el traslado de la Casa de Contratación y Consulado. Por consiguiente, en aquellas fechas era un hecho el patronato de Nuestra Señora dcl Rosario sobre la carrera de Indias.

Viviendo en Cádiz la mayoría de los que formaban el tercio de galeones, era natural que escogiesen a la Virgen del Rosario por su Patrona. De ella solicitaban protección en sus peligrosas singladuras y le traían exvotos como acción de gracias por haber regresado incólumes. En una disposición de la Providencia que determinados favores estén vinculados a una imagen determinada, convicción que se va consolidando con los beneficios obtenidos. En esta situación sólo falta un hecho que al presentarse actualiza lo que ya existía en potencia, concretándolo en alguna práctica que sólo necesita el reconocimiento oficial para dar paso al patronato jurídico. El estado jurídico, pues, se imponía, y al efecto el Tribunal del Consulado declaró Patrona de las Indias a la Virgen dcl Rosario, concediéndole grados y honores de Almirante.

El culto a la Virgen del Rosario fue muy popular y estuvo muy extendido en Cádiz desde fines del siglo XVI. Los cargadores de Indias no quedaron, ciertamente, exceptuados de la devoción general. El tercio de galeones escogió para el enterramiento de sus miembros el subsuelo de la capilla a la Virgen del Rosario. Aquélla, como dije antes, estaba decorada con azulejos planos, en los que campeaban las armas de España, y ocupaban las dos últimas crujías de la nave menor del lado del Evangelio. Allí se veneraba la imagen de la Virgen del Rosario, llamada de los galeones por hacer la carrera de Indias. Sobre aquellos enterramientos campeaba esta sencilla inscripción: Esta capilla y bóveda es del tercio de galeones. Año de 1699.

Existe un documento del año 1667 que dice:

Don Diego Centeno Ordóñez, caballero de la Orden de Santiago, vecino de Cádiz, en nombre de don Gaspar Manuel dc Velasco, Gobernador del Tercio de la Armada Real de la Guardia de Indias, y del Capitán Pedro Navarro, mayordomo de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen se embarcaba en dicha Real Armada, adquirió del convento de Santo Domingo de esta ciudad dos capillas para el culto de las imágenes de Nuestra Señora que iban en las flotas y galeones de América. Establecieron que todas las veces que se embarcase o desembarcase la imagen, la comunidad habría de asistir en procesión hasta la playa. Los almirantes que mandaban las flotas y galeones navegaban bajo el amparo de la Virgen.

Con anterioridad a 1700, o sea mucho antes de que el Consulado de Indias y la Casa de Contratación hubiesen sido trasladados de Sevilla a Cádiz, ya aparece la Virgen dcl Rosario como protectora dc la carrera de Indias, como indica el hecho de la capilla dedicada a la Virgen y el de embarcar la imagen en un buque que era capitana de la flota. Este buque, además de la hornacina destinada a la imagen en la cámara de popa, tenía reservada una cámara particular que, al no ser ocupada, se reservaba a algún pasajero importante, habiendo con mucha frecuencia disputa para conseguirla.

La descripción de la ceremonia del embarque de la imagen la hace el padre Labat por el año 1704, o sea, bastante antes del establecimiento del consulado en Cádiz:

El día destinado al embarque, el gobernador, los corregidores, las corporaciones y las cofradías con sus cofrades se dirigían al convento dominicano donde el gobernador de los galeones, con sus oficiales de mayor categoría y todos los capitanes están presentes. La guarnición estaba formada en dos filas desde la Iglesia al lugar del embarque. Se cantaba una Misa solemne y, una vez terminada, el Prior del convento entregaba la imagen al Almirante de la Flota, quien hacía juramento de devolverla. Entonces todas las cofradías desfilaban en sus lugares señalados. Los padres dominicos iban al final y cuatro de ellos portaban la imagen en una magnífica parihuela. El Almirante, espada en mano, marchaba al lado de la imagen, apoyando su izquierda sobre la parihuela. De esta manera, y cantando himnos, se la conducía a la chalupa que debía llevarla al navío almirante. La artillería, tanto de la ciudad como la de galeones, hacía tres salvas saludando a la Virgen, una al salir de la iglesia, la segunda al entrar en la chalupa y la última al subir a bordo del navío. Las mujeres de Cádiz acompañaban a la imagen durante su conducción a la chalupa, como asimismo la esperaban en el lugar de su desembarco al regreso de América. Entonces, con las mismas ceremonias, regresaba al convento, trayendo regalos y ofrendas recibidos durante la navegación y que solían ser de bastante valor.

