Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 1999 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Como ya saben quienes leen esta sección de la Arena y Cal, aquí me dedico a pensar. Pensar es descubrir posibilidades en la realidad. Es ver lo real desde lo irreal, considerar lo que es (aquí y ahora) desde múltiples perspectivas tales como lo que fue, lo que pudo ser, lo que debió ser... lo que será, lo que podrá ser, lo que deberá ser... lo que no es, lo que podría haber sido, lo que debe ser... Pensar es alejarse de lo que viene dado, de los hechos.

Pensar... Se supone que pensar es lo que nos define como especie. Los chimpancés no piensan. Tampoco los ordenadores. Sólo nosotros. ¿Por qué? ¿Cómo?

Es alejarse para luego retornar. Destrozamos la visión natural y espontánea de las cosas. Nos alejamos para poder ver lo que las cosas pueden, pudieron o podrán dar de sí. El mundo está hecho de un modo, pero nosotros pensamos el mundo para transformarlo a nuestro modo. El mundo puede darnos cosas que aún no da. El mundo se define, desde la óptica humana, como riqueza no explotada, como fecundidad no fecundada. El mundo es, para el pensamiento, mucho más de lo que parece.

Eso busco: hallar en lo real, en los sucesos cotidianos, significados. Pensar es dar sentido a la vida a través de la lógica de los conceptos. Pero sobre todo es crear misterios insospechados que quizás no podamos resolver a través de esta dación de sentido en que concluye el pensamiento.

El pensamiento no se limita a darse cuenta de que hay más misterios de los que parece. Su vocación última, la que da sentido a su inquietud es tomar conciencia de que podemos generar una plusvalía en la realidad a través del trabajo. La actividad más característica del pensamiento es, sin duda, la creación efectiva de nuevas realidades: automóviles, medicamentos, policías, palabras, iglesias, erotismo... en definitiva lo que se conoce como cultura (en el sentido más amplio posible de la palabra).

Antes pensaba que la filosofía se completa en la capacidad del pensamiento para reflexionar sobre sí mismo y que esto es lo que separa al hombre del mono. Pero ahora no lo creo. Supongo que antes me dejé engatusar por la filosofía de Ortega y Gasset, de quien aprendí que el hombre, por ser libre frente a las inclinaciones del instinto, necesita la guía del pensamiento. Según él somos seres pensantes porque estamos profundamente desorientados acerca de cómo ha de vivirse la vida. No sabemos qué somos («no tenemos naturaleza...»), pero necesitamos una identidad («...sino historia»). Sartre iba por el mismo derrotero y decía que somos pura indeterminación, libertad sin contenidos, angustia ante la nada de nuestro no-ser-algo-determinado. Por eso, especialmente, aunque no solamente, el hombre se obliga a pensar.

Pero no. La diferencia es mucho más cotidiana. Ahora pienso que el pensamiento, en tanto que rasgo diferencial del hombre, consiste en hallar un plan de acción con el que optimizar la realidad respecto a nuestros deseos, intereses y necesidades. Optimizarla a través del trabajo.

Fíjense en la vida rural. Los cochinos son capados, las simientes sembradas y cuidadas, los frutos almacenados, la carne se cura para que dure todo el año... eso es ser humano.

Ser hombre es sobrevivir a la selección natural. Es negar los imperativos del medio ambiente. Ser hombre es, en definitiva, sobrevivir más y mejor. En vez de adaptarnos al medio, lo transformamos de acuerdo a nuestras necesidades. Ser hombre es traer la montaña a Mahoma.

Estas averiguaciones recientes han hecho que cambie mis actitudes y mis objetivos en tanto que pensador. Ahora quiero ir más allá del teclado. Quiero crear realidad. No me basta con pensar desde la fría e inerte página de la revista. No me conformo con escribir. Llegó el momento de convertir la silenciosa energía literaria en realidades extramentales.

No es pensador quien piensa sino quien usa el pensamiento para algo. No es escritor quien escribe sino quien vive y no puede callarse lo que sabe. No es mi función reflexionar. No, de momento. Ahora toca aplicar lo sabido y avanzar.

Volviendo a Ortega y Gasset, sería un odioso círculo sin fin pensar que el hombre piensa para tener una identidad y que esta identidad consiste en la capacidad de pensar. De este modo no llegamos a ninguna parte. Pero los hombres sí que llegan a algo. Asómese a la calle y véalo con sus propios ojos. Esa identidad alcanzada no es de naturaleza reflexiva sino real.

La vida exterior a mi pensamiento me reclama. Ahora me dispongo a hacer, a la acción. Tengo algunas ideas provisionales sobre algunos temas importantes. Fin. Ahora toca evolucionar más allá del teclado del ordenador, ahí fuera, donde los conceptos son más necesarios. Llegó la hora de incorporarse a filas: en mi caso eso significa dar clases de filosofía en un instituto e intervenir en la vida política de mi ciudad. Lo de antes, el puro reflexionar solitario, no era auténtica vida.





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep