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Iglesia1Una de las muchas ventajas de los conciertos que se celebran en la Iglesia Mayor es la de poder entrar en contacto con otras personas ajenos a nuestra Isla y constatar las opiniones e ideas que tienen de nosotros y de nuestras cosas, encontrándonos en repetidas ocasiones con un concepto más alto del que generalmente creemos. Así pude escuchar a un conocido cofrade jerezano la cantidad de tesoros desconocidos que encierran algunas de nuestras parroquias. Pocos días después, y aprovechando su estancia entre nosotros, visitamos la Iglesia Mayor.

Nada más entrar, por su parte izquierda, topamos con una pila de las que se depositaba agua bendita, realizada en mármol blanco y que fue la pila bautismal de la Iglesia de Santa María o del Castillo; está bastante deteriorada y bien que merece su restauración. Continuando por la nave lateral izquierda nos detuvimos ante un impresionante crucificado, el Cristo de la Buena Muerte, obra de Alfonso Berraquero realizada en poliéster y que procesiona como cruz de guía con la Hermandad de «Mater Amábilis». Sobre éste cuelga un cuadro, de factura antigua, que representa a la Virgen del Socorro.

cristoLa primera capilla que nos encontramos está ocupada por la Hermandad de la columna; esta cofradía fue fundada el 16 de abril de 1893 y son sus titulares, Jesús atado a la columna y la Virgen de las Lágrimas, ambos obra del escultor valenciano y hermano protector de la hermandad Vicente Tena.

En la segunda se encuentra el altar, procedente de los talleres de Guzmán Bejarano, del popular Cristo de Medinaceli, titular de la hermandad del mismo nombre y fundada en 1945; la imagen representa a Cristo cautivo y coronado de espinas, obra de José Romero, escultor sevillano alumno de Castillo Lastrucci. La talla de la Virgen en su advocación de María Santísima de la Trinidad es obra del escultor sevillano Luis Álvarez Duarte.

El siguiente tramo de la iglesia lo ocupa un retablo dedicado a la Inmaculada, preciosa talla escultórica procedente de la iglesia del Castillo y que antes de la reforma de 1959 se encontraba situada en el Altar Mayor. La acompañan dos jesuitas: San Juan de Dios y San Cayetano, y en la parte baja San Ramón Nonato. A esta imagen, en los años 20, le rendía culto la Congregación de María Inmaculada y San Luis Gonzaga, conocida como «los luises». En el ático se encuentra una talla de San Antonio Abad con un cerdito, que es a quien originalmente le estaba dedicado este retablo.

Avanzando por dicha nave nos encontramos con un magnífico retablo de estilo renacentista, diseñado y labrado por Miguel Monfort, y entronizada en él una talla de la Virgen de los Dolores; esta es una imagen de vestir de procedencia genovesa con las manos unidas y en actitud de profundo dolor, tiene pelo natural y posiblemente sea una de las de mayor valor de las que se conservan en el templo. A ella rinde culto la V.O.T. de Servitas que, establecida en la parroquia el 19 de marzo de 1759, pasa a ocupar su capilla en agosto de 1768. Con el tiempo se pierde, pero en 1972 se organiza la hermandad de «Mater Amábilis» y en 1978 se refunda en la Isla con la orden de Servitas que se hace cargo de la hermandad. En el retablo se encuentran colocadas otras dos imágenes más pequeñas: Santa Juliana de Falconieri y San Felipe Benicio, santos fundadores de la orden de los Servitas.

Ocupando los testeros del crucero se encuentran los retablos de mayor valor y que forman pareja (particularmente son los que más me gustan), el de la izquierda está dedicado a San Miguel Arcángel y el de la derecha a la Virgen del Rosario; ambas imágenes, que proceden de la iglesia del Castillo, pertenecen a la escuela barroca italiana del siglo XVII, son de cuerpo completo en madera estofada y policromada, Los retablos, que son posteriores, están realizados en madera dorada y se mandaron hacer en 1775. El ático del primero lo ocupa el cordero místico y el segundo la Anunciación; entre los santos franciscanos que los completan destaca, en el retablo del Rosario, un San Antonio de la misma época. Sobre este santo existe la costumbre de depositarles oraciones y/o rogativas escritas en un papel y luego «pagarle su favores» con monedas de curso legal. Actualmente existen los proyectos y deseos de la restauración de ambos retablos.

La nave izquierda termina en la capilla del Sagrario, inaugurada el 31 de mayo de 1917. Es de estilo gótico moderno y pintada en color corinto y oro, con una imagen del Corazón de Jesús.

El altar mayor está compuesto por una vidriera representando a Jesús con sus apóstoles en la barca, en pasaje evangélico de la tempestad calmada. Bajo ésta, un crucificado, obra de Cosme Velázquez, y los patronos de la Parroquia, San Pedro y San Pablo.

La imagen de San Pablo es muy antigua y valiosa, pero la de San Pedro se mandó hacer aprovechando la cabeza y las manos de otra imagen de este santo que llevaba un gallo y que salía con la Hermandad del Señor atado a la columna.

Regresando por la nave de la derecha, y tras pasar el retablo del Rosario ya descrito, nos encontramos un retablo dedicado a San José con el niño, imagen de autor desconocido del siglo XVII y que está reconocido desde el 19 de octubre de 1800 como patrono de la Isla. Flanqueándolo se encuentran las imágenes de los patronos San Servando y San Germán, que en opinión del escultor Antonio Bey podrían ser de la Roldana.

El siguiente altar está dedicado a la Virgen de la Soledad, hermosa imagen del siglo XVII de estilo barroco y que ha sido restaurada por Alfonso Berraquero; procede de la capilla de la Salud y está realizada en madera policromada, tiene, además, una escultura de Cristo yacente y las de San Joaquín y Santa Ana.

Virgen de la TrinidadTras pasar ante el Altar de la Virgen de la Trinidad, nos encontramos con la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, siendo esta primera una de las imágenes que despierta más devoción en San Fernando, escultura del siglo XVII de autor desconocido y procedencia italiana. Tiene pelo natural y lo original es solo la cara y las manos; el resto del cuerpo fue restaurado por Luis Álvarez Duarte. Esta capilla fue adquirida por la hermandad el 18 de septiembre de 1768, por la cantidad de 500 ducados de vellón; constituía la propiedad tanto la capilla formada por dos paredes como por la bóveda correspondiente para poder enterrar en ella a sus cofrades, como era costumbre en esa época.

Se termina el recorrido con el Baptisterio, cuya bóveda fue decorada en 1959 por Luis Cano, que pintó al fresco los cuatro evangelistas.

La Iglesia Mayor es poseedora de una rica orfebrería de cálices, copones, ostentorios, aguamaniles, campanillas, etc. de diferentes materiales y estilos; entre sus piezas destacaré un viril de oro y piedras preciosas, una magnífica cruz procesional en plata y la custodia mayor, que parece ser se encontró en poder de un soldado francés prisionero en la batalla de Bailén; y entre sus reliquias las de San Inocencio y un «lignun crucis».

Esperemos que todas estas riquezas, desconocida por muchos isleños, puedan ser mostrada a todos en la ruta de los monumentos diseñada por la Fundación de Cultura.





 

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