Posteriormente acompañaban a la imagen sacerdotes de la parroquia del Sagrario y, para darle mayor solemnidad a la procesión, asistía a la conducción de La Galeona al bajel, y a su retorno a la iglesia de Santo Domingo, el Cabildo Catedral, que celebraba solemne función de gracias al día siguiente, concurriendo también el Tribunal del Consulado a dicho acto. De esta forma se continuó celebrando hasta que, en el siglo XIX desapareció, juntamente con la flota de Indias, quedando la imagen de La Galeona casi en el olvido.

Tanto la solemnidad en el traslado de las imágenes a la flota como la fundación de memorias en su capilla son indicio de la aceptación del patronato de la Virgen del Rosario sobre los galeones. Ambas cosas las había realizado el Consulado a pesar de tener éste, que radicaba en Sevilla, por Patrona a la Inmaculada Concepción. El primer extremo consta en las actas del Cabildo Catedral que, agradecido a las importantes cantidades que el Consulado donó para la obra de la catedral nueva -que se inauguró en 1831-, acordó con fecha 17 de febrero de 1773 acudir en forma de cuerpo con cruz alzada a las procesiones de despedida y recepción de la Virgen y cantar, al día siguiente del arribo, una misa solemne de acción de gracias por la llegada de los caudales -según concuerda con la descripción del padre Labat-. Lo segundo consta por el registro de misas cantadas que por fundación debía celebrar anualmente la comunidad de la Orden de Predicadores de Cádiz, con una nota que decía: En los días de los Misterios de la Virgen, como son Encarnación, Visitación, Asunción, Natividad, Presentación y Concepción, se debe cantar una misa en el altar del Sagrario y encender ocho velas en él y en el de la Flota, y el día de Nuestra Señora del Rosario.

Por esta nota se comprueba la devoción del Consulado a la Virgen del Rosario, a quien como Patrona de hecho honra con carácter de perpetuidad en su fiesta titular y principales misterios.

En el altar de la capilla de los galeones estaba entonces el Sagrario de la iglesia, siendo el de la Flota el otro comprendido en el ámbito de la misma capilla, donde posteriormente se veneró un cuadro del Rosario.

En el referido registro de misas se dice: Día de Dolores, marzo de 1777. Una cantada por el Ilmo. Sr. Obispo Fr. Tomás del Valle, «et post ejus mortem.» responso solemne en la iglesia. Fray Tomás del Valle, que fue nombrado obispo de Cádiz en mayo de 1731, falleció en dicha ciudad el 19 de febrero de 1776. Por consiguiente, poco antes de esa fecha es muy probable tuviese lugar la fundación de las misas del Consulado. Durante la permanencia del citado obispo en su cargo se fundaron los hospitales de Nuestra Señora del Carmen, de Cádiz, y de San José, de San Fernando.

A continuación de las dos notas referentes a las misas del Consulado que se copiaron antes, y escrito por la misma mano que aquéllas, que es diferente de la que escribió el registro, se dice: La misa del Sr. Obispo tiene desde este año 77 responsos en lo iglesia. De lo que se deduce que hacia esa fecha se verificó la antedicha fundación, que es un claro extremo de la preexistencia y aun de la extensión del patronato de la Virgen del Rosario sobre la carrera de Indias durante los siglos XVII y XVIII.

Hay un tercer dato, que es la proclamación solemne y oficial del patronato hecha por el Consulado, concediendo a la imagen del Rosario honores y empleo de Almirante de la Flota de los galeones.

Existía en el convento de Santo Domingo, de Cádiz, un grabado muy interesante. De carácter simbólico, unía las dos ideas del triunfo de Lepanto y de la carrera de Indias, dándoles al propio tiempo una significación mística. En la parte superior puede verse un galeón, sobre el cual la Virgen del Rosario, rodeada de resplandores, recuerda su protección, mientras que en la parte inferior se representa el combate de Lepanto, destacando la nave capitana, en que aparecen la Virgen del Rosario y el Cristo de Lepanto. La alegoría se mezcla a la historia, y el sentido del grabado sería difícil de comprender a quien no conozca los antecedentes tradicionales, pero la leyenda que entre atributos marítimos figura en el lado izquierdo da un sentido indiscutible al curioso grabado, ya que en ella se dice: Copia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, capitana, Patrona y protectora de las flotas de España. Es un trabajo del siglo XVIII de mérito, que refleja el sentir del pueblo en aquella época. Ese grabado es otra prueba indiscutible de la relación que tuvo en aquellos tiempos Nuestra Señora del Rosario con la Armada española.

