Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

FARAON 2Para los egipcios, el hombre era un compuesto de cuerpo, alma y otro elemento que ellos llamaban ka, el doble. A éste se le concebía como una especie de genio invisible que acompañaba a cada persona, que nacía con ella, pero le sobrevivía después de la muerte. Los egipcios creían en la otra vida y, por consiguiente, en la supervivencia de una parte esencial del hombre. Caldea, Asiria, Grecia, pueden ufanarse también de sus templos; mas esas tumbas gigantescas, las pirámides, son únicas en el mundo y exclusivas del valle del Nilo; las cavidades abiertas en la roca a 20 y 25 m de profundidad, como en Saqqarah, hipogeos tallados en la montaña, que penetran hasta 200 m, como en Tebas, y momias tan bien preparadas, que se han conservado durante 4.000 años son obras de excepcional magnitud. Esfuerzo tan gigantesco sólo tiene una explicación y es la creencia obsesionante en la vida de ultratumba. Los textos de las pirámides son muy expresivos y nos describen al faraón triunfando con los dioses.

El Libro de los Muertos traduce aún mejor esta universal creencia. Este era tan útil en la otra vida que cada creyente quería llevarlo consigo a la tumba. Su contenido era una colección de instrucciones para que el alma supiera orientarse en el otro mundo y salvar todos los obstáculos por medio de encantamientos, plegarias y recitaciones de fórmulas ante los dioses y los genios custodios de las moradas subterráneas. En él se enseñaba la manera de procurarse una barca para atravesar los canales y los senderos hasta el campo de la felicidad, llevando el plano de los pasajes más difíciles y el retrato de los enemigos.

Las mastabas de la VI dinastía contienen amenazas contra los violadores de la mansión sagrada del difunto. Si un hombre entra en esta tumba para robar como un ave de rapiña, será juzgado por el dios grande, señor de Amenti, en el lugar de la justicia. Inmediatamente después, el difunto comienza su propio panegírico, como si estuviera compareciendo ante el juez: Yo no he mentido ante el tribunal, yo no he pronunciado juramento en falso, etc.

En una época remota, el Más Allá era la tumba misma. En ella vivía el cuerpo, el espíritu, el alma, el doble, comiendo y bebiendo de las ofrendas que le habían dejado los piadosos supervivientes. Más tarde se creyó que los muertos iban a reunirse ante Osiris y formaban un reino semejante a la sociedad terrestre, y sólo en último lugar apareció la obligación de comparecer ante el tribunal de Osiris.

En el juicio, éste se hallaba sentado en su trono, asistido de 42 jueces. Delante de él había una balanza, en uno de cuyos platillos se hallaba una hoja erecta que simbolizaba la justicia y en el otro se colocaba el corazón. Thot, el secretario de los dioses, anotaba el resultado de esta pesada. En un ángulo, un monstruo esperaba para ejecutar la sentencia. El difunto asistía a la escena, no como espectador indiferente, sino con derecho a hablar y a proclamar su inocencia, y entonces tenia lugar la llamada confesión negativa, es decir, la defensa.

Cuando el faraón, perfumado y preparado su cuerpo momificado, había sido depositado en su última morada, numerosos laberintos y barreras cerraban para siempre su salida al mundo exterior. Mas, para las ofrendas del pan, de la cerveza y de las víctimas era necesario un templo. En el Imperio Antiguo se le encuentra adherido a la faz occidental de la pirámide, comunicando con el valle por un largo corredor.

En los mausoleos de los señores, las «mastabas», la momia reposaba en una cavidad profunda ricamente adornada. Encima se levantaba el templo, que comprendía varias salas, con paredes revestidas de finos relieves. En el Imperio Nuevo, en Tebas, los faraones, en vez de pirámides, mandaron labrar sus tumbas en la roca viva de las montañas, verdaderos palacios subterráneos, y se aseguraron un servicio religioso por medio de fundaciones análogas a las de los templos.

(Continúa en el próximo número)




 

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