La devoción al rosario se inició en liturgia con el nombre de las victorias, a causa del triunfo obtenido por la Armada de la Santa Liga contra los turcos en el golfo de Lepanto, atribuida por rogativas hechas en Roma a Nuestra Señora del Rosario a instancias de Pío V. Para celebrar la terminación de la batalla de Lepanto la Iglesia instituyó la fiesta del Rosario y añadió a la letanía el auxilium cristianorum.

Un indicio de la solemnidad con que se despedía al galeón que bacía la carrera de Acapulco consta en el Directorio que, para gobierno de los priores del convento de Santo Domingo de Manila, escribió el historiador Peguero en 1687, que dice.

Novenario de la ciudad. Todos los años, después de salido el galeón para Nueva España, hace la ciudad un solemne novenario a Nuestra Señora del Rosario en su capilla, asistiendo a ella todos los días en cuerpo de ciudad a la misa mayor. El Gobernador asiste personalmente el día primero y el último y algunos días más durante el novenario, pero lo ordinario es asistir el primero y el último.

Estas y otras prácticas solemnes continuaron con esplendor cada vez mayor basta la salida del ultimo galeón en 1815, concluyendo en dicho año la carrera de Acapulco.

En Cádiz había dos imágenes casi idénticas con el título de Galeona. Una se hallaba en la iglesia conventual de Santo Domingo y otra en una hornacina situada en la sacristía de la misma iglesia. Las das hacían la carrera de Indias, generalmente dos veces por año. Pero no sólo existían dos imágenes. Es de suponer que cada galeón llevaba una.

De las dos de Cádiz, la de la iglesia es muy antigua y perfecta, pudiendo muy bien ser contemporánea del establecimiento de la práctica del embarque; la de la sacristía es posterior. Estas imágenes constituían un verdadero monumento del pasado de Cádiz y quizá una de ellas presidiera las legiones de apóstoles que pródigamente envió España a Filipinas y China.

En el incendio del convento, de 11 de mayo de 1931, quedó totalmente destruida la imagen que se hallaba en la sacristía. La de la iglesia sólo conservó la cabeza. El cuerpo quedó convertido en un tizón del tamaño aproximado a la mitad de ella. Se supuso que el resto de la imagen, así como el Niño, habían sido presa de las llamas. Al cabo de unos trece años, y cuando por el reputado escultor gaditano don Juan Luis Vassallo Parodi se restauraba la imagen, se recibió en la portería del convento un paquete que contenía el Niño de La Galeona. No pudo saberse el nombre de la persona que tuvo escondido al Niño durante esos años. Con las datos y fotografías existentes se pudo restaurar la imagen, embutiendo en la nueva talla el tizón con la cabeza original de la imagen, adosándole el Niño recién encontrado. Esto se puede comprobar, ya que la actual imagen, que se halla a la izquierda del Altar Mayor, tiene una puertecilla que, al abrirse, deja al descubierto el tizón dentro de la oquedad revestida de oro de la imagen.

El convento de Santo Domingo sufrió varías quemas. Además del citado 1 de mayo de 1931, hubo el 16 de febrero de 1936: en los primeras momentos de Movimiento Nacional, antes de su implantación en Cádiz, y anteriormente se recuerda otro durante la primera República.

En cuanto a la capilla del Tercio de galeones y a las bóvedas de los enterramientos, hoy día están ocultos en virtud de las obras de restauración del templo destrozado par las citadas quemas. Su emplazamiento estaba al fondo de la nave izquierda, mirando al altar mayor.

En el convento de los padres dominicos de Granada existe una imagen de la Virgen del Rosario bajo la advocación de la Virgen de la batalla de Lepanto, que fue coronada en 15 de mayo de 1961. Al acto de la coronación se llevó desde Cádiz, en el Martín Alonso Pinzón, la imagen de La Galeona gaditana, desembarcando en Motril y siendo trasladada a Granada en helicóptero y tomando tierra en los jardines del Triunfo de aquella capital.

Por Orden de la Presidencia del Gobierno de 4 de octubre de 1949 se dispone se rindan a la sagrada imagen de la Virgen del Rosario de Cádiz los honores militares máximos, vista la acendrada devoción que el pueblo gaditano profesa desde tiempo inmemorial a la Santísima Virgen del Rosario, Patrona de la ciudad de Cádiz y también de hecho de la Flota y Tercio de galeones durante los siglos XVI y XVII.

Aún existen en muchas dependencias de Marina imágenes de la Virgen del Rosario, recuerdo de los tiempos en que fue protectora de la Armada; así -valgan como ejemplos-, en la capilla del Sagrario del Panteón de Marinos Ilustres existe una pequeña talla de La Galeona; en el altar mayor de la iglesia del Arsenal de La Carraca se venera en la actualidad una magnífica imagen de la Virgen del Rosario.







 

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